Opinión

Chile: no hay peor gobierno que el que no quiere ver

Por: Romina Cerda Allende / Publicado: 16.11.2019
blumel y pinera grande / Foto: Agencia Uno
Duele, llena de rabia y de angustia andar por la calle, sea o no en una manifestación, y no saber si regresarás con ambos ojos íntegros, de cuerpo entero y con vida. Como un claro ejemplo, tenemos el caso del joven Gustavo Gatica, quien perdió sus ojos por una de las tantas aberraciones cometidas por carabineros y que, a la vez, y según sus propias palabras, los regaló para que la gente despierte. Y aquí estamos, despiertas y despiertos como no lo imaginan, con la fuerza y la indignación elevadas y ardiendo, como el nombre de cada persona muerta, torturada y de ojos mutilados por el Estado de Chile, a pesar de los anuncios y calmantes que han estado aplicando.

Las semanas continúan avanzando, así como también lo hace el pueblo chileno y sus convicciones al momento de luchar por una serie de demandas que hasta hoy permanecen vigentes, pese al reciente acuerdo que vislumbra la idea de una futura Nueva Constitución. Sin embargo, todavía se siente en las calles que la represión ha sido el camino más cruel y cobarde dirigido desde el gobierno como una vía de escape.

Pensar que todo este movimiento social ha ido mucho más allá de nuestras fronteras, pareciera que el mensaje no podría ser más visible, pero esa constante negación de los poderosos que se han aferrado a su ambición ha resultado ser tan violenta que ya es imposible silenciarlo. Se nota que la idea de ceder es lo que más les duele y les atemoriza. Por lo visto, al verse ante un panorama que los haga “perder” sienten el clamor de la gente como una amenaza.

Estamos a días de cumplir un mes desde el inicio de esta revolución. También desde que Chile volvió a vivir un toque de queda y, sobre todo, desde que los uniformados han dado rienda suelta a sus armas, causando muertes, torturas y una cantidad masiva de ojos mutilados hacia quienes han participado en manifestaciones, incluso hay personas que ni siquiera han estado en ellas y, aun así, son parte del doloroso listado de quienes han recibido perdigones a destajo. ¿Acaso hay alguien que podría justificar una brutalidad como esta?

Duele, llena de rabia y de angustia andar por la calle, sea o no en una manifestación, y no saber si regresarás con ambos ojos íntegros, de cuerpo entero y con vida. Como un claro ejemplo, tenemos el caso del joven Gustavo Gatica, quien perdió sus ojos por una de las tantas aberraciones cometidas por carabineros y que, a la vez, y según sus propias palabras, los regaló para que la gente despierte. Y aquí estamos, despiertas y despiertos como no lo imaginan, con la fuerza y la indignación elevadas y ardiendo, como el nombre de cada persona muerta, torturada y de ojos mutilados por el Estado de Chile, a pesar de los anuncios y calmantes que han estado aplicando.

Aquí seguimos, aunque intenten decir y creer lo contrario. No habrá olvido ni vuelta atrás y, por lo tanto, es evidente que quienes realmente no han querido ver la realidad de un pueblo están de parte del opresor.

Romina Cerda Allende
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