Opinión

Sólo dos opciones: Asamblea Constituyente o renuncia

Por: José Gabriel Feres / Publicado: 14.11.2019
piñera / Foto: Agencia Uno
Dada esta situación las opciones que tiene el Presidente Piñera, no son muchas, son sólo dos: se abre a la posibilidad de una consulta ciudadana vía plebiscito y a la realización de un proceso constituyente que discuta, acuerde y redacte una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente, o bien, se hace un lado, renuncia y despeja el camino para que Chile pueda avanzar en construir las bases desde las cuales quiere proyectarse en este siglo XXI.

Lamentablemente, las palabras y las medidas anunciadas anoche por el presidente Piñera no aportan absolutamente nada nuevo a lo ya dicho por él o su ministro del Interior en los días pasados. El rechazo a la violencia (que es postura de todos); la expresión de la aspiración por lograr paz social (que es sin duda también un deseo compartido); una agenda de reformas sociales (todas cosméticas y ninguna que atienda a los problemas estructurales); y un cambio constitucional por una vía en que la única participación que ofrece es un plebiscito ratificatorio al final (mientras que la redacción previa ha sido hecha por los mismos de siempre) solo hacen prever una continuación de las movilizaciones sociales, con el agravante de que la prolongación e incluso el endurecimiento de la represión indiscriminada que se ha visto en la época Blumel, aleja de las calles a todo el descontento no-violento mientras mantiene en ellas a los pequeños grupos generadores del saqueo y la destrucción.

Hasta cuándo tendremos todos los chilenos que ser víctimas de la ineptitud de este presidente y su gobierno (ya sea que solo él decida lo que se hace, o bien sean decisiones tomadas en conjunto), dando respuestas que todos sabemos no satisfacen las demandas que se han expresado en múltiples manifestaciones. El establecimiento del Estado de Emergencia, la presentación de sus medidas sociales, el fallido decálogo de medidas represivas, la convocatoria al COSENA, el cambio y enroque de algunos de los miembros de su gabinete y, por último, el insulso mensaje de anoche, sólo apuntan a eludir la búsqueda de los mecanismos plebiscitarios. Este camino es el único que responde al clamor de la protesta popular que pide participar, vía un proceso y una Asamblea Constituyente, en la construcción de un nuevo Pacto Social y una Constitución que nos permita construir de manera conjunta un futuro querido para nosotros y las nuevas generaciones.

La responsabilidad de no dar esta única respuesta viable es totalmente del gobierno, de manera que entonces deberá asumir el costo por las muertes y lesiones, las violaciones, torturas y daños de todo tipo que deja caer sobre la población y que afectan principalmente a los más postergados. Igualmente, son de su responsabilidad los daños materiales y los costos económicos que perjudican nuevamente a los más indefensos, a quienes sobreviven gracias a su trabajo cotidiano -ya sean ellos trabajadores/as o pequeños/as empresarios/as- y que se han visto fuertemente afectados.

Todo engendro que busque construirse para mantener las élites actuales, totalmente desacreditadas y eludir y/o hacer resistencia a la expresión de una democracia directa y participativa, está condenada al rechazo popular y no constituirá opción de salida para este momento.

Si se tuviese tan solo un poco de capacidad para escuchar el clamor popular, ya desde los primeros días de convulsión social se podía saber que la única respuesta posible era la de abrir las puertas y habilitar los mecanismos de participación y no hacer resistencia a esa sentida demanda popular, postulada desde todos los sectores.

Dada esta situación, las opciones que tiene hoy el presidente Piñera no son muchas. Al parecer, son sólo dos: o se abre a la posibilidad de una consulta ciudadana a través de un plebiscito y a la realización de un proceso constituyente para discutir, acordar y redactar una nueva constitución mediante una Asamblea Constituyente; o bien, se hace a un lado, renuncia y despeja el camino para que Chile pueda avanzar en construir las bases desde las cuales quiere proyectarse en este siglo XXI.

Conociendo su personalidad, intereses y ambiciones, ninguna de ambas opciones parecen estar en su repertorio, lo que hace entonces más difícil visualizar el término de la convulsión social en la que estamos inmersos.

Lo más previsible es entonces que el reclamo se prolongue y que muy posiblemente perdamos por el momento la oportunidad que nos ha abierto esta crisis de darle curso a una voluntad de participación de muchos, dirigida a sacarse de encima los valores mercantilistas y comprometerse con un futuro fraterno, colaborativo y libertario para nuestro país. Pero hacemos fe de que la lucha por un mundo mejor que hace carne hoy en la mayoría de las poblaciones, finalmente se abrirá camino y se entenderá que: “…el progreso de unos pocos, termina en progreso de nadie, y que sólo habrá progreso si es de todos y para todos.”

José Gabriel Feres
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