Opinión

Mistral NO MÁS: tus niñas están heridas

Por: Alejandra Araya Espinoza / Publicado: 09.11.2019
Foto: Agencia Uno
Su actual Directora, Denise Berenguela, en esta ocasión dejó entrar a los Carabineros violando con ello su deber como educadora y los derechos humanos de niñas y niños ratificados por Chile. A ella la conocí este año, en abril pues he apoyado desde el año 2015 al Liceo en la puesta en valor -con su anterior Directora Jeanny Lee, sacada del cargo por un sumario que debería ser revisado- del importante legado de Gabriela Mistral que allí se resguarda que se encuentra en una sala patrimonial que las estudiantes dicen que no conocen. Pero del cual yo supe mientras estudiaba y leía en la biblioteca frente a su boina, su pluma y su biblia.

El Liceo 7 Teresa Prats, comuna de Santiago, barrio Franklin-Matadero, fue fundado por la maestra Lucila Godoy Alcayaga el 21 de mayo de 1921 (con el número 6 en ese entonces), ella fue su primera directora, la mismísima Gabriela Mistral. El martes 5 de noviembre de 2019, cuando la protesta social masiva llevaba casi la quincena en Chile, entraron a dicho establecimiento ubicado en la calle Chiloé, esquina de General Gana, carabineros pertenecientes a la 4º comisaría de Santiago, comandados por el mayor Humberto Tapia, estando su Directora dentro. Disparó su arma resultando heridas dos niñas. La comisaría queda a solo cuatro cuadras del Liceo. Este recado le dejó Mistral a él, al Alcalde de Santiago Felipe Alessandri, responsable político del “contexto” de violación de derechos humanos de los niños y las niñas en tanto sostenedor del Liceo, y la Directora Denise Berenguela, en 1921: “Podrían dejar hablar a las niñas de mi escuela. ¡Son tantas! Hay muchas que ya enseñan como yo y saben, por lo tanto, hablar con verdad. Que ellas me hagan salir de mi escuela si las he defraudado” (Bendita mi lengua sea).

Heridas en sus piernas. Hay casos de azotes del siglo XVIII, tanto de los Tribunales de Real Audiencia como del Tribunal de la Santa Inquisición que señalan que a las mujeres, por su condición de tales, estos no debían ser dados de la cintura para arriba (creo que el caso de daños por balines en los ojos, en estos días, se trata de hombres mayoritariamente, quizás esto está en algún protocolo que no conocemos). Los azotes son penas aflictivas e infamantes, esto es, que en el discurso inicial de los derechos de las personas y la crítica a la tiranía de los Reyes la aplicación de ellos (y de otras penas llamadas corporales) eran lesivos de la honra de sus súbditos que en tanto tales estaban bajo la protección del Padre-Rey, él  debía protegerlos. En América bajo dominio colonial de los Reyes de España, un tipo particular de súbditos, los desvalidos, es decir los que no tenían protección de sus propios padres, estaban bajo directa responsabilidad este Rey: “indios”, mujeres viudas y “pobres”. La figura era que un hombre padre-hombre los debía amparar, a esto le llamamos patriarcado o dominio del pater familias.

La “dignidad” estaba reservada sólo a los “nobles” que lo eran porque su cuerpo estaba protegido de dichos castigos y que se sostenían del servicio personal de otros. Sus cuerpos no debían sudar, este era sólo atributo del plebeyo y del esclavo, sólo tenían su cuerpo para sobrevivir. Retirar el azote del cuerpo de todos, fue y es aún, una de las peleas por la extensión del privilegio de la dignidad  humana de unos pocos a  todos, todas y todes. No recuerdo haber oído de disparos a niños o niñas del en otras escuelas, o algunas del barrio alto por ejemplo, no sé por qué me pregunto esto y no deseo que suceda claro está… Respecto de los niños, sólo en las dos últimas décadas del siglo XVIII encontramos a procuradores de pobres que esgrimirán el argumento de la minoría de edad para protegerlos de los castigos infamantes, entre los que se incluía el trabajo forzado y a su derecho de amparo frente a los adultos, incluidos sus padres. En 1989 la ONU aprueba la Convención de los Derechos del Niño que tiene rango de ley y carácter vinculante u obligado cumplimiento. Los países firmantes deben incluir todos los aspectos de la Convención en sus leyes nacionales sobre derechos y protección a los niños, niñas y adolescentes menores de edad, esto es, menores de 18 años. Chile la ratificó en 1990. Allí se garantizan tres tipos de derechos: protección, provisión y participación como el derecho a una identidad y nacionalidad, a recibir información o a opinar con libertad.

