Cultura

Ángel Parra Orrego: “Víctor Jara, Violeta Parra y Jorge González tienen en común esa manera de poder hacer las cosas imperecederas”

Por: Cristofer Rodríguez Quiroz / Publicado: 14.11.2019
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Dos proyectos cierran el intenso año 2019 del guitarrista Ángel Parra Orrego (53), el disco Travesuras editado el pasado agosto y el concierto Orquesta Sinfónica de Películas a realizarse próximamente en Terraza Casa Piedra, ambos trabajos cruzados por el común denominador del cine y la música incidental. De su madurez artística, cine y nuevos proyectos hablamos con el guitarrista.

Un camino heterogéneo, pero de presencia continua, ha mantenido Ángel Parra Orrego en la última década. Cercano a las primeras líneas mediáticas de la música popular, no teme en reconocerse como referente artístico de las nuevas generaciones y atribuye su actual estado de visibilidad a sus incesantes años de trabajo. “Creo que al llegar a la madurez es cuando uno realmente puede hacer con su vida lo que quiere como artista y eso lo estoy logrando gracias al camino que tomé”. Un trayecto exitoso y que hoy, con 53 años, lo encuentra con el sustento artístico suficiente para desprenderse de prejuicios y exigencias comerciales. “Los aprendizajes de vida del rocanrol fueron interesantes, pero después de pasar por bastantes vaivenes del mercado con las bandas que participé o mi etapa con Manuel García, uno ahora espera llegar a otra cosa”.

Miembro histórico de Los Tres y líder de Ángel Parra Trío, el nieto de Violeta no pretende disociarse de su actividad como músico miembro de un ensamble y desconoce una presunta reconversión pública de su figura hacía la imagen de guitarrista solista. “’Travesuras’ se aleja un poco de eso, pero no estoy para nada lanzando una carrera solista. Soy una persona independiente hace harto tiempo. Desde que me salí de Los Tres estoy haciendo todo a pulso”.

De película

La primera vez que Parra participó en un proyecto de música para cine y televisión fue en 1996 junto a Cristián Cuturrufo y Cuti Aste, interpretando canciones de series clásicas de TV en la Sala Omnium de Las Condes. A más de dos décadas de aquel hito, hoy prepara Orquesta Sinfónico de Películas, un espectáculo junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, el pianista Roberto Bravo y el cantante sudafricano Lebo M (voz original de la canción principal de la película El Rey León), en un concierto dirigido por el prestigioso compositor argentino Ángel Mahler, “un músico que no necesita presentación”.

¿Cómo fue la génesis del proyecto?
La productora Swing y su director Carlos Lara junto a Ángel Mahler, inician este proyecto. René Calderón, un arreglador chileno bien destacado y que está de productor artístico me contacto hace unos seis meses contándome de qué trataría el asunto, y ha sido un proceso largo, de encontrar los músicos, armar la banda, coristas, instrumentación. Es bien interesante como proyecto. Por otro lado, a la gente le gusta escuchar estas canciones, se conmueve. Está entretenido.

No oculta su entusiasmo con el concierto. La multiculturalidad y las múltiples texturas sonoras que vacilan entre lo docto y lo popular le atraen y fascinan, pese a que su protagonismo se asume como un miembro más del ensamble en el resto del show. “Soy músico profesional, mi oficio es leer música. Es cierto que hay que darle el carácter propio para que la partitura suene, pero también hay que ponerse al servicio de la orquesta y del director y eso es muy bonito como músico”.

¿Cómo te sientes con ese espacio amplio que ofrece la música para cine, que dialoga entre lo docto de una orquesta sinfónica y lo popular de una guitarra eléctrica?
Me siento a gusto porque siempre he sido un músico bien aterrizado en sentido de las capacidades que debemos tener de desenvolvernos en diferentes áreas. Varias veces he trabajado entre lo docto y lo popular. El 2017 estuvimos en el Teatro Colón con Guillero Riffo arreglando la otra de Violeta. Mi bagaje viene del jazz y luego con el rock de Los Tres, entonces eso me hace pensar que una buena banda sonora necesita ampliar lo docto. Así pasan cosas super interesantes como en Peaky Blinders ambientadas a comienzos del siglo XX con música electrónica o rock de fondo. Contrastes super entretenidos y poderosos.

Te conquista el contraste, la diversidad.
Siempre. Las obras que vamos a tocar en Casa Piedra son super comerciales y taquilleras (Jurassic Park, Star Wars, El Padrino, Harry Poter, Indiana Jones, Misión Imposible, entre otras), pero ahora estoy también trabajando con una banda sonora super minimalista para un próximo documental de Nicolás Molina sobre los gauchos de la Patagonia.

