Política

Carlos Ruiz Encina dispara a un golpeado Frente Amplio: “¿Qué hace (Jorge) Correa Sutil asesorándolos para buscar acuerdos?”

Por: Diego Alonso Bravo C. / Publicado: 25.12.2019
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El autor de "La política en el neoliberalismo. Experiencias latinoamericanas" (LOM, listado como uno de los mejores libros de no ficción del año), analiza el escenario actual del país tras el estallido social, de la miopía que está sufriendo toda la oposición; y del frenteamplismo, coalición a la que fue vinculado como su "ideólogo".

Cuando se firmó el acuerdo por la paz entre los parlamentarios, Carlos Ruiz Encina (doctor en sociología, director de la fundación Nodo XXI e indicado como ideólogo del Frente Amplio (FA) -categoría que no comparte y que, aclara, fue puesta por la prensa-) no fue siquiera consultado. Pese al gesto, piensa: “hay que abrir el camino constitucional porque hay que constitucionalizar la salida del neoliberalismo. Es decir, hay que darle un giro al modelo de desarrollo y eso significa un cambio de Constitución y es imposible hacerlo con reformas sustantivas. Pero no estoy de acuerdo en cómo se hizo”.

Hace unos días, su libro “La política en el neoliberalismo” (LOM) fue destacado por El Mercurio como uno de los mejores del año en la categoría no ficción. En él hace un ejercicio comparativo del modelo económico y los efectos que ha tenido en la política de Argentina, Brasil y Chile. El resultado, para el caso nacional y los 30 años del neoliberalismo chileno (“son 50”, precisa Ruiz), es un “engendro del neoliberalismo, que se construyó en un nuevo paisaje sociocultural, no el (neoliberalismo) del siglo XX. No es el del movimiento obrero. Por eso no está precedido de esas banderas. Por eso es que explota. Y en este rato (está) en un proceso de formación de nuevas subjetividades, que es intensísimo”.

—Tu postura frente al acuerdo es crítica. ¿Qué hizo mal la izquierda al participar de él?

“En estos momentos tienes una sociedad movilizada que quiere ser vista. La que mancha todo con carteles, donde no están las banderas de los partidos, ni de los grandes sujetos, incluso no solo político, sino que sociales del siglo XX (los grandes sindicatos, etc.). Es otro tipo de identidad. Tu no puedes recurrir a la forma de política de los noventa, de la transición, para resolver algo que es loable, que hay que buscar. Lo que ha habido es un parlamento sitiado por la presión popular, que es distinto, y que ha presionado estas cosas. Pero estos juegos de opacidad política es lo peor que se puede hacer. Ahí el Frente Amplio tiene una contradicción no resuelta: o se ahoga en las formas más descompuestas de la política de la Concertación; o es capaz de renovar la política por nuevo ciclo histórico y hacer las cosas de otro modo. En eso, tiene el taxímetro corriendo”.

—¿Es la forma en la que el FA lo hizo lo que te molesta?

“Es una negociación que en la forma que se hizo, no tiene destino para asentarse en la transformación”.

—Pero dado lo orgánico del movimiento, pareciera que todo llevara a una canalización de las demandas por medio de una democracia más directa.

“Aquí se construyó un abismo entre política y sociedad: tenemos las tasas de participación más baja de América Latina, un 40%. Chile es un país sin grandes mayorías políticas, sino con una desidentificación enorme. A eso súmale que vota cruzado: candidato a presidente de una alianza, candidato parlamentario de otra. O sea, lealtades políticas débiles. Pero todo eso que podría parecer una “despolitización” no se da en el contexto de una sociedad; por el contrario, se da en el contexto de una sociedad que se viene movilizando de manera creciente, por lo menos desde el 2006 sin parar. El “no lo vemos venir” es el no querer ver nada. Lo que no quiere decir que ahora tuvo una magnitud nueva, eso es cierto. En el abismo entre política y sociedad, la sociedad estalla y de alguna manera, conmina a redefinirse a la política, a reorganizarse. La política, frente a eso, reacciona aturdida e intenta una solución oscura, negociada, encerrada. Esa no es la vía. Ahora, hay que abrirle camino a una solución constituyente. No se trata de ser el héroe de las negociaciones oscuras. Porque hay conversaciones que ocurrieron y que no sabemos de qué trataron”.

—Tu tienes diálogos con Luis Mesina, de No+AFP y que estuvo la noche de la firma del acuerdo, además de los parlamentarios frenteamplistas.

“No, pero las formas en que las hacen no creo que lo sepan los que estaban ahí ese día. Se hacen en las oficinas de Coloma, en esos lugares. Tenemos una sociedad que tiene una lúcida desconfianza de esa política de ya 30 años. Pregunto yo: ¿qué hace Correa Sutil asesorando a gente del Frente Amplio para buscar ese tipo de acuerdos?”.

