País

El archivo de memoria audiovisual que propone ponerle rostro a la violencia en la protesta social

Por: César Tudela / Publicado: 05.11.2019
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El Proyecto A.M.A., Archivo de Memoria Audiovisual, es un trabajo periodístico independiente que mediante videos y narraciones en primera persona, busca poner voz y rostro a los protagonistas de los diversos videos de violencia civil, policial y militar que se han conocido en las últimas semanas ocurridas durante la protesta social desatada en todo el territorio nacional.

¿Cuántas escenas de violencia te llegaron vía redes sociales en estos últimos días? Esta es la pregunta que se hizo un grupo de profesionales para formar el Archivo de Memoria Audiovisual.

El también denominado Proyecto A.M.A., surge por la necesidad de archivar los relatos que serán parte de la memoria de nuestro futuro y que han surgido en torno a las manifestaciones y protestas desarrolladas en todo el país desde el pasado 18 de octubre. Antes estos hechos, periodistas, fotógrafos, audiovisualistas y estudiantes se han comprometido a investigar y recolectar la mayor cantidad de casos reales con el objetivo de ir creando un mapa de la violencia que se ha denunciado durante la crisis social más importante del país en los últimos 30 años.

“Proyecto A.M.A. nace luego de observar las primeras imágenes cargadas de violencia, viralizadas en redes sociales. Un archivo del horror en medio del caos social. Ordenar ese material y darle otra vida fue el deseo compartido de quienes sentimos la necesidad urgente de generar un archivo de memoria. Buscar la historia detrás de los videos. Escuchar a las víctimas y geolocalizar los espacios de violencia”, profundiza Claudio Pizarro, periodista fundador del proyecto.

Una de las particularidades y parte fundamental de este trabajo de investigación es la realización de una cartografía que permita a las distintas personas que accedan al proyecto, localizar los lugares exactos en que se han cometido actos de violencia, tanto civil como policial y militar que se han surgido durante el denominado octubre rojo chileno. Con esto, Proyecto A.M.A. generará un archivo territorial que será determinante a futuro para la revisión histórica de los hechos que han ocurrido en el país, y también testimonial, ya que el relato será apoyado con los distintos videos que han podido ser grabados, logrando una narración en primera persona que busca poner voz y rostro a los protagonistas de dichos registros.

Tal es el caso de Alejandro Muñoz, de 36 años, gásfiter que además se desempeña como figurín de la banda Anarkía Tropikal, quien el miércoles 23 de octubre, alrededor de las 14.30, fue impactado por una bomba lacrimógena en su rostro, cuya consecuencia fue lamentablemente categórica: pérdida total del ojo izquierdo. “Estaba protestando por la desigualdad, por la injusticia en este país”, dice el joven que, tras el accidente, también se encuentra cesante y con una deuda por hospitalización que podría ascender a los 19 millones de pesos. Otros de los seis casos que el proyecto ya ha recopilado y publicado en su web (aún en desarrollo) es el de Miriam Abello, trasplantada del corazón y amputada de una pierna, quien en silla de ruedas recibió dos balines en su cuerpo, o la historia de Juan Coro, el trabajador asesinado por un comerciante que lo confundió con un saqueador, historia que es contada en la voz de la testigo Isabel Neculpán.

Otra de las historias es la de Valentina Miranda, de 19 años y vocera de la Cones, que fue detenida al interior de un edificio. Su relato, titulado “La vocera perseguida”, lo compartimos a continuación:

Vivo en la población Santa Adriana de Lo Espejo, una de las comunas más vulnerables de Chile. Todos los días debo sumergirme en esa vulnerabilidad: salir de mi casa y ver cómo los traficantes se toman las poblaciones; cómo ocupan a los niños de soldados para vender drogas; cómo las abuelas se ganan la vida en la calle porque las pensiones no les alcanzan para vivir dignamente; cómo mi papá -cuando tenía trabajo, porque lo despidieron- se iba todos los días a las 6 de la mañana y volvía a las 9 de la noche para poder sacarnos adelante a mí y a mi hermana.

Viendo todo eso, me molesta que aquellos que se hacen pasar por nuestros representantes nos dejen de lado y se llenen los bolsillos mientras nosotros aguantamos con unos míseros pesos este sistema, que todos los días nos precariza la vida.

Mi mamá nunca me dejó ir a un colegio público de Lo Espejo. Yo solo estudié en mi comuna cuando estuve en el jardín. Después emigré a una escuela en Pedro Aguirre Cerda y luego estudié en el Liceo 1. Tienes que migrar o no puedes salir de dónde estás. Yo iba al colegio para olvidarme de los problemas. Pero llegaba a la escuela, que se supone que es una segunda casa donde te tienen que proteger, y resulta que nadie te ayuda. Los profes te dicen: “Tienes que dar las pruebas igual no más, porque tienes que salir de aquí” o “si no estudiái, es porque erís flojo”.

En esta sociedad individualista, las personas creen que el “yo, yo, yo” soluciona todo.

En 2016 y 2017 tuve que desertar porque me dio una depre cuando mis viejos se separaron. Fue muy duro tratar de enfrentar una enfermedad que de repente te invalida para hacer ciertas cosas. Por ejemplo, no podía hacer educación física ni andar en el metro, porque me desmayaba. Empecé a ir al consultorio y me atendían dos veces al mes, porque estaba con una depresión muy fuerte.

Nunca tuve la plata para atenderme de manera particular. Este año recién pude hacerme los exámenes que me pidieron hace dos años atrás por mi anemia crónica. Una endoscopía me salía 50 lucas que no teníamos, y que lamentablemente servían para alimentarnos durante el mes. Aparte, cuando mi vieja se fue de la casa, mi papá se quedó solo y encalillado, porque tenía un préstamo en la Caja, uno en el Banco, y debía terminar de pagar el dividendo.

Fue por idealismo que yo entré a la Jota en 2014. Mi familia es comunista: mi abuela fue dirigente territorial de la Santa Adriana en la dictadura y mi mamá fue trece años presidenta sindical. Más que seguir un ciclo familiar, una cuando va creciendo decide para dónde irse y para dónde no.

Actualmente estoy en cuarto medio en el Liceo 7 de Santiago y soy vocera nacional de la Cones (Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios) pero, más allá de la vocería y la responsabilidad que conlleva dirigir un movimiento estudiantil, lo que me motivó a movilizarme estos días fueron las injusticias sociales.

En medio de las movilizaciones, viví tres hechos consecutivos de violencia en una semana: el viernes (18) en Plaza Ñuñoa me llegó una lacrimógena en el hombro izquierdo; el día sábado me llegó un perdigón en la nuca en otra manifestación; y el martes, mientras estábamos en un caceroleo, Carabineros entró al edificio donde me estaba quedando, nos agarró del pelo, nos golpeó, nos hizo caer por una escalera y, cuando llegamos afuera, me tiraron gas pimienta en la cara. Harta gente vio lo que nos hacían. Vecinos de los mismos departamentos.

Me acuerdo que un paco le gritaba a otro: “Agarra a la pendeja, hay que sacar a la pendeja”.

Si desean apoyar con la recolección de historias y testimonios, pueden escribir al mail ama18.10.19@gmail.com, además de seguir las cuentas de esta iniciativa en Twitter e Instagram.

 

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