Contrastes que se perciben en su último disco “Travesuras”, una compilación de obras incidentales compuestas para cine y TV y que defiende como “un disco autoral” y no “un disco de guitarra”. Si bien el epicentro del concepto está en la música instrumental (desde el programa Lugares que Hablan a El Tiempo de Canal 13), también se muestra una dimensión más íntima y familiar, vinculados a la figura de sus padres, estableciendo un relato bipolar entre la función del músico que vierte su arte a un trabajo por encargo y aquel que escribe desde sus motivaciones internas y afectivas. “Mi catalogo es muy grande y necesitaba plasmarlo en un disco y salvando lo mejor. Sentí que lo más importante era hacer un disco sin expectativas y que la gente tome sus decisiones y sus opiniones. Es tan diverso que también he tenido opiniones de personas muy diferentes entre sí y les ha gustado.

La filiación pública con tu padre siempre fue muy mediática desde los 90, incluso los fanáticos de Los Tres lo conocieron como Paparra, no así con tu madre, cuya relación siempre fue más privada. En este disco, aparece con fuerza la figura de tu madre Marta Orrego, en la foto de la portada y en la canción que lleva su nombre (grabada también anteriormente por Los Tres, en el disco “Coliumo” de 2010). ¿Era una deuda artística?
Ella fue una madre ejemplar muy valiente, sin ningún peso. Repartía colaciones en los colegios para tener plata, teníamos gente de la CNI que nos seguía por ser hijo de Ángel Parra. Siento que los homenajes recientes a Violeta Parra despertaron en mí la necesidad de retribuirle a la figura femenina y hoy con la valorización de los movimientos feministas ha tomado más fuerza aún. Entonces pienso que mi mamá tenía poco crédito para lo importante que fue. Salvó a mi papá y a nosotros. Era un homenaje pendiente.

¿Hay algún recuerdo audiovisual que te recuerde a ella?
Me llevó a ver películas increíbles como La Amante del Teniente Francés, Taxi Driver y las que yo le pedí, todas las taquilleras como Terremoto o Tiburón. En la casa, nos mostró El Chacal de Nahueltoro o Actas de Marusia de Miguel Littin, películas super raras para nosotros en esa época, pero era su afán de guiarnos en la cultura.

¿Y ahora qué ves?
Me gustó la última temporada de Peaky Blinders, documentales de música como el de James Brown y no he visto El Guasón. Tengo ganas porque creo que la música (Hildur Guðnadóttir) está muy buena.

Es reconocido tu gusto por la música de Ennio Morricone, ¿hay otros autores que provienen del mundo de la música incidental que te hayan inspirado?
Toda la música del spaguetti western, pero también la música chilena, como la alianza de Sergio Arriagada con Raúl Ruíz, la música de Bernard Herrmann con la obra de Hitchcock, John Williams y Hans Zimmer, todos estos autores de música orquestada, pero también hay otros compositores como Ry Cooder que han hecho cosas super interesantes con la guitarra slide, bandas sonoras rupturistas como la música de las películas de Wes Anderson. De todo.

El libro La Música del Nuevo Cine Chileno (de Claudio Guerrero y Alekos Vuskovic) narra el caso de Los Jaivas componiendo para Palomita Blanca de Raúl Ruiz, en un proceso que implicó aprendizaje de ambas partes. ¿Cómo aprendiste el lenguaje de la composición para películas y televisión?
Es un terreno complejo, porque uno se mezcla con gente que no viene del mundo de la música, de otra área funcional profesional. Cineastas, publicistas, editores de prensa. Ahí hay que aprender a no ensuciar, a veces sólo colorear con la música. Y mirar harto cine. Si es música para noticias, ver hartas noticias, desde las turcas hasta las de Londres. Sabiendo siempre que como músicos a veces habrán momentos en que uno no va a dar en el clavo. A mí también me han fracasado muchos proyectos.

Violeta Parra musicalizó los cortometrajes de Sergio Bravo, Mimbre (1957) y Trilla (1959), utilizando un lenguaje incidental pero centrado en lo popular. ¿Cuál es tu análisis de ese momento seminal de la composición para cine en Chile?
Siento que ahí la Violeta demostró de manera absoluta su oficio como músico, que se puso al servicio de la obra de Bravo, a pesar de pelearse bastante con él. Hizo un resumen de sus anticuecas, las volcó en imágenes, con elementos de la música contemporánea, de la música atonal, muchas cosas muy sofisticadas que nadie entiende muy bien de dónde Violeta las sacó. Probablemente, es sólo la experiencia y reconocerse como un músico funcional que puede colaborar con otras áreas. Si estuviera viva tal vez qué estaría haciendo.

Agua y piscola

Entre la música para cine y nuevos proyectos con su nueva banda Los Retornados, el guitarrista toma una pequeña pausa para revivir el segundo disco de Ángel Parra Trío editado en 1996, “Piscola Standards”, en un concierto que no pudo llevarse a cabo debido al contexto social nacional y que originalmente estaba programado para 8 de noviembre en el Club Amanda en el marco del ciclo Jazz Primavera.

