Opinión

La democracia de Allamand

Por: Benjamín Gajardo / Publicado: 25.11.2019
allamand / Foto: Agencia Uno
La idea central del senador, detrás de la pirotecnia argumentativa, es el rechazo a la ley ordinaria o simple como mecanismo para resolver nuestros desacuerdos democráticos; en otras palabras, es la tirria a las decisiones mayoritarias, por ello, sostiene “que es obligatorio ponerse un acuerdo, de lo contrario no habrá nueva constitución”. En tal sentido, esa comprensión significa que los constituyentes no irán a debatir ni menos deliberar sobre nuestras reglas más básicas, en cambio, irán a negociar; una democracia convertida en mesa de negociación.

El senador Andrés Allamand en una reciente entrevista afirmó que, “Nunca alguien dijo que cuando no haya acuerdo (2/3) eso significa que se transforma en ley simple, fue exactamente lo contrario (…) Si no hay acuerdo la convención fracasa, no hay plebiscito ratificatorio y rige la Constitución”. Lo sostenido por el senador desploma la noción de “hoja de blanco” y, naturalmente, debilita sustancialmente el Acuerdo de Paz. En lo que sigue me interesa explorar y desafiar la idea de democracia articulada por senador Allamand, pues, se dirá que la interpretación del Acuerdo de Paz del senador es difícil de sostener en nombre de la democracia

El contenido de la palabra democracia no debe ser un asunto trivial, sino merece ser disputado y controvertido, ya que no da lo mismo desde que idea defendemos la democracia. Hace algunos año se le denominaba a las procesos de elecciones como “la fiesta de la democracia”, es decir, nuestra relación con la democracia solo -y únicamente- ocurría cada cierto años y luego retornabamos a nuestras vidas; algunos asocian a la democracia con los resultados de las encuestas y, otros, argumentan a favor de la comisiones técnica o de expertos, dado que la democracia debe, nos dicen, buscar las “respuestas correctas”. Contra estas comprensiones podemos, todavía, defender un camino distinto, uno que busque legitimar la toma de decisiones más allá de las “decisiones correctas”, este es, una compresión deliberativa de la democracia.

La idea de democracia deliberativa demanda dos dimensiones esenciales: inclusión y deliberación. La primera nos alerta sobre los déficit que tiene una decisiones cuando no participaron las voces de los potencialmente afectados, es decir, es bastante probable que dicho acuerdo no contenga puntos de vistas o realidades que necesitamos conocer para otorgar una solución. La segunda dimensión apunta a la importancia de la deliberación para la democracia, este aspecto nos dice que, no es suficiente con el voto, pues necesitamos discutir, debido a que nuestra racionalidad es limitada (podemos equivocarnos), por la falta de información y el impacto que tiene nuestros prejuicios, la deliberación colectiva es imprescindible para la democracia. Ahora bien, ¿qué tipo de democracia piensa Allamand?

La idea central del senador, detrás de la pirotecnia argumentativa, es el rechazo a la ley ordinaria o simple como mecanismo para resolver nuestros desacuerdos democráticos; en otras palabras, es la tirria a las decisiones mayoritarias, por ello,  sostiene “que es obligatorio ponerse un acuerdo, de lo contrario no habrá nueva constitución”. En tal sentido, esa comprensión significa que los constituyentes no irán a debatir ni menos deliberar sobre nuestras reglas más básicas, en cambio, irán a negociar; una democracia convertida en mesa de negociación. El problema: en cada negociación existe una parte fuerte y otra débil; una con mayor probabilidad que su posición se imponga y otra con menos capacidad de negociación (de ahí la frase del senador, “si el ⅔ no acuerda con el ⅓, se mantendrá la Constitución actual”). Por consiguiente, bajo esta idea, no nos interesa saber la posición contraria como tampoco mejorar la propia; no queremos discutir ni dialogar, la democracia transformada en un juego de suma cero.

En contra de esta comprensión, podemos afirmar que lo defendido por el senador Allamand presenta bajos índices democráticos, además de un poco aprecio por escuchar todas las voces y discutir, sino, busca dotar de mayor poder de negociación a un sector de población, para que el otro, con menos capacidad negociadora, salga a ceder y no a defender sus ideas. La visión deliberativa es exactamente lo opuesto, se esfuerza por discutir, por escuchar todas las voces y prestar atención aquellas que son más difíciles de ser oidas; entiende la democracia como un espacio de entendimiento recíproco en donde la ciudadanía define sus reglas más esenciales y, en última instancia, se nos presenta como un ideal regulativo para someter a crítica a la realidad.

Con todo, el ideal deliberativo no debe ser asociado con una tesis populista, dado que, toda decisión mayoritaria debe ser el resultado de un ejercicio robusto de discusión colectiva. En suma, debemos recordarle al senador Allamand que la democracia no puede ser, solo ni exclusivamente, una negociación.

Benjamín Gajardo
Profesor de Derecho y Filosofía. Universidad Andrés Bello.
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