Bienes Comunes

Protagonistas del ‘Verdurazo’ argentino: “El modelo económico que nos excluye y genera pobreza es el mismo que destruye el planeta”

Por: Meritxell Freixas @MeritxellFr / Publicado: 04.12.2019
Rosalía Pellegrini y Elías Amador / Rosalía Pellegrini y Elías Amador / M. F.
Rosalía Pellegrini, fundadora de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) del país trasandino y secretaria de Género de la organización, junto con Elías Amador, otro de los integrantes del colectivo, conversan con El Desconcierto sobre sus propuestas para el nuevo gobierno de Alberto Fernández, los desafíos de los pequeños productores ante los efectos de la emergencia climática y el rol de las mujeres campesinas.

Se hicieron conocidos en todo Argentina (y más allá) cuando en septiembre de 2016 protagonizaron el llamado “Verdurazo” en medio de la Plaza de Mayo. Mientras el presidente Mauricio Macri celebraba el “Mini Davos” con dos mil empresarios de las grandes firmas mundiales, pequeños productores y productoras agrícolas de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT), regalaban lechugas, acelgas y puerros frescos. En total, 20 toneladas de verduras gratis para el pueblo. Desde entonces, su lucha por el acceso a la tierra y la instauración de un modelo agroecológico ha ido ganando fuerza, interés y espacio en el país trasandino. Apuestan por un campo sin monocultivos –como la soja– ni agroquímicos –“veneno”, que le llaman ellos. Ese campo que tiene como meta la soberanía alimentaria.

El colectivo, nacido en 2011 en los cinturones hortícolas de Buenos Aires, hoy suma más de 15 mil familias procedentes de 15 provincias de Argentina. Es parte del Consejo Federal Contra el Hambre, que el futuro presidente Alberto Fernández ha decidido impulsar desde ya para erradicar el hambre que afecta a casi la mitad de los argentinos. Un alarmante deterioro de la seguridad alimentaria en ese país provocado por la hiperinflación, el encarecimiento de los precios de los alimentos y unos ingresos familiares cada vez más bajos.

Rosalía Pellegrini es una de las fundadoras de la UTT y también la secretaria de Género de la organización. Por estos días visita Santiago para participar en la Cumbre de los Pueblos, que se celebra hasta el 7 de diciembre en la Universidad de Santiago. La acompaña Elías Amador, otro de los integrantes de la UTT que participa también del foro. Ambos conversan con El Desconcierto sobre sus propuestas para los nuevos inquilinos de la Casa Rosada, los desafíos de los pequeños productores ante los efectos de la emergencia climática y el rol de las mujeres campesinas.

—¿Cuál es la situación de los productores agrícolas en Argentina?

R. P: “La mayoría de los agricultores y agricultoras de los cinturones hortícolas no somos dueños de la tierra que trabajamos, la arrendamos a particulares y nos cuesta miles de pesos al mes. Cada familia suele trabajar una hectárea de tierra que produce toneladas de verduras. Pero el problema no es sólo la falta de acceso a la tierra, sino también el modelo productivo. Por eso empezamos a promover el modelo agroecológico basado en el método ‘de campesino a campesino’, como hicieron los cubanos, porque entendemos que nadie más que otro agricultor puede saber bien cómo trabajar la tierra y cuáles son los principales obstáculos que te encuentras en el camino. Nuestros principales ejes son el acceso a la tierra, la agroecología y desde hace unos años también, incorporar en todo eso la perspectiva de género”.

E. A: “Dentro de la organización ahora tenemos entre 300 y 400 hectáreas cultivadas a través de la agroecología. Sin embargo, la mayoría de las 15 familias todavía producen bajo el sistema tradicional, con fertilizantes que nosotros llamamos ‘veneno’. En total, un 20% de los integrantes está empezando a producir con agroecológico y el resto está en transición”.

—¿Cómo surgió la idea de hacer un “verdurazo”?

R. P: “Con la llegada del macrismo, nos dimos cuenta de la triste realidad de que gran parte de la sociedad todavía es bastante conservadora. Entonces empezamos a pensar cómo plantear e informar a la gente sobre quién produce los alimentos, cómo viven los agricultores, en qué condiciones se producen… En el ‘verdurazo’ éramos productores y productoras reclamando por nuestros derechos: mientras la gente no podía acceder a un 1 kilo de lechuga porque estaba carísimo, nosotros la regalábamos. La acción nos permitió romper el círculo mediático y empezamos a estar en toda la prensa. En ese contexto, presentamos la ley de Acceso a la Tierra, que plantea todo el circuito de opresión que vive nuestro sector: la falta de acceso a la tierra, las pocas monedas que nos pagan por lo que producimos y cómo al consumidor le cobran un montón de dinero, que más encima no tiene”.

—¿Cómo afectaron a los pequeños campesinos las políticas del macrismo?

