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Juan Cristobal Peña y la lucha del FPMR en los 90 frente al estallido social actual: A Ricardo Palma Salamanca “los hechos le dan la razón”

Por: Diego Alonso Bravo C. / Publicado: 10.12.2019
/ Foto: cedida.
En su último libro de investigación, "Jóvenes Pistoleros. Violencia política en la transición" (Debate), el periodista aborda la historia de amor entre las leyendas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (el "Negro" Palma, Silvia Brzovic y Mauricio Hernández Norambuena, "comandante Ramiro"), pero con la democracia ya de vuelta. De fondo existe una tensión política y la instauración de un modelo económico y social que acrecienta las desigualdades y que, finalmente, se transforma en aquello por lo que entonces le dio vida a la lucha armada.

Fue cosa de semanas para que “Jóvenes Pistoleros. Violencia política en la transición” (Debate), el libro de amor, política, pólvora, secuestros y fugas, escrito por el periodista Juan Cristobal Peña, sacara una segunda edición. Se podrían esbozar teorías sobre la llamada “novela de la transición”: por ejemplo, que su firma es sinónimo de un reporteo exhaustivo, un estilo envolvente y una historia siempre merecedora de ser leída (en su espalda lleva el best seller “Los Fusileros”, que pronto será película, y el insospechado “La secreta vida literaria de Augusto Pinochet”); o poniendo todo dentro del contexto nacional, que aquello por lo que levantaron las armas los frentistas Ricardo Palma Salamanca (el Negro), Silvia Brzovic (Mizka) y Mauricio Hernández Norambuena (comandante Ramiro), es también el motivo por el que Chile despertó hoy. Que no fueron 30 pesos, sino 30 años.

Al hablar, Juan Cristobal pareciera elegir sus palabras con la misma cautela con la que decide qué frases plasmar en las hojas de sus investigaciones. Su voz es grave y pausada; fija la mirada en la mesa del café en el que responde esta entrevista una tarde de noviembre; busca las líneas que cruzan esa historia de decisiones (“las que tomaron personas que pertenecieron a organizaciones subversivas que estuvieron determinadas por subjetividades afectivas, y la suerte de esa acción y de esas personas”, esbozará luego), con las motivaciones que tienen los manifestantes que desde hace más de 50 días llegan a la llamada Plaza de la Dignidad, en Santiago. Finalmente, cree Peña, es el tiempo el que le dio la razón a los jóvenes pistoleros.

—En concreto, ¿cuáles son las similitudes que ve entre aquello por lo que los ex frentistas lucharon (considerando el asesinato de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards, entre otros hechos) y lo que hoy en día exige la calle?

Tiene varias similitudes con el proceso actual. Primero, el cuestionamiento que surgió de manera espontánea y también masiva, implícito, que hay en las demandas actuales respecto al modo en que se resolvió la transición a la democracia en Chile a principio de los 90. Es decir, la consigna que dice que no son 30 pesos, sino 30 años, lo que hace es poner en cuestión la transición y el pacto a la democracia, y las transas abiertas o subterfugios referidos, por ejemplo, a mantener el modelo, que pasaba en parte por no tocar el proceso de privatizaciones que había sido hecho de la noche a la mañana y que había beneficiado a los mismos que lo habían ejecutado. Ese tipo de transacciones o de políticas de continuidad que llevaron adelante las nuevas autoridades democráticas a contar de los 90, Chile lo resistió por 30 años, hasta que se fracturó, o mostró su fractura de manera dramática, hace unas semanas atrás. Ese eslogan responde a enfrentar un modelo”. 

—¿Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic sabrán que es esta lucha la misma por la que ellos resistieron? ¿Cómo estarán viendo lo que está ocurriendo hoy en día? 

“En el diagnóstico, los hechos le dan la razón; en los medios de lucha, no. Eso, a partir de las conversaciones que tuvimos, quedó súper claro y cada uno por su cuenta reconoce que era una lectura bastante errada de la realidad y fueron arrastrados por su juventud y por su experiencia de vida de los años 80. Por un lado, cuando conversábamos, ellos tenían una visión crítica en lo que se había transformado el país y miraban con decepción también el modo en que se había llegado a esto. La pasividad también, sin duda, era motivo de sorpresa y decepción. Igual ellos tienen hoy una posición bien socialdemócrata, moderada. Dicho de manera muy clara y explícita, referido a que ellos creen en los cambios pacíficos, progresivos, incluso espirituales. Sería llamarse engaño, en este caso particular, Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic, decir que están expectantes con todo el proceso. Lo ven con entusiasmo y cautela”.

—Los contextos son distintos también: la dictadura a fines de los 90 todavía soplaba la nuca de los políticos. Hoy en día los resabios que hay de aquello está dentro de la institucionalidad. 