Las mujeres, legal e históricamente, hemos sido consideradas infantes, sin voz, sin derecho a hablar por nosotras mismas. Hemos sido objeto en tanto niñas de dos tipos de injusticias desde el nacimiento: por género y por edad. Yo aprendí en mi querido Liceo 7 que no era así, ratificando lo que mi madre trataba de revertir en su propia historia y la de sus hijas.

No puedo no pensar en esto que sé porque es lo que me motivó a ser historiadora (investigar todo esto que no está ni por el revés de nuestra historia) al enterarme, ver y estar estos días, en directo contacto con la situación de las estudiantes de mi ex- Liceo, ese que nuestra divina Gabriela nos legó, como reza su himno que todavía me sé. Fue mi Liceo entre 1984 y 1989, fui presidenta del Centro de Alumnas en 1987 con catorce años por gracia de su directora, otra digna Gabriela: Diva Sobarzo, que aún vive, dirigenta del Colegio de Profesores en ese entonces y que, aunque estaba prohibido, nos enseñaba educación cívica y los principios de la democracia en la práctica pues teníamos centro de estudiantes aunque también estaban prohibidos. Su actual Directora, Denise Berenguela, en esta ocasión dejó entrar a los Carabineros violando con ello su deber como educadora y los derechos humanos de niñas y niños ratificados por Chile. A ella la conocí este año, en abril pues he apoyado desde el año 2015 al Liceo en la puesta en valor -con su anterior Directora Jeanny Lee, sacada del cargo por un sumario que debería ser revisado- del importante legado de Gabriela Mistral que allí se resguarda que se encuentra en una sala patrimonial que las estudiantes dicen que no conocen. Pero del cual yo supe mientras estudiaba y leía en la biblioteca frente a su boina, su pluma y su biblia. Una anécdota de nuestros encuentros para dicho trabajo, al enterarse de que yo había sido dirigenta estudiantil, es que hizo traer de los archivos mi registro de notas, pues no le calzaba al parecer con el dato de mis excelentes calificaciones.

Cuando vi los videos que me enviaron minutos después con el ataque vil de esos hombres uniformados, dentro esos patios que tan bien conozco, un nuevo estremecimiento recorrió mi cuerpo: NO MÁS a lo que de forma sistemática hemos estado viviendo en Chile, violación sistemática de nuestros derechos de los cuales somos dignos poseedores. Es una vergüenza.

