Opinión

Chile 2019: tanto va el cántaro al agua que al final se rompe

Por: Nicol Mulsow García / Publicado: 01.01.2020
plaza / Foto: Agencia Uno
Una de las causas que más apoyo popular ha logrado en estos últimos años es el movimiento feminista. ¡Y cómo no! si ha venido a remover las conciencias a nivel tal que nadie ha quedado indiferente ante el destape de la cruda realidad. El aumento de las denuncias por abusos, de violencia contra las mujeres y la toma de conciencia de que podemos generar una sociedad mejor, sin violencia y sin machismo, ha calado hondo en el corazón chileno y veo, con orgullo, como hoy nuestro país ha tomado la delantera feminista internacional.

Pareciera que hubiésemos retrocedido al tiempo de la colonia, pero no, aún estamos en el sXXI. Y es que con tanta revolución, cabildos y asambleas da la impresión de que estuviéramos reeditando el proceso de independencia, y quizás así sea. Se ha hablado hasta el cansancio de las múltiples causas de ésta Primavera Chilena que estalló el 18 O, y aunque hay quienes pretendan, desde la miopía centralista, adjudicar el motivo del descontento social a la imposibilidad de usar el metro, hoy mismo leía en twitter una publicación de 2013, donde la, en ese entonces, presidenta Bachelet aseguraba que la desigualdad era el motivo del descontento social que veía con preocupación ir en aumento.

Para vislumbrar soluciones a nuestra crisis, es preciso comprender el lugar que ocupa Chile en el mundo, en Latinoamérica y el descontento social interno (hoy ira) causado por esta profunda desigualdad, que ha llevado a un improvisado ejército de jóvenes armados con palos y piedras (y algunas molotvs), a hacer turnos para no desocupar el centro neurálgico de la capital hasta que “algo cambie”. Y es que, aunque parezca increíble, a más de 70 días del estallido aún hay autoridades que prefieren culpar a conspiraciones internacionales de financiar a la llamada Primera Línea, en vez de hacerse cargo de la responsabilidad que le toca a cada figura de poder, cuyas decisiones moldearon una estructura de país que hoy hace agua.

Mirando en retrospectiva resulta fácil hacer juicios simplistas y sindicar al nacimiento del sistema de AFP como el origen de todos los males sociales, pero seamos sensatos(as). En los 80’ hasta Don Francisco hizo campaña para que la generación de nuestros padres (y madres), se cambiaran de sistema, tal como Iván Zamorano hiciera campaña por el Transantiago en 2007 y Fernando Godoy lo hiciera este año, invitándonos a ahorrar agua bañándonos en 3 minutos.

Estábamos dormidos. Desde los 90’ vivimos en una burbuja llena de matinales, programas estelares y de farándula chabacana que distraía a nuestra gente de todas esas decisiones que terminaron por dejarnos casi sin casa, casi sin salud, casi sin educación, casi sin trabajo, y ahora, casi sin país.

El 97 yo era dirigente estudiantil de un liceo emblemático en Temuco y veíamos de lejos como la UFRO hacía paros por el valor del pasaje escolar. En esa época Frei era presidente y los estudiantes secundarios no alcanzábamos a entender decisiones como la de eliminar asignaturas del currículum educacional. Mi generación fue la última en recibir Educación Cívica obligatoria. Menos íbamos a entender o reclamar por la decisión de privatizar un bien nacional de uso público como el agua. Ya en la universidad y en pleno gobierno de Lagos, tampoco entendimos cómo afectaba a los fondos de pensión la rebaja del porcentaje de “encaje” que obligaba a las AFP a responder por las pérdidas ocasionadas por malas decisiones de inversión y ciertamente tampoco entendimos por qué se eliminó el voto obligatorio y se rebajaron los años de mandato presidencial de 6 a 4 años, justo antes de que eligiéramos a la primera mujer presidenta de Chile.

¡Hoy lo vemos! Las reformas educacionales que dejaron a generaciones sin Educación Cívica, sin Filosofía, con menos horas de Historia y con largas jornadas escolares causaron un total desinterés de la juventud por los asuntos del Estado. Y sin más alternativas que las presentadas por el mercado, decidieron jugar el único juego que el sistema les ofrecía y que les prometía un futuro esplendor: salir de 4to medio, dar la PSU, endeudarse para estudiar una carrera, ser profesional y lograr la independencia económica, el auto, la casa, el perro y el gato del comercial de televisión. Sin embargo, esa promesa nunca llegó.  Y a 10 años de la reforma educacional impulsada por Frei, fueron los estudiantes secundarios quienes alzaron la voz, alertando de las falencias de un sistema que terminó con la ministra del rubro destituida en el congreso, con campanazo y todo.

