Cultura

El tesoro de TriBeCa busca hogar

Por: Bastián Fernández / Publicado: 06.01.2020
Colección de vinilos de The Archive of Contemporary Music / Fuente: Ok McCausland, The New York Times
Durante 30 años la fundación sin fines de lucro The Archive of Contemporary Music, ha ido juntando discos, los que en la actualidad suman más de tres millones. Además, en sus bodegas hay libros y kits de prensa. Esa colección que contiene álbums firmados por Johnny Cash, hoy está en busca de un nuevo hogar.

Nueva York es una de las ciudades más importante del mundo, y también de la música. En sus calles vio nacer y morir al punk, fue el hogar de Andy Wharhol y compañía, además de ser testigo privilegiado de la reinvención del rock a principios del nuevo milenio, con The Strokes, Interpol y Yeah Yeah Yeahs. En sus grandes edificios y avenidas, aún se esconden grandes tesoros, uno de ellos es la colección de la fundación The Archive of Contemporary Music, la que alberga más de tres millones de grabaciones, discos firmados, vinilos, kit de prensas y libros.

Algunos de los donadores de la colección han sido figuras como David Bowie, Lou Reed, Paul Simon, Jonathan Demme y Martin Scorsese. Todos estos reconocidos personajes de la cultura pop han entregado parte de sus obras a la fundación The Archive of Contemporary Music, quienes han almacenado y guardado todo este material, como si de oro se tratara.

Pero, ¿cómo inicia esta historia? En 1974, George, dueño de la fundación, llegó a Nueva York, para seguir sus estudios de artes visuales, mientras se desempeñaba como DJ en la ciudad. De ahí en más comenzó a reunir música, registros en vivo de los diferentes clubes de NY. A medida que su nombre fue haciendo ruido, su colección fue aumentando, hasta que en 1981, fundó The Archive of Contemporary Music.

Problemas financieros

La fundación que tiene sede en TriBeCa hoy arrastra un gran inconveniente: no tienen dinero para seguir pagando el arriendo. Bob George, dueño de la organización, señaló a The New York Times que en los 35 años que lleva en el lugar jamás había estado endeudado, pero los últimos tres le han sido bastante complejos de sostener, debido a las alzas en el precio del piso, y una deuda de US $100.000.

Para poder subsistir George señala que necesita de nuevos donantes, o derechamente de instituciones culturales como el Departamento de Asuntos Culturales de la ciudad de Nueva York, porque con lo que tiene hoy no le alcanza, para mantenerse en el mismo lugar, y desde TriBeCa le han informado que tiene hasta julio para desalojar.

El lugar que ha sido un espacio de inspiración, y una fuente invaluable de música, que, por ejemplo, le sirvió al supervisor de la música de “Taking Woodstock”, para dar con archivos inéditos del festival, como la presentación de Bert Sommer, hoy parece tender de un hilo. Sin embargo, a pesar del mal momento George confía en que saldrá adelante y seguirá el proyecto.

Una colección como la de Archivo de Música Contemporánea es vital, sobre todo teniendo en cuenta lo ocurrido con Universal Studios, donde se quemaron cintas originales e inéditas de Chuck Berry y Buddy Holly, eso fue lo que comentó Craig Kallman, director ejecutivo de Atlantic Records Group, a de The New York Times.

El futuro es hoy

Con la llegada de la era digital, el formato físico se ha puesto en duda debido a que tanto puede durar, y lo fácil que es su destrucción, ejemplo de ello es lo ocurrido en las bodegas de Universal Studios en 2008, en la que se perdió material de Tupac Shakur, Tom Petty, Nirvana y Soundgarden.

Bajo esa mirada, la fundación The Archive of Contemporary Music ya está digitalizando su extenso e increíble catálogo. Para ello recurrieron a The Internet Archive, quienes se encuentran trabajando en esta ardua tarea y así tener un respaldo de la colección en caso de cualquier inconveniente.

Pero, para Bob George la consigna sigue siendo la misma: el formato físico ante todo. De hecho, confesó que solamente es capaz de botar a la basura un disco cuando este es completamente irreproducible.

De momento, la fundación sigue funcionando, y solo el tiempo dirá cuál es el nuevo hogar de la fundación de George, esa que inició en 1981, cuando era solamente un joven estudiante de artes, que le gustaba tocar discos en clubs de Nueva York, y que hoy posee más de tres millones de piezas musicales.

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