Opinión

Hay que desarticular a Kast y a los “chalecos amarillos”

Por: Francisco Mendez / Publicado: 10.11.2019
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Antes de mirar lo que sucede hoy en las calles debido a la irresponsabilidad retórica y política de este gobierno, el eterno candidato está convencido de que acá hay una acción chavista para desestabilizar a Chile; tanto él como Alberto Plaza y Teresa Marinovic, y muchos otros, creen estar defendiendo el país de una invasión extranjera que quiere desestabilizar el modelo político y económico, como si el problema no fuera precisamente político y económico. Por eso es que han preferido centrarse en construir a un nuevo sujeto, que es el “chaleco amarillo”, ese personaje que anda peleando en contra de un enemigo imaginario, con palos en sus manos.

José Antonio Kast se está comportando como se sabía que se comportaría en momentos como estos. Para él no existe una crisis social desatada por el modelo que su hermano Miguel ayudó a imponer a costa de vidas humanas en dictadura, sino una simple explosión de violencia que no se soluciona con política, sino que con militares en las calles.

Cuando se le preguntaba por su compromiso con los Derechos Humanos, antes del estallido, el exdiputado se mostraba ofendido. Decía que obviamente condenaba todos los “excesos” que pudo haber en la tiranía institucionalizada, pero se refería a ellos en abstracto, sin ahondar mucho en el tema, y como si no hubiera información clara, ni un trabajo sistemático del régimen que su familia tanto defendió.

Antes de mirar lo que sucede hoy en las calles debido a la irresponsabilidad retórica y política de este gobierno, el eterno candidato está convencido de que acá hay una acción chavista para desestabilizar a Chile; tanto él como Alberto Plaza y Teresa Marinovic, y muchos otros, creen estar defendiendo el país de una invasión extranjera que quiere desestabilizar el modelo político y económico, como si el problema no fuera precisamente político y económico. Por eso es que han preferido centrarse en construir a un nuevo sujeto, que es el “chaleco amarillo”, ese personaje que anda peleando en contra de un enemigo imaginario, con palos en sus manos que no han usado hasta el momento.

¿Quiere decir esto que no existe violencia y que no hay saqueos y destrucción? Claro que no. Los hay. Y muchos y gravísimos. Pero es en gran parte porque el reventón social en un país como Chile, con los niveles de despolitización y destrucción de lo colectivo, el individualismo campea en todo ámbito, incluso en el reclamo-o en la falta de este- hacia lo que lo produce, por lo que lo que se requiere es hacer política y conducir esta efervescencia compleja, para no transformar lo de estas semanas en un asunto de seguridad nacional que alimente los discursos reaccionarios.

Esa es la principal misión hoy en día. Las fuerzas progresistas y de izquierda y democráticas en general, tienen que aprovechar una oportunidad que se están perdiendo, que es hacer política ante los dichos altisonantes de quienes quieren convertir el Estado en una gran comisaría. De lo contrario, lo que emergerá con más fuerza no será un nuevo contrato social que establezca un horizonte social y político, sino que prevalecerá el miedo de quienes creen que la autodefensa es la única opción, y que el único problema que existe en Chile es un asunto de seguridad.

Hoy estamos ante un desafío político e ideológico de inmensas dimensiones y hay quienes quieren detenerlo mediante el relato del terror. ¿Y qué hace el gobierno? Le pone más fuerza a este relato, gracias a la eterna especulación de Sebastián Piñera en todo ámbito, con tal de no tratar el tema de fondo, que es el cuestionamiento a estructuras.

¿Qué hacer al respecto? Parece importantísimo entrar a pelearle el terreno a Kast y evitar la proliferación del “chalecoamarillismo”. Son el resultado de un capricho ideológico-sumado a la grave deficiencia política de La Moneda, la que ha terminado en violaciones a los Derechos Humanos- muy peligroso, por lo que hay que desarticularlos. ¿Es esto algo así como una visión autoritaria basada en la censura del debate? No, para nada, cuando hablo de desarticular, hablo de desarmar, de lograr que manifiestos de personajes como el ex UDI caigan por su propio peso. Un nuevo pacto no puede construirse con quienes no quieren ver el derrumbe de esa imposición ideológica en la que hemos vivido, ni menos con quienes no entienden que una discusión sobre el futuro no los excluirá, sino que hará que su visión sea una idea entre tantas, y no “la realidad”, como se han acostumbrado a creer.

Francisco Mendez
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