—Todo eso apunta a una nueva configuración de la participación ciudadana.

“Ahí creo que no podemos ahogarnos en la discusión procedimental, sino que en la izquierda tenemos un déficit en la discusión en términos de modelo de desarrollo. Eso es el libro. Podemos acordar paridad, cuotas de independientes e indígenas, ¿y después qué? Me vas a decir derechos sociales, pero como modelo de crecimiento, ¿qué queremos?”.

—Ese es un problema. 

“Porque tenemos una izquierda que no debate sobre eso. Primero, no hemos sacado bien las cuentas de la crisis del socialismo del siglo XX; segundo, hagamos un balance del progresismo. Ahora, se genera un modelo absolutamente primario exportador, extractivista, y con eso vives un boom muy fuerte en los noventa. Ese boom generó una paradoja, porque a la vez que crea un ingreso gigantesco en toda la sociedad, a la misma vez aumenta la desigualdad. ¿Por qué? Porque el tipo de desigualdad no es el mismo que en América Latina, que es que esté dado por la pobreza, sino que está dado por la alta concentración de la riqueza. Hay un sector que se escapa para arriba y es el que absorbe gran parte de ese crecimiento del ciclo primario exportador. Ahí se crea una especie de casta neoliberal. Ahí, que es con la que está explotando hoy la gente, hay una mezcla de élite del sí y del no: ahí se produce una fronda, donde entran Montescos y Capuletos, moros y cristianos.

—Es el grupo que concentra ese gran porcentaje del PIB.

“Exacto. Y ahí no se entiende que Chile, país con altos ingresos, el “oasis”, se esté rebelando. O salen otros que dicen: “la rebelión de los saciados”. Pasa que se empezó a concentrar y monopolizar las oportunidades. Además, construyen un sistema de cierre cultural: sus colegios, sus barrios, sus centros vacacionales, sus centros confesionales”. 

—La desigualdad no solo económica.

“Exactamente. Y ahí empieza la pelea por la meritocracia: hago todo esto, mi doctorado y no puedo entrar allá, y el hijo del dueño que no ha hecho nada, termina dirigiendo la empresa. Ahora, las ventajas primarias de los noventa no se vuelven a dar. La sociedad no tiene los mismos patrones. Se agotan afuera. Es un tipo de inserción primaria exportadora de la economía mundial. Y volvemos a la Constitución: una de las cosas que se tiene que cambiar y que la izquierda no discute es cómo cambiamos el modelo primario exportador. Por otro lado, tienes ese sistema exportador de recursos naturales sin valor agregado, que se lleva el recurso y despedaza el medioambiente.

—Por ejemplo, la venta de cobre al oriente y el regreso de este como un producto.

“O los peces que vuelven pulverizados. Cero valor agregado. Pero al otro lado, y a la misma vez, estuviste mercantilizando la educación superior: hoy tenemos 1 millón 300 mil estudiantes en la educación superior en Chile. Absolutamente mercantilizado. Con esa cifra, en una sociedad de 18 millones de personas, vas al 7%, 8%, 9% de la población metida en ese juego. Imagínate la cantidad de gente que gradúas, pero por el otro lado tienes un modelo primario exportador que solamente utiliza mano de obra barata. Es la tormenta perfecta. La gente no se explica por qué explotan esos profesionales: por qué explota Maipú, La Florida. Porque dicen: “van a explotar los más pobres”. No, está explotando todo el mundo. Sino, no te puedes explicar a un millón de personas marchando contra el sistema de pensiones. Se empieza a construir este nuevo pueblo contra esta casta oligárquica. Por eso no sirve ese tipo de soluciones políticas”.

—Consideremos este momento como una fractura del tejido social: el modelo con consecuencias en cómo nos relacionamos. Tras la misma fractura, ¿ves una reconfiguración, un nuevo diálogo?

“Cuando hablan de nuevo pacto social, yo me pregunto por qué nuevo, si nunca hubo uno. ¿Cuándo fue invitada la sociedad a discutir un pacto social o un modelo de desarrollo? Aquí se naturalizó un modelo de desarrollo heredado y solo se democratizó la esfera de la política formal. Pero la discusión económica y social no se abrió nunca en la transición. Ese es uno de los grandes costos de la transición. En el fondo, lo que está haciendo esta sociedad en este rato es hacer un juicio, una revisión. Por eso no son 30 pesos, son 30 años. En ninguna parte del mundo tienen un neoliberalismo como el de Chile. Esto te permite analizar un neoliberalismo avanzado, con todas sus vicisitudes, sus necesidades, y terminó engendrando otro mapa, que no es el de la sociedad industrial o la vieja clase media. Son otros grupos”.

