Cultura

Excluidos, silenciados, invisibilizados: La marcha por los discapacitados

Por: Paulo Slachevsky, Editor LOM ediciones, fotógrafo. / Publicado: 08.12.2019
Paulo Slachevsky / Foto: Paulo Slachevsky
Una “movilización histórica”, señalaba el primer orador al concluir la larga caminata desde el GAM a la Moneda, realizada a pie o en sillas de ruedas por tantas mujeres, hombres, niñas y niños, cuyos cuerpos eran la imagen viva del dolor, la fuerza y tenacidad por una vida digna. Era la primera vez que se unían en una misma movilización los diversos tipos de discapacidad y sus organizaciones. Las demandas expresadas en una lista de veintiséis puntos, que fue votada en una encuesta realizada días antes, se entronca con las demandas levantadas por el pueblo en la calle durante el estallido social que vivimos hace más de un mes.

La marcha por los discapacitados del 3 de diciembre de 2019 fue una de las manifestaciones más conmovedoras que me ha tocado documentar en más de 35 años de fotografía. Nada se dijo en la prensa escrita impresa al día siguiente, solo se habló del rol de la fiscalía, de la violencia, de los incendios y que la “delincuencia común desplazó a las marchas”. Indigna profundamente. Con esa incapacidad de escucha de los medios y los representantes políticos, difícil es avanzar hacía un país más justo, frenar la rabia y la violencia misma.

Una “movilización histórica”, señalaba el primer orador al concluir la larga caminata desde el GAM a la Moneda, realizada a pie o en sillas de ruedas por tantas mujeres, hombres, niñas y niños, cuyos cuerpos eran la imagen viva del dolor, la fuerza y tenacidad por una vida digna. Era la primera vez que se unían en una misma movilización los diversos tipos de discapacidad y sus organizaciones. Las demandas expresadas en una lista de veintiséis puntos, que fue votada en una encuesta realizada días antes, se entronca con las demandas levantadas por el pueblo en la calle durante el estallido social que vivimos hace más de un mes.  Basta ver las palabras y conceptos presentes en la lista: reconocimiento, respeto, inclusión, nueva constitución vía asamblea constituyente, salud, educación, accesibilidad, transporte, pensiones, igualdad, representación, sujetos de derechos, estado garante de derecho, participación de las mujeres, visibilización, etc. En resumen, se trata de la demanda por Dignidad, por justicia y no caridad, consignas presentes en numerosos carteles y lienzos.

Foto: Paulo Slachevsky

Vivimos un sistema instaurado en la dictadura y perfeccionado durante la postdictadura que se alimenta de una perfecta sangría a cada uno de sus habitantes y del medio ambiente. Hemos firmados tratados de libre comercio y de inversión por doquier, los que presuntamente beneficiarían a la ciudadanía con el acceso a bienes de consumo más económicos y significativas inversiones que favorecerían el desarrollo, sin embargo, los costos de la vida se han elevado de manera brutal, particularmente en bienes y servicios básicos como medicamentos, electricidad, educación, salud, transporte, etc. al tiempo que se arrasa con los recursos naturales del país. Bien sabemos de los niveles de desigualdad y concentración, y cómo año a año, pese a las paupérrimas pensiones, las AFP, ISAPRES, farmacéuticas y empresas mineras se embolsan miles de millones. Parte significativa de la clase política desde la derecha a la centro-izquierda se espanta por la violencia, por el estado de derecho “amenazado”, criminalizando gran parte de las expresiones de la protesta social y de la desobediencia civil con una ley que se enmascara bajo el nombre de ley anti saqueos, – un nuevo tipo de “ley maldita”-, pero en el fondo no cuestionan la violencia estructural de un sistema profundamente cruel e injusto, hasta hace poco naturalizado, que día a día absorbe las energías y las vidas de sus ciudadanos.

Foto: Paulo Slachevsky

La marcha por los discapacitados, tal condenados de la tierra, es una expresión mayor de la sociedad que vivimos y de la urgente necesidad de transformarla, sentando bases más justas, humanas. En el fondo, no se detendrá la violencia, el dolor, la rabia, sin cambios que den respuesta en forma y contenido a un pueblo que recupera los sentidos de comunidad. Como señala Martina, sonriente, “no soy un angelito, soy sujeto de derechos, respétame”. Es lo que dice la calle y es hora de escuchar. Pasar de un estado subsidiario a un estado garante de derechos sociales, centrado en otorgar una vida digna para todas y todos. Somos un país diverso cuya riqueza y recursos deben ser para el bienestar de sus ciudadanos y ciudadanas, no para enriquecer a unos pocos.

Foto: Paulo Slachevsky

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