La Revolución Pingüina de 2006 marcó el inicio de la época de marchas en Chile y desde ese año en adelante las calles de Santiago y de las principales ciudades del país no han parado de ser ocupadas. Para cualquier autoridad es irresponsable decir hoy que no vieron venir esta crisis, cuando llevamos 14 años de manifestaciones ininterrumpidas de Pingüinos, Profesores, Estudiantes Secundarios, Marcha de los Enfermos, ANEF, CUT, Gremios de la Salud, Movimientos LGTBIQA+, No + AFP, Mapuches, Aborto 3 Causales, Ni Una Menos, Revolución Feminista y hoy, la Revolución de los 30 pesos.

Por otra parte, también es necesario ver y hacernos cargo de que, como país, construimos una imagen de solvencia y estabilidad durante las primeras décadas del siglo, a sabiendas de la fraguante crisis interna. Atrajimos inversión extranjera, negociamos con USA, China, Mercosur. ¡Hasta limpiamos nuestras carreteras para la primera cumbre de la APEC!  y entramos a la OCDE. Todo esto a punta de fórmulas económicas macro que sólo se enfocaban en impulsar la actividad económica, controlar las presiones inflacionarias, incentivar las colocaciones de crédito del sector comercial (o sea el aumento del endeudamiento) y en el aumento de impuestos dirigidos a emprendedores y pequeñas y medianas empresas. Pero aun así, los beneficios no llegaban la gente. Y es que la subsidariedad de nuestro estado utiliza esos dineros para contratar y subcontratar privados en condiciones de sobreprecio ridículas para entregar servicios básicos como salud, pensiones y educación. Y en esos pagos se va la plata.

Es así como terminamos pagando intereses para que las tiendas de retail nos presten nuestro propio dinero, ese que la AFP invierte en acciones de tiendas que cotizan en la bolsa, y que nos cobran a otro ridículo precio cuando pagamos en 12 cuotas el televisor o la play station que compramos con tarjeta para navidad. Mientras veíamos, incrédulos, cómo esas mismas cadenas de retail recibían perdonazos del SII y de la Tesorería General de la República.

Las empresas se coludieron y pagamos nuevamente precios ridículos por medicamentos, salud, agua, luz, gas, alimentos y hasta por el papel higiénico. Ni al baño podíamos ir sin ser abusados.

Pagamos la educación superior más ridículamente cara de la región, con un sistema de financiamiento que dejó a personas endeudadas de por vida, en un mercado profesional saturado, cuyas aspiraciones salariales al egresar, están muy por debajo de la promesa del mismo modelo que privatizó la educación.

A esto sumémosle que esta “bonanza económica” que algunos bautizaron como “el milagro chileno”, cuya base fue la privatización de casi todo y la recaudación extranjera de casi nada. Abultada por la burbuja inmobiliaria post crisis sub-prime y post terremoto 27F, donde la especulación sobre los bienes raíces se reflejó en otro ridículo aumento de las tasas hipotecarias, alejando aún más a las personas de la posibilidad de ser propietarias; atrajo a millones de inmigrantes de ésta Latinoamérica sumida en constantes crisis económicas y también de otros continentes, con la promesa falsa de que aquí encontrarían una mejor calidad de vida y podrían, además, enviar remesas de dinero a sus países de origen.

Era cuestión de tiempo para que todos estos factores confluyeran en la precarización del trabajo, el aumento de la cesantía, el surgimiento de sentimientos nacionalistas que culpaban a los inmigrantes de la crisis de empleo y el atosigamiento económico de la gran mayoría de las familias y que se endeudaban cada vez que tenían un problema de salud, o sus hijos pretendían ser profesionales, o llegaba la hora de pensionarse.

No fue sorpresa entonces que en una Latinoamérica con una Venezuela en crisis hace más de 10 años, con un Ecuador en revuelta desde el 1 de octubre, en Chile estallara el “18 O” y le siguieran el golpe de estado en Bolivia, la crisis social en Colombia y el recrudecimiento de la crisis en Haití.

Si miramos el concierto internacional vemos como las crisis se han sucedido una tras otra teniendo, en la actualidad, movimientos sociales permanentes en Francia, España, Hong Kong, Irak, Irán, Líbano, Israel, sin contar todos los movimientos ambientalistas que no han soltado las calles europeas en este tercer milenio.

Por otra parte, Chile se ha visto entre dos aguas debido a tratados internacionales surgidos de la APEC, principalmente con China y Estados Unidos, a través de los cuales hemos concesionado suelos, aguas, glaciares y hasta nuestro cielo, a capitales internacionales que extraen nuestros recursos naturales a precio de huevo devolviéndonos producto manufacturado a otro ridículo sobreprecio, y hemos comprometido nuestra producción agrícola y pesquera en ello, todo con el fin de que por favor generen empleo y mantengan activa nuestra economía, no vaya a ser cosa que se espanten esos capitales y dejemos de integrar el selecto grupo de la OCDE y nos volvamos pobres e ingobernables como la malograda Venezuela.

