Cultura

“Chile en marcha”: una marcha que iba para otro lado

Por: Jorge Montealegre / Publicado: 16.11.2019
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Despertó, Chile despertó. Haces un chiste para que la rabia no te haga mal. Te ríes del eslogan del gobierno “Chile en marcha”. Una marcha que iba para otro lado. El oasis era un espejismo. Te burlas de quienes se burlaban de nosotros. Qué ganas de repartir las flores que bajaron de precio; de hacer la vida social que supuestamente hacemos en el consultorio; de levantarse más temprano para llegar a la marcha sin pagar pasaje. Sí, de levantarse.

Despertó, Chile despertó. Es el cántico de la muchedumbre. Millones de personas, sacudiéndose la modorra que frenaba la rabia, gritan, marchan, cantan. Se rebelan ante los abusos, acusan la injusticia acumulada. Se despiertan. No eran ni tan solitarias ni tan miedosas. El sopor se desvanece. Del letargo, la ciudadanía vulnerada pega un salto. Y saltan en las plazas de la dignidad. Despertó, Chile despertó. Y estás ahí. Apareces con un cartelito hechizo y te pones una nariz de payaso y bailas a tiempo el baile de los que sobran. No sabías que esa canción también era tuya. Una coreografía que estaba pendiente en el sonambulismo compartido. En este archipiélago de islitas sin puentes. Individualismo, individualistas, tanta gente. La gente. El pueblo que ya no decía la palabra pueblo. Y tomas un lienzo que también lo sostienen las manos de otras personas.

Despertó, Chile despertó. Haces un chiste para que la rabia no te haga mal. Te ríes del eslogan del gobierno “Chile en marcha”. Una marcha que iba para otro lado. El oasis era un espejismo. Te burlas de quienes se burlaban de nosotros. Qué ganas de repartir las flores que bajaron de precio; de hacer la vida social que supuestamente hacemos en el consultorio; de levantarse más temprano para llegar a la marcha sin pagar pasaje. Sí, de levantarse.

Despertó, Chile despertó. En estado de emergencia, para salir a la superficie, para no sentirse ahogados, para que los hundidos suban, para que emerjan quienes tocaron fondo perdiendo la esperanza. La emergencia es el desahogo. Despertó, Chile despertó. También con miedo, con el trauma que también despertó el estado de emergencia. Duermes mal y escuchas muy temprano las noticias para saber si durante la noche murió algún amigo. Tu insomnio es una mezcla de sueños y pesadillas. Te desvela el recuerdo de Víctor Jara. Te despiertas por el derecho a vivir en paz.

Despertó, Chile despertó. Te pones un sombrero porque viste El Tiempo y sabes que habrá sol en la manifestación. Quieres una bandera mapuche. La de Catrillanca, la del niño Pedro Mariqueo. “Yo no voté por él”, se lee en la polera de la hija que va a todas las marchas. Y te asusta y se agradece. Marcha por todas. Lloras no solo por las bombas lacrimógenas. Es emocionante estar en una marcha tan grande. La más grande de la historia. Que no te vengan con cuentos.

Despertó, Chile despertó. Hay humo. Solo se te ven los ojos. Juegas con fuego sabiendo que no es un juego. Rompes una ciudad que no echarás de menos. La rabia te asusta. Todo y nada te es ajeno, salvo los cientos de ojos que nos seguirán mirando cuando termine el carnaval paradójico. Por esas miradas hay que espantar los últimos bostezos. Despertó, Chile despertó. Recuperas o aprendes la hermosa costumbre de conversar, de hacer preguntas, y la bella queja por el dolor de pies después de las marchas. Despertó, Chile despertó.  Tiene que valer la pena porque, después de la tristeza y la euforia, el cuento de Monterroso será solo un cuento y no el recuerdo de un sueño: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

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