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EDITORIAL | El compromiso de El Desconcierto con el periodismo de calidad y la sociedad chilena

Por: El Desconcierto / Publicado: 20.12.2019
EDITORIAL | El compromiso de El Desconcierto con el periodismo de calidad y la sociedad chilena Comunidad Desconcertada /
El Desconcierto acaba de entrar en una nueva etapa; una que busca fortalecer nuestra estructura interna para continuar entregando más y mejores contenidos de calidad. Queremos que nos acompañen en este nuevo desafío, contándonos sus realidades, los problemas que los aquejan, los focos e investigaciones que esperan que nuestro equipo periodístico despliegue. Pero también, que se sientan parte de la construcción de este medio de una forma más cercana y activa. Para ello lanzamos una campaña de socios/as para formar, muy en sintonía con el despertar chileno, la que hemos denominado ‘Comunidad Desconcertada’. Los y las invitamos a sumarse a esta iniciativa, a ser parte de este proyecto comunicacional, y a acompañarnos en nuestra tarea diaria de seguir registrando y contextualizando el nuevo amanecer de Chile.

*Por Gonzalo Badal, socio fundador y director ejecutivo de El Desconcierto.

El tsunami de conciencia que ha generado el estallido social es un portentoso baño de sanación para el alma herida de los chilenos y chilenas y una increíble oportunidad de transformación para nuestra sociedad. Un salto cuántico de conciencia difícil de procesar de buenas a primeras, pero que con el correr de los días, semanas, meses y probablemente años, iremos sopesando con mayor templanza y lucidez. Por ahora las fuerzas y emociones que emergen son muy disímiles y pendulares: las sensaciones de incertidumbre y desasosiego comparten derroteros con espontáneos signos de esperanza, solidaridad y alegría carnavalesca en la población; la fractura de la sociedad respecto del modelo político, social y económico es total y nos conmueve tanto en nuestro fuero más interno como en los intersticios más simples de la vida cotidiana: ¡Chile Despertó!

La primavera de octubre del pueblo en su marcha irrenunciable por dignidad no solo desnudó los efectos de aquella alza detonadora de 30 pesos del pasaje del metro y de estos 30 años de neoliberalismo consolidado en la ‘democracia protegida’ que puso término a la dictadura, sino que está develando de forma sutil y violenta a la vez, los innumerables rincones por donde se ha construido por siglos un sistema reproductor de privilegios y abusos. El grito de la calle, retratado en los innumerables rayados y grafitis del centro de la capital y las principales ciudades del país, ha sido implacable contra la desigualdad y la violencia estructural que ha sustentado el modelo: pensiones miserables, salarios mínimos, precario sistema de salud pública y educación de mala calidad para la mayoría de la población, en tanto seguridad y ostentoso bienestar material para una parte muy minoritaria del país, privatizada en su propia burbuja de privilegios.

Los chilenos y chilenas despertaron de un aletargado sueño normado por el ethos económico del individualismo y la competencia, la ilusión del consumo, el miedo y la inseguridad de perder la fuente laboral, para abrirse a un portal liberador basado en la confianza, el diálogo y la esperanza de un buen vivir para todos. Pareciera que el principio político del bien común comienza a germinar en búsqueda de bienestar material y espiritual para la sociedad en su conjunto, pero la historia ha demostrado que se trata de camino arduo y muy complejo. Los poderosos intereses de la elite política-empresarial chilena más conservadora que desea mantener el status-quo del modelo —basado en la apropiación y renta de los recursos naturales y la privatización de los servicios básicos dentro de un Estado subsidiario—, se enfrentan a las numerosas y cada día mejor organizadas y creativas fuerzas de la sociedad civil que propician la emancipación del cuerpo, la vida y ocupación del espacio público en sus múltiples dimensiones. De aquí el momento inquietante, vacilante, de avances y retrocesos, desesperante quizá, donde pareciera que todo y nada es posible al mismo tiempo.

