Opinión

Chile y la revolución (digital) de octubre de 2019

Por: Miguel Orellana Benado / Publicado: 19.12.2019
Evasion por el alza del pasaje en el transporte publico - Metro Republica / FOTO: AGENCIAUNO
La revolución de octubre de 2019 en Chile muestra el agotamiento del modelo de crecimiento económico iniciado en 1985. Y la urgente necesidad de radicales reformas que adecuen a los tiempos nuestro entendimiento de dos conceptos clave: el de propiedad privada y el de clase política. Solo así Chile podría mostrar que, en la era digital, es posible combinar crecimiento económico bajo un sistema capitalista con una administración política basada en la democracia y el respeto de los derechos humanos. ¿Cómo hacerlo? Cuando S.E. me llame, le contaré.

Hace dos meses hoy, el viernes 18 de octubre de 2019, comenzó la primera revolución de la era digital en Chile. Un siglo y dos años después de la revolución de octubre en Rusia. Muchos en Chile niegan que estemos viviendo una revolución. Pero están equivocados.

¿A qué se debe esta tesis? Más que nada, al conservadurismo. Es decir, el elegante exceso de información y de rigor, que está adobado por una conmovedora falta de imaginación. El sector dirigente de la sociedad chilena se esfuerza por entender la realidad con un arsenal de conceptos obsoletos. De ahí su despiste. No sabe dónde está.

Algún abogado doctorado en filosofía dictamina que no es una revolución porque ni S.E., ni su familia, ni  su gabinete (¡Dios no lo permita!) han sido ni guillotinados (como María Antonieta por la revolución francesa) ni acribillados (como el zar Nicolás II y su familia por orden de Lenin).  Intenta tapar el sol con una moneda.

Desde 1989, cuando nació la web, vivimos un tiempo histórico nuevo, distinto de la modernidad. Pero ni la elite académica chilena se entera. Gran ejemplo de la paradoja de la era digital: nunca habíamos sido tan ricos en términos materiales, ni nunca el sector dirigente de la sociedad (es decir, la elite y su público, la periferia ilustrada) había sido tan pobre en términos espirituales, intelectuales o educacionales.

Daré un ejemplo referido al tozudo “monito mayor”. ¿Qué hacía S.E. ese mismo viernes 18 en la noche, presidiendo el cumpleaños de un nieto en un restaurante en Vitacura? ¿Acaso sus asesores no le informaron que en la era digital no le convenía hacerlo?

¿Fallaron los jóvenes maravilla que encabeza el discretísimo Ministro Secretario General de la Presidencia? ¿Cómo no preveer las consecuencias? Diez segundos después de difundidas las fotos que tomaría el público con sus celulares en el restaurante, diez mil personas estarían enteradas. Diez minutos después, un millón de personas. Y, en media hora, todo Chile estaría hablando de eso. Es la era digital, lo primero que tenemos que tener en cuenta.

¿Qué hacía Piñera, quien votó en contra de prorrogar por ocho años el mandato de Pinochet en 1988, Piñera, el hombre que con esfuerzo y pillería se hizo millonario para alcanzar la jefatura del Estado, Piñera, un descendiente del ilustre presidente Francisco Antonio Pinto (sí, el mandatario que contrató a Andrés Bello para servir a Chile; suegro del presidente Manuel Bulnes Prieto; y padre de don Aníbal, presidente de Chile durante la guerra del Pacífico) festejando mientras el Estado que juró defender sufría una revolución? Estamos en un tiempo histórico nuevo, que sucedió a la modernidad. Hace hoy dos meses que vivimos nuestra primera revolución en la era digital.

La autoproclamada “prensa seria”, esclerótica realidad hoy moribunda, bautizó a la revolución con un ruido picante, “estallido social”, intentando ningunearla. Tal voz mi siquiera funciona en un poema. ¿Qué vate diría: “La primavera había llegado / Brotaban los cerezos en un estallido blanco”? Ninguno. Pero ahí está el corifeo imbécil hablando de “estallido social”. ¿Será miedo incluso de la voz “revolución”? No quieren tomar nota del tiempo histórico que estamos viviendo, que es distinto de los anteriores.

Que la revolución sea una crisis no necesita respaldo. Un mantra, como bien sabe S.E., proclama que una crisis es una oportunidad. Porque solo entonces se distingue el verdadero liderazgo, el que transforma la crisis en oportunidad. ¿Dónde está el liderazgo de S.E.? No basta con proclamar que no abdicará. ¿Qué oportunidad nos ofrece?

En la generación anterior, en los treinta y cuatro años que han transcurrido desde que Pinochet designó a Buchi en Hacienda, Chile pasó de estar, supongo, en el 60% más rico de la humanidad a estar en el 20% más rico, el penúltimo integrante de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Es decir, de tener el 50%, o algo más de la mitad de la población, viviendo bajo la línea de la pobreza a solo tener ahí un 10%. Y un PIB de US$ 25.000. ¿Son estas noticias buenas o malas?

No vale la pena conversar con quienes nieguen que son buenas noticias. La vida es corta, demasiado corta. Pero, conversando entre quienes pensamos que sí son buenas noticias, ¿acaso no podríamos proponernos como desafío encumbrarnos en los próximos treinta años, en la próxima generación, a la mitad del listado OCDE del 20% más rico de la humanidad? Es decir, pasar a un PIB de US$ 40.000? Por cierto, con una distribución acorde con la actual era digital.

La revolución de octubre de 2019 en Chile muestra el agotamiento del modelo de crecimiento económico iniciado en 1985. Y la urgente necesidad de radicales reformas que adecuen a los tiempos nuestro entendimiento de dos conceptos clave: el de propiedad privada y el de clase política. Solo así Chile podría mostrar que, en la era digital, es posible combinar crecimiento económico bajo un sistema capitalista con una administración política basada en la democracia y el respeto de los derechos humanos. ¿Cómo hacerlo? Cuando S.E. me llame, le contaré.

Miguel Orellana Benado
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