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Opinión

Adiós 2019, el año en que a los chilenos se nos partió el corazón

Por: Richard Sandoval / Publicado: 31.12.2019
Adiós 2019, el año en que a los chilenos se nos partió el corazón rinde / Foto: Agencia Uno
Con los cuerpos estropeados, las ropas dañadas, ya no volvimos a ser los mismos. Tuvimos que conversar, sacar del paro a los que de pronto no daban más, y despedir a los muertos, a los casi treinta que pusieron sus vidas por delante para permitir que el resto se salvara. A los que se arrancaron el corazón. Vimos caer a niños, vimos a miles ser arrestados, atacados por las fieras marinas que creíamos superadas, los tiburones armados de tiempos dictatoriales que salieron a matar.

2019 es el año en que se me partió el corazón, se nos partió, para sangrar sin disimulo, culpas ni vergüenzas. 2019 es el año en que ya no pudimos sostenernos de pie, oxigenados por el corazón de mentira, el corazón brillante que nos hacia caminar por un lago congelado, precioso, el hielo que creíamos tan sólido, el hielo que era el Chile neoliberal en marcha, en crecimiento, una pista perfecta, el Chile de frágil hielo hermoso que se quebró en miles de hoyos en los que caímos de sorpresa mientras se incrustaban en nuestros cuerpos las puntas del hielo roto, hiriendo, aquel 18 de octubre, los corazones de todos los chilenos, tiñiendo las aguas de intenso y rabioso rojo.

Y en las aguas frías y profundas del Chile real nos encontramos, nos tuvimos que encontrar, a la fuerza, nos ayudamos a nadar, a tratar de respirar, renació la solidaridad, y con ella la esperanza. Con los cuerpos estropeado, las ropas dañadas, ya no volvimos a ser los mismos. Tuvimos que conversar, sacar del paro a los que de pronto no daban más, y despedir a los muertos, a los casi treinta que pusieron sus vidas por delante para permitir que el resto se salvará. A los que se arrancaron el corazón. Vimos caer a niños, vimos a miles ser arrestados, atacados por las fieras marinas que creíamos superadas, los tiburones armados de tiempos dictatoriales que salieron a matar.

Pero resistimos. A algunos se les destrozó la vida en el camino, pero resistimos. Ahí estuvieron los imprescindibles para ponernos de pie. No faltaron los traidores que se apoyaron en nuestros hombros para salvarse solos, los que alentaron a los tiburones a afilar sus dentaduras, los que quisieron volver a parar a Chile sobre el mismo hielo roto, sobre la escarcha esparcida sobre el agua como escuálida alfombra. Pero los chilenos siguieron resistiendo. Continúan en el agua, aguantando el frío, frenando a los tiburones desde la primera línea de combate cada viernes, buscando en las inestabilidades del océano, en las indescifrables tempestades, los pedazos de hielo más sólidos, para así rearmar el país de fantasía con un piso de verdad, uno que nos soporte a todos por igual, uno que proteja con franqueza de fieras y tiburones. Un país que sin asco se pueda mirar a los ojos. Al 2020 llegamos con el corazón roto, pero quizás esta sea la mejor versión de nuestro corazón, porque por fin vemos nuestra sangre, la pasión, la rabia, el amor, el propio, el de la Dignidad oculta, olvidada. En la sangre de nuestro corazón roto descubrimos, para 2020, la casi extinguida esperanza. La de querernos primero a nosotros mismos, los chilenos siempre al borde del abismo.

Richard Sandoval
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