La incontenible presión de la calle junto a las reivindicaciones de importantes organizaciones sociales por cambios efectivos en las condiciones de vida de la población, ha obligado al gobierno de Sebastián Piñera a negociar una urgente agenda social a través de un parlamento deslegitimado y partidos políticos cuestionados severamente en su representatividad por parte del conjunto de la sociedad movilizada. Presión que ha desbordado al gobierno y las fuerzas policiales en su objetivo por reestablecer el orden público para controlar el vandalismo y los saqueos, rechazados ampliamente por la ciudadanía, pero que en su intento por aplacar al movimiento social ha franqueado los límites tolerables de represión, infringiendo graves violaciones a los Derechos Humanos de cientos de manifestantes, constatados y denunciados por importantes organismos internacionales. Por todo aquello surge ahora, en medio de la profunda crisis política, social y medioambiental que vive el país, la irrenunciable demanda de la ciudadanía por cambiar la constitución de 1980, redactada entre cuatro paredes en dictadura, por una auténticamente democrática que exprese el sentir mayoritario de los chilenos y chilenas. Una constitución emanada de un amplio y profundo proceso de diálogo deliberativo y participativo, basada en el principio político del bien común, que ponga la vida y a los seres humanos en el centro de su atención y que sea pensada y redactada desde la soberanía de nuestros recursos naturales y de la sostenibilidad del medioambiente, los territorios y de las comunidades que lo habitan.

En este contexto, de profunda crisis institucional de nuestra democracia representativa, se torna imprescindible la presencia activa de medios y plataformas de comunicación independientes y pluralistas capaces de informar verazmente a crecientes audiencias, de manera de contrarrestar el sesgo informativo en defensa del modelo de los medios de masas pertenecientes a grandes grupos económicos y la proliferación de fake news (noticias falsas) y post-verdad (mentiras) en las redes sociales, en un contexto de extrema desigualdad e inequidad en la cual se ejerce la libertad de expresión en nuestro país. La formación de opinión y construcción de lectores y lectoras con pensamiento crítico es una tarea clave de los medios independientes en todo el mundo, en tanto la lectura es un comportamiento individual y colectivo de alto valor cultural, económico y político; así lo han entendido las sociedades democráticas más avanzadas, las que han hecho de la libertad de expresión, el derecho a la información y el conocimiento las claves de su desarrollo.

Este ha sido el gran desafío que nos propusimos hace ocho años un grupo de profesionales del mundo de las comunicaciones y las ciencias sociales cuando iniciamos este proyecto: desarrollar un medio independiente y con vocación de masividad orientado a los derechos sociales, el medioambiente, la cultura, los pueblos originarios, con énfasis en las principales tendencias transformadoras de la sociedad actual, tales como el feminismo, los temas de género y diversidad sexual, entre otros; enfocados en la fiscalización del poder, la corrupción y la transparencia. Y en eso estamos, levantando contenidos, notas, testimonios, entrevistas y programas de conversación en diversos formatos; construyendo relatos y dando espacios de opinión a un sinnúmero de voces de los más diversos campos del pensamiento y la acción social, para dar cabida a los temas que están conformando este nuevo país: un Chile inclusivo, diverso y genuinamente democrático, construido en base a la colaboración y confianza entre todos las personas que lo habitan.

Pero como cualquier empresa, un diario digital como el Desconcierto requiere lograr la necesaria sostenibilidad para perseverar y cumplir su misión, de modo de no abortar en el intento. Por todo aquello, más allá del enorme esfuerzo económico y energías desplegadas junto a un importante grupo de periodistas y colaboradores para levantar y persistir en este proyecto comunicacional (que durante 8 años ha crecido en forma orgánica y ya supera los 4 millones de lectores mensuales), decidimos levantar una campaña de socios/as que lanzamos a partir de hoy para formar, muy en sintonía con el despertar chileno, la que hemos llamado ‘Comunidad Desconcertada’. Te invitamos a apoyar el periodismo independiente sumándote a esta comunidad abierta de reflexión y pensamiento crítico para el Chile de todos y todas. Puedes acceder a esta campaña cuyo eslogan es ‘Ponte con Luca’ e informarte de los diversos beneficios para esta comunidad de socios/as a través del siguiente link:

https://comunidaddesconcertada.cl/

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