Oí toda la audiencia de formalización en vivo de Tapia[1], al cual se le protegió cubriendo su rostro (una infracción si el proyecto de Ley anti encapuchados prospera, en otro capítulo les puedo contar algunas historias sobre esto). Los argumentos del defensor del imputado se sustentan en el “contexto”, nos encontramos desde el 18 de octubre en y en un estado alterado del orden público que al parecer hace legítimo defenderse de las agresiones al parecer objetos de rabia “injustificada” en estos días, en este caso responder a las “piedras de gran tamaño” que las estudiantes lanzaron desde “20 a 30 metros” cuando lo vieron dentro del establecimiento. Claro, al portar un uniforme y un arma, los honorables Carabineros parecen que olvidan la desproporción de su fuerza respecto de otro que no es uniformado de fuerzas policiales. Pero mucha tinta y sangre sobre esto está corriendo y yo ahora, sólo por ahora, quiero comentar este caso desde mi experiencia como investigadora en estos temas a todos esos otros comentarios malsanos revestidos de derecho a la opinión que otros que como yo veían la audiencia en vivo e iban destilando en la pantalla como veneno: “yo no le creo nada a las niñitas” (¿qué no les creían? ¿habrán visto las imágenes y las heridas en las piernas de videos y fotos circulantes en internet?, claro deben estar convencidos de que el maltrato físico infantil por vía correctiva todavía es legal…, ahora bien, incluso aunque el azote fuera legal no es igual a un disparo, aunque ambos provocan efusión de sangre…), los “desmanes” justifican el ingreso de carabineros a un recinto educativo y dispararles (esto es, si reviso el significado de desmán, una acción injusta o abusiva que se comete contra una persona, causándole un grave daño o perjuicio, debería comprender y aceptar que niñas tirando piedras estaban haciendo uso abusivo de su fuerza contra hombres armados autorizados para reprimirlas en nuestro orden vigente, cosa que no deja der interesante en el mundo en que parece que estamos viviendo, en el que también tenemos mujeres de rojas bocas pintadas como miembras de las fuerzas especiales de carabineros), decían deben respetar el “orden”, tener “respeto a la autoridad” (bueno, si consideramos que un establecimiento educacional es una espacio seguro donde se garantiza el derecho a la educación y parte de ella es la formación integral de un ser humano y a su vez esta es conocer, ejercer y respetar los derechos inalienables hay algo que en la “autoridad” de la Directora y en la “autoridad” de un hombre que es carabinero que actúan de este modo que pareciera se debiera “respetar”, de otro, si la escuela se homologa a una correccional que también debe respetar todos los derechos de las personas, parece que en algo de lo que Gabriela Mistral creó como principios de la enseñanza y de derechos de los niños nos perdimos y en particular la Directora que sería su heredera en el cargo… una deshonra mayor), son “todos unos delincuentes, si hay niños con armas disparando en las poblaciones” (entonces todos los niños y niñas son delincuentes, porque no son desvalidos porque igual pueden usar armas, claro, si crecemos viéndolo y sabemos que un arma es respeto y defensa y donde vivo esa es la ley, pudiera ser esto admisible, pero no es admisible bajo ninguna ética contemporánea post segunda guerra mundial), “hay que eliminar el potencial peligro” (en el siglo XVIII, se decía “hay que exterminar la polilla de la República” refiriéndose a todo aquello que no respetaba la autoridad arbitraria del adulto, del hombre y del padre, ¿qué está peligrando, qué está en peligro cuando un menor de edad cuyo desarrollo físico, psíquico, espiritual, creativo está en plena formación y esta situación lo define como tal? ¿habrá todavía aquí algo del revanchismo de generaciones que lamentablemente no fueron respetadas en sus derechos a la infancia y creen que son mejores porque recibieron palos y pocas caricias de sus protectores, que eso los hizo fuertes, respetuosos y moralmente superiores?); “miren las señoritas” (claro, “mujeres” contraviniendo la norma que las haría respetables como tales controlando sus cuerpos, voces moderadas, poca gesticulación, lengua “decente” o incluso volver a usar faldas como parece la Directora quiso reponer, como cuando en Dictadura de Pinochet un bando nos prohibió usar pantalones).

También sabemos que en Chile el abuso hacia los niños proviene principalmente de los Padres/Madres, de todo tipo: biológicos, espirituales, “formadores”. Ayer escuché que la directora Denisse Berenguela cerraba los baños en horas de clases (de seguro para eliminar ese espacio tan pernicioso y caldo de cultivo de la infracción a las normas…y seguro también para que aprendiesen a controlar mejor el esfínter, o a calcular mejor los tiempos del cambio de toalla higiénica, educativo por cierto). Correctivos, claro los necesitamos, si esto es “acabo de mundo”. La distancia entre un balín, un perdigón y una bala puede ser tan pequeña como el hilo que une la vida con la muerte, la honra con la deshonra, la buena conciencia de la mala conciencia. NO MÁS.

Mistral era profundamente anti militar, anti fascista y anti autoritaria; ya entre 1918 y 1920 decía que ella tenía “tres manchas” para la gente de esta tierra que no ha evolucionado y para la cual “la Colonia no pasa todavía: mi democracia, mi independencia religiosa y mis servicios en una escuela rural” (Bendita mi lengua sea). Sufrió la crudeza del “régimen” con Carlos Ibáñez del Campo quien le quitó su pensión por opositora. Y por ello llegó a decir de los chilenos en 1954 en su visita a oficial al país cuando ya era Premio Nobel de Literatura y vivía en su destierro “voluntario” desde 1922 –desde que decidiera ir a México para participar de su reforma educacional- cuando en Chile no la dejaron ser Directora del Liceo porque no tenía título: “raza espesa, brutal, raza de pacos”.

[1] EN VIVO: 7° Juzgado de Garantía de Santiago inicia audiencia de formalización de la investigación contra Humberto Tapia Zenteno, mayor de Carabineros imputado por apremios ilegítimos. Facebook Live, Periscope y http://poderjudicialtv.cl

Alejandra Araya Espinoza
Historiadora, Directora del Archivo Central Andrés Bello de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile y vecina de Santiago.
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