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Opinión

Un libre y soberano acuerdo

Por: Pablo Aravena Núñez / Publicado: 15.11.2019
vendidos / Foto: Agencia Uno
Cómo no llegar a un acuerdo si el día completo la prensa lo dedicó a advertir acerca de los nefastos efectos de “una recesión técnica” (la que se produce, explicaba alguien en televisión, por factores “extraeconómicos” como la presente movilización social). Cómo no si los medios se dieron a la producción de pánico advirtiendo sobre los más de trescientos mil empleos que se perderán, la paralización de la inversión y la fuga de capitales.

Cómo no llegar a un acuerdo parlamentario si el gobierno ya agotó su crédito con las Fuerzas Armadas, las que se habrían negado a un nuevo Estado de Excepción. Por ello el desesperado y torpe llamado del Presidente a que se reintegren fuerzas en retiro en su mensaje del pasado miércoles 13.

Cómo no llegar a un acuerdo si el día completo la prensa lo dedicó a advertir acerca de los nefastos efectos de “una recesión técnica” (la que se produce, explicaba alguien en televisión, por factores “extraeconómicos” como la presente movilización social). Cómo no si los medios se dieron a la producción de pánico advirtiendo sobre los más de trescientos mil empleos que se perderán, la paralización de la inversión y la fuga de capitales.

Cómo no llegar al presente acuerdo si ayer 14 de noviembre atravesaron de Viña del Mar a Valparaíso seis camiones de infantes de Marina, armados y en traje de campaña, que se instalaron por dos horas detrás de la Comandancia en Jefe, y frente a los Tribunales de Justicia, sin Estado de Excepción declarado. La confirmación de lo anormal de dicha operación fue la respuesta del alto mando de que se trataba del normal cambio de guardia diaria al monumento a Prat. Pequeño acto de terrorismo de Estado amplificado por las cámaras de los celulares y las redes sociales.

Visto así –y faltando datos que solo puede conocer un político de profesión–  la exigencia de un acuerdo tenía que ver entonces tan sólo “en principio” con la actual movilización y, por lo tanto, la respuesta parlamentaria debía estar enfocada secundariamente a ella. Porque además se trataría solo de una multitud, compuesta en su grueso por jóvenes, luego por unos manifestantes que oscilan entre performances que van de lo cándido a lo violento y, por último, por lumpen. Nadie con quien hablar. Nada que permita vislumbrar una acción sostenida en el largo aliento: “estas cosas pasan en los países desarrollados”, no pocos han dicho. (Abismante, sin duda)

¿Es que alguien puede obviar la cantidad de llamados a sus celulares que recibieron ayer los parlamentarios durante el curso de sus negociaciones? Los principales puntos del acuerdo aseguran en primer lugar el gatopardismo: el ritual del acto de constricción seguido por la cadena de manos selladas para la paz y un proceso de reforma constitucional largo y nada claro que, por ello mismo, se irá deslavando y perdiendo de vista por la cadencia de la vida en Chile, por el nuevo autoexigido impulso de emprendimiento para remontar, por las nuevas dosis de explotación justificadas en las nefastas consecuencias de la crisis (“que usted mismo provocó” se nos dirá). Llegado a este punto las movilizaciones entran en fase de declive o viene una asolada aún más fuerte, para la que no sabemos bien si hay fuerza aún, pero lo peor: no sabemos para qué, aunque sí por qué. Esto lo sabemos hace tiempo.

Pablo Aravena Núñez
Director del Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad de Valparaíso.
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