E. A: “El macrismo nos pegó muy duro. Teníamos un monotributo social, un derecho adquirido que nos daba acceso a la salud y para tributar como productor agrícola, que Macri nos quitó. Sin embargo, a las grandes multinacionales y a los grandes sojeros les bajó las retenciones. Impulsó otra ley para sacar a los productores extranjeros, siendo que la mayoría somos extranjeros (yo soy de Bolivia). Ante eso, la UTT hizo una denuncia pública y el gobierno tuvo que retroceder. Otro ejemplo es el precio de los servicios básicos. Nosotros necesitamos una bomba trifásica que con el alza de la electricidad nos resulta carísima mantener. Antes pagábamos 1.000 o 2.000 pesos por eso, pero ahora se ha llegado hasta los 90 mil pesos. Macri nos arruinó económicamente hasta el punto que los agricultores dejaron de producir”.

—¿Qué plantean para cuando Alberto Fernández asuma el poder?

R. P: “El nuevo gobierno tiene un plan contra el hambre para Argentina. Nosotros estamos presentes en esa mesa [de organizaciones sociales y empresarios] para avanzar en ese plan. Veremos qué pasa. Sin embargo, para nosotros, la fuerza está en las organizaciones. Hay que fortalecer a los pequeños productores y productoras, campesinos, cooperativas, mercados regionales, etc., todos los que producimos y que no somos Monsanto, Syngenta ni soja para la exportación. Queremos que fortalezca nuestro sector para poder salir de la dependencia y construir soberanía alimentaria. En Argentina, la idea de que hay un campo que produce y le da riqueza al país es toda una ideología detrás de la cual están los grandes terratenientes que gobernaron el país desde la época de la conquista y se apropiaron de las tierras de los pueblos originarios. Nosotros ponemos en discusión esa idea porque ese campo no alimenta a nadie y lo que genera son negocios para unos pocos y una concentración del modelo económico”.

Agroecología con perspectiva de género

—¿Cómo afecta este modelo agrícola a las mujeres campesinas?

R. P: “Recién ahora nos estamos dando cuenta de cómo los agrotóxicos han tenido un impacto muy fuerte para la mujeres. Me acuerdo de relatos de compañeras sobre cómo enfrentaban una pérdida de embarazo por séptima vez y no lo asociaban al uso de agrotóxicos; niños que nacían con hidrocefalia, con la cabeza toda hinchada con agua y morían al nacer o a los días. En todos esos casos las voces de las mujeres no fueron escuchadas. Ahora hemos empezado a hablar de agroecología con perspectiva de género. A veces le llamamos ‘feminismo’, según con quién estamos hablando, porque el patriarcado se ha encargado de instalar la idea de que el feminismo va de mujeres contra hombres. Por eso hay que buscarle la vuelta para que todas se sumen, se sientan representadas y entren al diálogo. Vamos a presentar, de nuevo, la Ley de Acceso a la Tierra, pero esta vez incorporaremos la presencia, prioridad y rol de las mujeres en la producción. Nosotras mismas no lo habíamos incluido y eso habla de un proceso que es estructural en nuestra sociedad: la invisibilización de las mujeres trabajadoras de la tierra. Estamos recién empezando a hacer la reflexión de las desigualdades que hay al interior de las familias agricultoras: en cuestiones de violencia no sólo física, también económica sin ingresos propios, con doble jornada laboral y la falta de perspectiva de género en las políticas públicas, por ejemplo, para el acceso a un subsidio”.

—¿Cómo enfrentan desde la organización y desde la agroecología la emergencia climática?

R. P: “Es un tema que recién estamos empezando a hilar. Ahora entendemos que lo que hacemos desde de agroecología la recuperación del suelo, cambiar la visión que tenemos de la producción de alimentos, dejar los fertilizantes basados en petróleo y síntesis química se relaciona con una de las alternativas para disminuir el cambio climático. Pero antes no nos dábamos cuenta. Ha sido gracias a encuentros como la Cumbre de acá, o a través de nuestros jóvenes que están participando en el movimiento de ‘Jóvenes por el Clima’, en Buenos Aires. Es muy interesante cómo la juventud nos va mostrando cuál es la línea. En eso nos hemos encontrado en el camino de unir las dos luchas, porque el modelo económico que nos excluye y genera pobreza es el mismo que destruye el planeta”.

—Les tocó llegar a Chile sin la COP25 y con una agenda marcada por el estallido social. ¿Cómo lo ven?

E. A: “Latinoamérica está despierta. Hay una ola que busca un nuevo paradigma, de hacer algo por el planeta y por nosotros mismos. Celebro este momento que se vive en Chile, que la gente salga a la calle para exigir un país más libre y soberano. Eso nos anima a nosotros, también”.

R. P: “Me tocó compartir en la carpa de mujeres y escuchar la lucha del pueblo chileno, que es una lucha que el pueblo mapuche viene viviendo hace un montón de tiempo. Hay que hacer honor a esa lucha ejemplar del pueblo mapuche, recuperarla y no dejarla aisladas en sus territorios”

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