Opinión

Los pequeños Piñera

Por: Hillary Hiner / Publicado: 09.11.2019
Foto: Agencia Uno
Lo que se tiende a eludir es como los “buenos” hombres, los “nuestros”, aquellos que van a las marchas y que manifiestan su apoyo más irrestricto a la democracia y la voluntad del pueblo, también esconden su pequeño “Pinochet” o “Piñera” adentro. En el fondo, son profundamente machistas, racistas y homofóbicos pero lo maquillan bien, pasan “piola”. No obstante, permiten que estos atropellos ocurran y que la impunidad siga reinando. Hablan de igualdad, pero en el trabajo potencian sólo a hombres “gente-como-uno” y en la casa su mujer se tiene que encargar de todo. Hablan de libertad, pero se ríen de los “maricones” y están en contra del aborto libre.

Un académico que trabaja los movimientos sociales que manda mensajes obscenos y misóginos por redes.

Un investigador que estudia los derechos humanos que acosa laboralmente a las mujeres de su proyecto de investigación.

Un premio nacional que recibió tal galardón por sus trabajos sobre el pueblo que apoya acosadores y duda públicamente de mujeres denunciantes.

Un profesor que trabaja nación que no acepta la autoridad femenina y gritonea a su jefa directa.

Un rector que habla de democracia y no dialoga con nadie, menos las feministas, dentro de su propia universidad.

¿Qué tienen en común?  Respuesta: todos son hombres intelectuales “progres” que probablemente has visto muy recientemente en los medios tradicionales o en las redes sociales exponiendo largamente sobre las movilizaciones sociales y la democracia en Chile. Son aquellos que comparten fotos de Plaza Italia llena, que referencian a Allende y el pueblo libre, que, incluso, “apoyen” a las feministas o, hasta, se identifiquen como “feministas” propiamente tal.  Es el hombre que no es como los otros hombres, él que se jacta de ser “moderno e ilustrado,” como si esos términos de por sí no fueran profundamente heterocispatriarcales y racistas.

¿Por qué hablar de esto?  Más allá de mi molestia personal al tener que leer sus grandes exposiciones (sabiendo como son), creo que esto va mucho más allá.  Desde los sectores de derecha o ultraderecha ya estamos acostumbradxs a un cierto nivel base de machismo y homo-lesbo-transfobia.  Como sus “valores” van en esa línea, apoyados por interpretaciones fundamentalistas de textos religiosos y el individualismo consumista neoliberal, no nos sorprende cuando leemos declaraciones homofóbicas de Isamit o chistes machistas de Piñera.  Incluso de enterarnos de los espeluznantes testimonios de mujeres y personas de la disidencia sexual sobre la violencia política sexual ejercida por los Carabineros y los militares.  Esto de ninguna forma es como para justificar sus acciones, que son crímenes de lesa humanidad, violaciones sistemáticas de derechos humanos que deben ser debidamente enjuiciadas. Pero, como nos enseñaron hace tiempo grandes pioneras chilenas en la teorización de la tortura y la violencia política sexual, como Ximena Bunster y Julieta Kirkwood, esta violencia es sólo una “cristalización” de sus discursos y sus prácticas, que son de por sí, ya extremadamente (heterocis)patriarcales y heterosexistas.

Cuando empezaron a circular los testimonios y los videos sobre la represión policial y militar, ya desde hace más de dos semanas, supimos que ahí iba a haber violencia política sexual.  Lo sabíamos porque fue así durante la dictadura cívico-militar de Pinochet y sus centros de tortura como Venda Sexy y Colonia Dignidad, durante la militarización de la Araucanía y la represión ejercida contra mujeres mapuche, durante las grandes marchas estudiantiles y las detenciones de mujeres estudiantes universitarias y secundarias. Sabíamos que esto iba a afectar no sólo a las mujeres, sino también, y en particular, a personas de disidencia sexual y, aún más agudamente, a personas cruzadas por estas categorías y otras más, como pobladores jóvenes gay, mujeres migrantes, travestis que ejercen el trabajo sexual, etc. Lamentablemente, es así, no es sólo que se torturó en Chile durante la dictadura y se tortura ahora, sino que entre la dictadura y ahora siempre se ha torturado, y mucha de esa tortura ha sido generizada y sexualizada.

No obstante, lo que se tiende a eludir en esta discusión es como los “buenos” hombres, los “nuestros”, aquellos que van a las marchas y que manifiestan su apoyo más irrestricto a la democracia y la voluntad del pueblo, también esconden su pequeño “Pinochet” o “Piñera” adentro.  En el fondo, son profundamente machistas, racistas y homofóbicos pero lo maquillan bien, pasan “piola”.  No obstante, permiten que estos atropellos ocurran y que la impunidad siga reinando.  Hablan de igualdad, pero en el trabajo potencian sólo a hombres “gente-como-uno” y en la casa su mujer se tiene que encargar de todo.  Hablan de libertad, pero se ríen de los “maricones” y están en contra del aborto libre.  Hablan de fraternidad, pero dejan sus cabrxs chicxs botadxs y no pagan pensiones.  Es ese “machito de izquierda” tan criticado por las mujeres y la disidencia sexual en espacios sindicales, estudiantiles y partidarios. El que encubre o acosa a las compañeras, pero cuando es denunciado acusa a las mujeres de “interpretar mal” las situaciones y “sembrar divisiones”.  ¿Hasta cuándo compañeras?  ¿Hasta cuándo vamos a dejar que hablen por nosotrxs, que lideren nuestros movimientos y que se llenen la boca vociferando revolución?

Cuando yo veo que en el sur han tumbado tantas estatuas de militares genocidas, de conquistadores y estadistas que masacraron y reprimieron el pueblo mapuche yo me alegro profundamente. Valdivia, Saavedra, Portales, entre tantos otros. ¿No será tiempo como para tumbar también a estos machitos de izquierda de sus palestras tan enaltecidas?

Hillary Hiner
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