Opinión

Los cómplices activos

Por: Paulina Morales Aguilera / Publicado: 28.11.2019
piñera / Foto: Agencia Uno
Hay complicidad incluso en aquellos que no forman parte del aparato del Estado, pero que con su silencio o con sus justificaciones consienten el actuar policial y las consecuentes violaciones a los derechos humanos. Los que ayer formaron parte de los cómplices pasivos son hoy también cómplices activos; ya no pueden decir que no saben lo que ocurre, o que han sido engañados por segunda vez. Y los que están a cargo, parafraseando a Piñera, saben o deben saber.

El año 2013, durante su primer mandato, el presidente Piñera acuñaba un término que causaría honda polémica: los cómplices pasivos. Con esto se refería, según sus propias palabras, a aquellos “que sabían y no hicieron nada o no quisieron saber y tampoco hicieron nada” frente a las violaciones a los derechos humanos ocurridas en dictadura.

Más aún, aludiendo al marco de polarización previo al Golpe de Estado de 1973, señalaba: “No significa que esas circunstancias históricas, previas al golpe de Estado, justifiquen en nada lo que ocurrió después y, particularmente los graves reiterados e inaceptables atropellos a los derechos humanos”. Es decir, no hay situación o contexto alguno que lo justifique.

Hay otro detalle importante de recordar: junto con referir a los cómplices pasivos, Piñera signaba como responsables de esos atropellos a “las máximas autoridades del gobierno militar, que sabían o debían saber lo que estaba ocurriendo”.

Lógicamente, tales declaraciones cobran vigencia en estas horas aciagas en que hemos conocido el demoledor informe de Human Rights Watch; numerosas páginas que dan cuenta de atrocidades en contra de la población, cometidas casi en su totalidad por Carabineros. Este informe se suma al que dio a conocer Amnistía Internacional hace algunos días.

Ante a todo esto, tiene sentido preguntarse hoy no solo por los cómplices pasivos, que nuevamente los hay, sino también por los cómplices activos. Pero, ¿quiénes son éstos? Aquellos que no pueden aducir ignorancia o confusión para eludir las responsabilidades políticas y administrativas que les caben frente a las violaciones a los derechos humanos que están ocurriendo. Tal como señalara Piñera en relación con los atropellos acaecidos en dictadura, las máximas autoridades sabían o debían saber lo que estaba sucediendo. Hoy también saben o deben saber.

Frente a todos los reportes y evidencias, incluidos los del Instituto Nacional de Derechos Humanos y la Defensoría de la Niñez, no puede aducirse desconocimiento. Por eso, sorprenden las declaraciones de la coronel Karina Soza, del Departamento de Derechos Humanos de Carabineros, quien lee un comunicado dando la impresión de que se habrían enterado de la situación por el informe de Human Rights Watch. En este informe se habla de “graves” violaciones a los derechos humanos, ante las cuales Carabineros se refiere a ellas como “errores”. Junto con esto, Soza remite al “compromiso con los derechos humanos que es parte esencial de nuestra formación”, o sea, han violado gravemente los derechos humanos teniendo un compromiso nuclear con éstos. Cómo sería si no lo tuvieran…

Desde el gobierno, la subsecretaria de Derechos Humanos, Lorena Recabarren, dice que valoran el informe de HRW y las recomendaciones que allí se hacen, en cuanto a revisar los protocolos de Carabineros. Añade también que “nuestra política ha sido siempre el resguardo de los derechos fundamentales, como la libertad de expresión y la integridad física de nuestros compatriotas”, esto es, se han violado gravemente los derechos humanos pese a tener esta política cautelar. Cómo sería si no la tuviesen…

El ministro del Interior, por su parte, dice valorar el informe y recoger sus planteamientos, pero todo ello desde la sospecha: “El informe de Human Rights Watch nos señala que hay situaciones graves que podrían constituir violaciones a los derechos humanos que tienen que ser investigadas, revisadas y sancionadas en caso de ser ciertas”. Es decir, cabe la posibilidad de que lo allí establecido no sea cierto. ¿Qué podría ser, entonces, frente a las evidencias aportadas por HRW? ¿Ciencia ficción? ¿Ensoñaciones? ¿Una dimensión paralela?

Los cómplices activos lo son por acción o por omisión en sus funciones. Están, por así decirlo, en servicio activo. Y en esta posición tampoco podrían aducir mera obediencia o puro quehacer burocrático. No cabe acá el recurso a la banalidad del mal de la que hablaba Hanna Arendt, en razón de la cual Eichman se excusó de sus responsabilidades en el Holocausto debido a que, a su juicio, solo cumplía órdenes y seguía protocolos de forma descontextualizada. Hay complicidad incluso en aquellos que no forman parte del aparato del Estado, pero que con su silencio o con sus justificaciones consienten el actuar policial y las consecuentes violaciones a los derechos humanos. Los que ayer formaron parte de los cómplices pasivos son hoy también cómplices activos; ya no pueden decir que no saben lo que ocurre, o que han sido engañados por segunda vez. Y los que están a cargo, parafraseando a Piñera, saben o deben saber.

Paulina Morales Aguilera
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