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Opinión

Boric y Sharp en la prensa duopólica: el Síndrome de Estocolmo en el Frente Amplio

Por: Pedro Santander / Publicado: 20.01.2020
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La prensa duopólica no es el único espacio que tenemos, pero sí es el espacio de la elite, el espacio en que la “gente de bien”, la del statu quo, la no alienígena se encuentra, se lee, se manda recados, saben el uno del otro, se legitiman endogámicamente, construyen complicidad, fama y prestigio de fronda.

Las primeras palabras de Jorge Sharp, en octubre de 2016, cuando se confirmó su triunfo alcaldicio, de pie arriba de una improvisada mesa, en plena calle, frente a cientos que mirábamos entusiasmados y esperanzados, fueron “¡Se acabó el duopolio!”. Un mes antes, Gabriel Boric decía que “construir un nuevo proyecto de sociedad para las grandes mayorías solo será posible si se constituye un actor fuera del duopolio”.

Tan sólo han pasado tres años, y hoy ya sabemos y está claro que para conocer lo que ambos dirigentes piensan – doctrinariamente hablando-  debemos recurrir a la prensa duopólica. Desde ahí, Boric y Sharp han hablado en diversas ocasiones acerca de sus visiones de país, acerca de sus reflexiones políticas más profundas, acerca de la situación y los desafíos de la izquierda, etc., es decir, han dado a conocer sus planteamientos de carácter doctrinario, entendidos éstos como lineamientos políticos tácticos y estratégicos a seguir. No ha sido pues en los medios independientes, los mismos que siempre los han apoyado, donde podemos enterarnos de sus pensamientos políticos más profundos, de sus visiones más estratégicas, para ello debemos acudir a la prensa duopólica, especialmente a La Tercera.

La Tercera, el mismo diario que en estos 3 meses de estallido y movilización social ha operado con los servicios de inteligencia del país para acusar a supuestos venezolanos y cubanos de la violencia callejera y criminalizar así al movimiento social; el mismo diario que vinculó a Camilo Catrillanca, tras su asesinato, con la mentira del robo de vehículos.

¿Quiénes leen La Tercera? Por lo tanto, ¿a quiénes le hablan los dirigentes del Frente Amplio cuando hablan a través de ese diario duopólico? Según la Asociación de Agencias de Medios, el 56% de los lectores del diario papel son ABC1 y C2; en el caso de La Tercera digital el número sube al 64%. Es decir, la mayoría de los lectores de este diario no pertenecen al 70% de chilenos y chilenas que viven con menos de 550 mil pesos al mes, pertenecen a otra clase.

¿Qué sabemos de los hábitos de lectura de las personas? Son infinidad de cosas las que aún no están claras en el ámbito de los estudios de medios, pero hay algo que sí se sabe: uno tiende a leer los medios que lo identifican políticamente. Leemos con mayor agrado aquellos discursos y textos que nos se acercan a nuestras posturas, creencias, prejuicios e hipótesis. Y en Chile a las personas derecha le gusta leer La Tercera, a las mentes duopólicas le gustan los diarios duopólicos, a los de su clase, le gustan los de su clase.

Entonces, ¿a quiénes le hablan Boric o Sharp cuando desde La Tercera reflexionan en profundidad acerca de los temas país (en ocasiones también desde El Mercurio)? La respuesta es evidente, es obvia y no requiere mayor análisis: le hablan un pequeño segmento de ciudadanos ABC1-C2 que se identifican con la prensa duopólica, por lo tanto y por extensión, con la tradición duopólica construida en estos 30 años por la derecha y la ex Concertación.

¿A quiénes no le hablan? No le hablan a través de esas páginas ni a la militancia del Frente Amplio, ni mucho menos al mundo social. Es un misterio que ello ocurra, ