Opinión

Porque pensábamos que nunca más

Por: Valentina Latorre / Publicado: 12.12.2019
ddhh / Foto: Agencia Uno
No queremos que los adultos mayores tengan que plantar carpa frente al ex-congreso y el tribunal para exigir una pensión justa, ni que nuestras compañeras en Quintero tengan que seguir arriesgando sus vida por respirar un aire limpio. Tampoco quiero que mi hija tenga que perder su año de estudio por estar en las calles exigiendo que no la abusen, o por pedir educación de calidad garantizada sin depender de la capacidad de pago que se tenga. No queremos tener que estar en huelga y arriesgar el trabajo por pedir un sistema de salud que no discrimine.

Hace casi un mes se firmaba en el Congreso un acuerdo por una nueva constitución para Chile. Discusión hacia un lado, discusión hacia el otro, se marcaba como un día de alta relevancia para la historia de nuestro país; la Constitución heredada de la dictadura, que algunos pensamos no veríamos caer en vida, empezaba el camino hacia su fin para ser reemplazada por una construida por todas.

¿Qué quedaba fuera del acuerdo y había que salir a pelear? Los mecanismos para la toma de decisión del proceso constituyente junto con la composición de quienes lo llevasen, una agenda corta en torno a leyes sociales que pudiesen dar, de manera rápida y efectiva, una solución a las familias que siguen viendo la travesía hacia fin de mes como una carrera con obstáculos y, fundamentalmente y por sobre cualquiera de las anteriores: justicia, reparación, pronunciamientos y cese a la violación de Derechos Humanos que está viviendo nuestro país desde el pasado 18 de octubre.

Ayer se conmemoraba el Día de los Derechos Humanos (o derechos del Hombre, como lo llamó el presidente Piñera) y el gobierno decidió presentar su discurso defendiendo irrestrictamente y sin meaculpas su acción en estas semanas. Además, presentó víctimas como en un empate: Fabiola y Gustavo, que perdieron ambos ojos debido a la acción de agentes del Estado, y también el cabo Sebastián, y las carabineras Abigail y María José, víctimas de violencia en las protestas. Por otro lado, recalcó la labor del INDH, pero decidió omitir que las cifras aumentan todos los días y como indican los veedores internacionales, no son casos aislados.

¿Va a mencionar el presidente cambios políticos significativos en torno al actuar de carabineros, más allá de los protocolos sobre el uso de la fuerza? ¿Va a decir algo sobre las personas desaparecidas? ¿Las muertas encontradas en incendios?

¿Va a aclararle a la ciudadanía que, sin justificar la violencia, solamente son violaciones a los derechos humanos aquellas en las que el Estado y sus agentes ejecutan la acción?

El Instituto Nacional de Derechos Humanos levantó nuevas cifras el pasado 6 de diciembre: las querellas contra el Estado por violencia sexual ya alcanzarían las 108, las por tortura y tratos crueles a 544 y las heridas oculares (lesiones, trauma o pérdida) a 352.

Estas cifras y este escenario, refrendadas por organizaciones internacionales y que, por lo tanto, lo convierten en un terreno donde no caben las opiniones, parecen no tener eco en el gabinete en la práctica efectiva. El Ministro del Interior, Gonzalo Blumel, aumenta más querellas que el interpelado Andrés Chadwick. La Ministra de la Mujer, Isabel Plá, plantea, haciendo alusión a la performance del colectivo Las Tesis que “Chile no es un macho violador”, a pesar de las altas cifras de acoso y violencia del país y de las violaciones y torturas que han vivido tantas mujeres en estos dos meses por parte del Estado. El Ministro de Justicia y Derechos Humanos, Hernán Larraín, brilla por su ausencia y no es ni de cerca un actor en esta crisis y frente a las violaciones que viven a diario cientos en la calle y en sus hogares. Finalmente, el mismo presidente Sebastián Piñera es responsable de que las noches de miles de personas y sus familias no tengan término y de que nuestro país sufra y se enfrente entre quienes lo componemos.

¿Y nosotros? ¿Hasta cuándo vamos a esperar? ¿Cuántas performances más en calle vamos a hacer para defender nuestras vidas? ¿Cuántos abusos y violaciones a nuestras garantías fundamentales más vamos a soportar, en la lucha por nuestros derechos?

No queremos que los adultos mayores tengan que plantar carpa frente al ex-congreso y el tribunal para exigir una pensión justa, ni que nuestras compañeras en Quintero tengan que seguir arriesgando sus vida por respirar un aire limpio. Tampoco quiero que mi hija tenga que perder su año de estudio por estar en las calles exigiendo que no la abusen, o por pedir  educación de calidad garantizada sin depender de la capacidad de pago que se tenga. No queremos tener que estar en huelga y arriesgar el trabajo por pedir un sistema de salud que no discrimine.

Este gobierno pretende que volvamos a la normalidad. Dice que no podrá haber un Chile más justo mientras no haya orden. Plantea un discurso pro Derechos Humanos sin siquiera pedir perdón por las violaciones a los mismos en estos sesenta días. Todos queremos orden, todos anhelamos poder vivir en la paz, pero esto pasa por conseguir dignidad y que el Presidente escuche a su pueblo. Y el pueblo está pidiendo transformaciones profundas al sistema que pasan porque se dejen de proteger a quienes saquean este país. El pueblo está pidiendo que el agua sea pública, que las pensiones estén por sobre la línea de la pobreza, un sistema único de salud accesible para todos, una educación no sexista. El pueblo está pidiendo democracia.

Y, en esta lucha del pueblo, esperamos que dejen de vulnerarse todos los días sus derechos humanos, esos que pensábamos ya no estaban en discusión en nuestro país.

Valentina Latorre
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