—¿Cuáles son las características del nuevo grupo? Considerando que se desarrolló sobre principios de competitividad feroz, de individualidad enorme.

“Una incertidumbre, inestabilidad de las posiciones sociales. La gente tiene una expectativa de que cuando va a alcanzar un título profesional, los padres del estudiante o los hijos del estudiante, en este momento lo que va a adquirir es un acceso a aquella situación pretérita de clase media, con ese tipo de estabilidad, ese tipo de integración sociocultural y ese peso sociopolítico. A ninguna de las tres cosas llega. El tema de las clases medias fue muy manoseado. Y al revés: este neoliberalismo no ha creado nuevas clases medias. Eso es falso. Y peor todavía: ha destruido a las nuevas clases medias. Lo que ha tendido es a aplanar hacia abajo que hoy en día le explota y se le viene encima. ¿Contra quién? Contra una élite muy estrecha, que es la del gran abuso”.

—Vuelve también la palabra “pueblo”.

Pero es el pueblo neoliberal. Es el pueblo que es el engendro del neoliberalismo, es el que se construyó en este nuevo paisaje sociocultural”.

—¿Nos vemos el mismo pueblo como “engendro del neoliberalismo? ¿Nos prometieron lo mismo y eso hace que nos unamos?

“Sí, si revisas la relación del significado cultural que tenían estas categorías a mediados del Siglo XX, claro, somos profesionales conversando: un sociólogo y un periodista. Eso correspondería, en la vieja usanza, a cierto estatus que hoy no corresponde. Ahí vemos el holograma gigantesco que se ha construido en todo esto. Por eso en el libro discutí: diferenciemos neoliberalismo, teoría de mito. Hay que diferenciar mucho: estamos peleando contra un ideario que nos han vendido, pero que no es sustantivamente ese. En eso la izquierda sigue reproduciendo un desarme político gigantesco. Por eso hay que construir una izquierda nueva para este nuevo pueblo. Porque el pueblo del Siglo XXI, es un pueblo sin izquierda todavía”.

La nueva izquierda

—Esa nueva izquierda que mencionaste no pareciera coincidir con la actual, que en vez de ser representativa, solo divide.

“Lo correcto debería ser apropiarnos de las nuevas condiciones transformadas, de la realidad que arrojó esta mutación neoliberal. Eso significa, de una vez por todas, acumular hacia adelante, al que no está acumulado, y no hacia los costados, robándonos unos a otros la gente. Eso significa que estamos en una especie de defensiva identitaria, la cueva de los convencidos. Por ejemplo, este es un individuo que, a la vez que te pide derechos sociales universales, también pide autonomía individual. Y la izquierda nunca ha sabido lidiar mucho con la demanda de la autonomía individual. Hay un individuo nuevo, distinto, con el cual la izquierda no sabe lidiar. Tenemos que hacer un esfuerzo de apropiación de esas nuevas condiciones, porque esto nos va a implicar salir de la oferta de la que no sabe salir la izquierda, de más Estado para todo. Hay que arribar un nuevo aparato y equilibrio entre Estado e individuo. Hay esferas en las que el individuo no quiere que el Estado se le meta. Incluso en cosas de la sociedad civil, de las sociedades, que quieren resolver a su pinta, y no que se las resuelva el Estado”.

—¿Es soberbia imponer la definición de nueva identidad de izquierda sobre el nuevo individuo?

“La izquierda no se ve en la derrota. La izquierda todavía está peleando con el capitalismo del Siglo XX, de mediados de ese siglo. Eso es como pegarle combos al aire. “

—¿No ha sido propositiva la oposición?

“Es una discusión que no se da en la izquierda, tampoco en el Frente Amplio, tampoco el Partido Comunista, tampoco el Partido Socialista, y que estamos solamente en la especie de cuestión defensiva de protesta. Los derechos sociales universales no bastan, porque ahí solo pides protección”.

—Un cambio de Constitución se hace imperante. Pero ¿ves un cambio, o una disposición al cambio de mentalidad neoliberal, entre quienes conformamos el país?

“Pero mira lo que nos dijeron: que éramos unos animales de mall, y mira lo que ha estallado en las calles. Además, con un nivel de creatividad enorme. Y la gente con un nivel de instrucción bastante alta para estar en una posición de país subdesarrollado en el que estábamos. Se rompieron muchos mitos: los jóvenes eran muchos imbéciles nihilistas que miraban al Chino Ríos. Entonces Chile despertó, pero ¿quién lo despertó? Fueron los jóvenes”.

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