Y, como decía mi abuela, “tanto va el cántaro al agua que al final se rompe”, así mismo, el pasado octubre, Chile despertó. Los estudiantes secundarios, ya cansados de todos estos abusos que veían repercutir en sus padres, madres y en su propia vida, lanzaron la más osada maniobra de desobediencia civil que haya visto nuestro país en democracia, evadiendo pagar el pasaje de metro. Ante esto, la respuesta de nuestras autoridades no se dejó esperar, y en vez de liberar el pasaje para contener la manifestación y permitir que la mayoría de la gente retornara de su extensa jornada laboral con tranquilidad a sus casas, para luego sentarse con “los expertos” a repensar el alza, decidieron todo lo contrario. Y basados en la opinión experta de “esto no prendió, cabros” justo el día en que la joven madre estudiante de derecho Bessy Gallardo decía en vivo y en directo lo que mucha gente pensaba, pero no decía respecto de las causas del descontento social y la evasión, cerraron estaciones, detuvieron la red de trenes, impidieron el retorno de trabajadores y trabajadoras a sus casas, y encerraron a 300 personas con 100 efectivos de carabineros en el subsuelo capitalino, desatando el caos.

La cuenta desde el 18 O es larga y conocida, estado de sitio, toque de queda, saqueos, quemas, destrucción, violencia policial, violaciones a los DDHH, narcotráfico, torturas, mutilaciones y asesinatos. ¿No era acaso más barato liberar el pasaje de metro y sentarse a repensar y negociar? Cada día el costo de esta revuelta aumenta, las personas pierden sus empleos, los ojos e incluso la vida en Plaza Italia, hoy de la Dignidad.

En un conversatorio al que fui de panelista en San Joaquín, un asistente se paró y entre lágrimas preguntó ¿Qué lleva a estos cabros a exponerse así? Y es que quienes están enfrentándose a carabineros no son terroristas. Son jóvenes comunes y corrientes, sin militancia política conocida y, por cierto, sin financiamiento externo más que el de las colectas y donaciones que reúnen en sus grupos de redes sociales, redes universitarias y brigadas, y la gente coopera con su causa, que es la causa de la gran mayoría. Ya han perdido años de estudio, trabajos, familias y sienten que ya solo les queda perder un ojo de la cara o la vida.

En estos casi 70 días he tenido la oportunidad de relacionarme con tantas personas, tan diversas, desde autoridades hasta pobladoras. Hablo con las personas en el transporte público, en la calle, en locales comerciales, en reuniones familiares, y he podido notar que toda la gente cree que la mayoría de las personas piensan como ellos. Los que creen que el estallido es culpa de la izquierda internacional y de los violentistas, los que creen que la gente está cansada de violencia y quiere retornar a la normalidad lo antes posible, los que creen que todos deberían renunciar, los que creen que la primera línea son todos delincuentes, los que creen que carabineros son todos delincuentes o los que creen que carabineros está atado de manos. Tod@s, absolutamente tod@s creen que son la mayoría. Pero se equivocan.

Según las mediciones que han hecho distintas ONGs desde el estallido, corroborado con la opinión de cientos de personas con las que he podido compartir en estos 2 meses, la mayoría de la gente apoya el movimiento, no apoya la violencia, va a votar en el próximo plebiscito y está dispuesta a vivir la crisis en tanto los cambios traigan mejoras sustanciales para la calidad de vida de las personas, aunque sea en el mediano o largo plazo.

Una de las causas que más apoyo popular ha logrado en estos últimos años es el movimiento feminista. ¡Y cómo no! si ha venido a remover las conciencias a nivel tal que nadie ha quedado indiferente ante el destape de la cruda realidad. El aumento de las denuncias por abusos, de violencia contra las mujeres y la toma de conciencia de que podemos generar una sociedad mejor, sin violencia y sin machismo, ha calado hondo en el corazón chileno y veo, con orgullo, como hoy nuestro país ha tomado la delantera feminista internacional.

Y es que la viralización de la brillante performance de Las Tesis permitió visibilizar la realidad de las mujeres de todo el mundo y ha volcado las miradas hacia ésta larga y angosta faja de tierra y las mujeres luchadoras que la pueblan. La performance de Las Tesis Senior en el Estadio Nacional removió más de una conciencia de hijos, maridos y hermanos cayendo en cuanta de cuanta violencia sufrieron las mujeres de su familia. Hoy tenemos la oportunidad única de hacer historia dirigiendo el curso de un proceso constituyente paritario, que asegure la representación proporcional de hombres, mujeres y diversidades en la Comisión o Asamblea Constituyente que le dé a nuestro país una nueva directriz para el siglo XXI acordada por todas y todos.

Una constitución vanguardista que podría ser ejemplo mundial si conseguimos que las voluntades políticas y sociales se inclinen hacia el cambio paradigmático para que construyamos un Nuevo Chile, y logremos que este segundo proceso de independencia haga de la dignidad una costumbre.

Nicol Mulsow García
Trabajadora Social, especialista en juventudes y violencias
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