Me imagino que lo ven con distancia y con bastantes diferencias de cómo fue la experiencia de ellos y la de miles de jóvenes que crecieron en dictadura y de familias que fueron víctimas de la violencia política. Ese contexto es muy distinto del que se da hoy en día. La gente que está protagonizando la rebelión popular de masa lo hace de una manera muy distinta: gente que sí ha sido violentada socialmente, pero en un régimen de libertades y mucho más abierto que el que se vivió en ese momento. Me parece que desde los 90 han permanecido activo grupos subversivos minoritarios, más vinculados al anarquismo. En el último mes no se han visto acciones armadas como tal. Quiero decir, de los que se tengan evidencia como tal. Han habido especulaciones que grupos minoritarios organizados, pero no ha sido probado por ningún lado. El hecho es que no ha habido una defensa armada a la represión de Carabineros y si la ha habido, ha sido muy marginal”.

—Si bien la respuesta de los manifestantes no ha sido con armas de fuego, sí se ha identificado y validado una resistencia, como lo es la “primera línea” de las manifestaciones. Es decir, hay organización y hay reacción. 

“Si, pero con identidades propias. Si bien uno ve muy aisladamente rayados alusivos al Frente, a Ramiro, son expresiones muy marginales; así como están ausentes las banderas de los partidos políticos tradicionales, también están ausentes los símbolos de las organizaciones guerrilleras subversivas de los años 70, 80 y parte de los 90. No he visto que hayan referencias o que se hayan levantado de manera organizada. Uno lo ha visto de manera aislada. Tal vez la figura más potente es la de Gladys Marín”.

—Tienen sus propias figuras: el Negro Matapacos y Pareman podrían ser algunas expresiones de la resistencia en la calle. 

“Sin dudas, pero son referentes distintos. El Negro Matapacos no viene de una orgánica del Frente o de Lautaro. Eso también lleva a preguntarse por qué no ha habido resistencia armada en circunstancias en que pudo haberlas habido y en circunstancias de que en rigor, quienes tienen las armas en Chile y que no son militares ni carabineros, son los narcos. Esos son quienes tienen poder de fuego. Creo que es interesante preguntarse por qué ese poder de fuego no se ha manifestado. Lo que creo es que justamente al narco no le conviene un escenario de rebelión popular; al narco le conviene un escenario de statu quo previo al de octubre 18. De hecho, si uno analiza las revueltas más importantes como han ocurrido hasta hace un tiempo atrás y de manera sistemática, en lo que es la Victoria, Villa Francia y La Pincoya, tradicionalmente, en fechas simbólicas, uno veía acciones de resistencia y también respuestas con armas de fuego, aunque sean hechizas. Eso, me parece, tiene que ver con el control que esos grupos tienen sobre territorio que le han pertenecido tradicionalmente a reductos de la izquierda tradicional, o que tienen mayor simpatía por la historia de los grupos subversivos en Chile. Eso se puede explicar porque a los grupos vinculados al narco no les acomoda que el statu quo se ponga en cuestión”.

Además de los narcos, ¿cree que existan otros motivos para que otros grupos políticos, quizás más radicales, no levanten las armas?

“Creo que esos grupos como tales no existen. O existen en la imaginación o en la agenda imaginaria y tendenciosa del gobierno que ha querido instalar eso. El gobierno ha querido instalar que hay grupos subversivos de implicación guevarista, venezolanos o cubanos, por ejemplo, en los atentados al Metro, sin ninguna evidencia. Y posteriormente a los atentados al Metro no hubo otras expresiones que conllevaran poder de fuego importante. O menos que se hubiesen visto agresiones importantes a fuerzas militares, a carabineros”.

¿Qué imagen tienen el Negro y Miska para la izquierda y cuál es la percepción personal de ellos en la historia política de Chile?

“Lo que tengo claro es que al momento en que comencé a trabajar en este libro, ellos representaban una izquierda más dura, más tradicional, ortodoxa, una figura de cierto heroísmo. Sobre todo el Negro: la figura del verdugo que hizo justicia por sus manos en nombre del pueblo en tiempos en que no había ninguna perspectiva de que había una real justicia en temas de violaciones a los derechos humanos. Eso lo documento y lo pongo en el libro: que Aylwin, en una de las grandes concesiones que hace en materia de justicia es en relación con la verdad y la reparación, y él habla que la verdad es una medida de justicia. Pero eso está lejos de ser justicia y condena a la violación de Derechos Humanos. Ahora, volviendo al Negro, las acciones subversivas armadas (en las que participó), sobre todo lo que tiene que ver con bombazos, con la ejecución de carabineros y Jaime Guzmán, lo dejaron en un lugar de condena. Ahora, ninguno de esos dos lugares, me parece, son lugares que le acomoden: ni sentirse como un héroe, vengador, justiciero de la izquierda maltratada, abusada y derrotada, no es algo de lo que se siente orgulloso. Esa es la primera cosa que me llamó la atención cuando me acerqué a él: me interesaba mucho saber cómo él veía su propio pasado. Sobre todo porque tenía hijos cuyas edades eran similares a las que tenía él cuando protagonizó las acciones que le dieron fama y lo dejaron en la historia”.

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