Dentro de un catálogo abultado como el de Ángel Parra Trío, ¿por qué tributar este disco y no otro?
He estado tocando “Piscola Standards” durante este año y es bonito, porque escucho a la gente joven decir que los marcó al ser el primer disco de bebop grabado post dictadura, con ese sonido rupturista y crudo (se grabó en vivo en el mítico club La Calle del Delfín Verde). Marcó a una generación más joven que la del trío.

¿Qué te parece el fenómeno de las bandas actuales de reversionar en vivo sus discos clásicos de los años 90 como Electrodomésticos, Los Tres, Machuca, Rama o Saiko, entre otros?
Es bonito estarlos revisando, porque mucha gente quiere escucharlos. Por eso mismo estamos tocando “Piscola Standars” con una muy buena formación con Tomás Brunetti en contrabajo), Juan Pablo Salvo en trompeta y Andy Baeza en batería.

En relación al blues, un estilo que te habíamos escuchado poco. ¿Cómo llegaste a armar una banda de blues y grabar un EP como “Agua Bendita”?
Surge en forma espontánea, sin planificación. Uno conoce gente que te trae a nuevos mundos, como el guitarrista José Miguel Carrasco, que me da esta oportunidad de tocar esta música que me gusta, pero no es mi especialidad. Y me siento muy a gusto. Además, grabé con El Cruce también en su último disco, “Sin Mentir” (2018).

2019 ha sido un año de mucha producción, todas muy diversas entre sí. ¿Crees que en esa diversidad hay un mensaje para entregar?
Claro. Además, sería un poco aburrido seguir siempre con el mismo camino. Como se agotan los formatos, uno también se agota, el cuerpo se agota. Si uno puede diversificar la carrera puedes aprender más, aparecen nuevos desafíos y son entretenidos por eso mismo.

¿Algún proyecto a futuro con Los Retornados o en la música autoral?
Queremos que este primer EP, “Agua Bendita”, pronto pueda transformarse en un disco que todavía no tiene fecha. Y como pasó con El Cruce, es probable que pronto grabe con otros músicos chilenos más jóvenes. De este proceso ha sido muy bonito ver como los jóvenes me tienen harto respeto y gratitud, por lo mismo voy con mucha humildad a nutrirme de ellos, de su conocimiento y su energía.

El derecho de vivir

Como prácticamente todo el medio nacional, Ángel Parra no ha estado exento del convulsionado ambiente sociopolítico y ha tenido un rol protagónico a través de sus redes sociales y participando en algunas de las canciones que han musicalizado el proceso, como la nueva versión de ‘El derecho de vivir en paz’ y la exclusiva ‘Paco vampiro’ de Alex Anwandter. “Lo que hemos experimentado como chilenos ha sido muy fuerte, como una película de ciencia ficción muy tétrica, muy esquizofrénica, como dirigida por Buñuel, con imágenes tétricas que nos han hecho recordar la dictadura y nos obligan a darle un crédito enorme a los jóvenes que nos recordaron que somos personas pensantes. Me parece muy bien esa rebelión popular, me da lo mismo en este momento que se me critique con eso, hoy renacen las propuestas poéticas y renacen las esperanzas de millones de personas, se pone en duda lo que se ha hecho anteriormente y la Constitución nefasta de los 80 y la gente se ve obligada a estudiar, incluso uno mismo”.

¿A qué atribuyes que en el contexto social complejo las canciones que han tenido más impacto sean de la década de los 70 y 80, como ‘El derecho de vivir en paz’ y ‘El baile de los que sobran’?
Víctor Jara, Violeta Parra y Jorge González tienen en común esa manera de poder hacer las cosas imperecederas con sus letras. Tratan temas como la injusticia y otros males que nos aquejan hace siglos, pero con una música sencilla, ‘La carta’ de Violeta Parra tiene dos acordes, lo de Jorge González con el genio de los ritmos pegajosos. Son tremendas canciones que nos dejaron para poder abrigarnos en estos momentos de turbulencia social. La música une y ese es el poder de las canciones buenas.

Participaste en la nueva versión de ‘El derecho de vivir en paz’. ¿Cómo se resolvieron las decisiones creativas, por ejemplo, el cambio de letra? ¿Te gustó?
Me invitaron a participar un día a las 12 horas para grabar a las 2 de la tarde. El estallido acababa de empezar, no lo pensé mucho, sólo asistí con mucha felicidad y sin conocer a muchos jóvenes como Gianluca y otros que estaban ahí en el estudio. Estuve poco rato y lo pasé muy bien. Encontré válido el cambio de letra, además con la autorización de Joan Jara.

Ángel Parra reagendó su presentación con la Orquesta Sinfónica de Películas para el día domingo 24 de noviembre a las 19:00 en las Terrazas de Casa Piedra. Las entradas van desde $ 32.200 a $ 115.000, y las puedes conseguir vía Puntoticket.

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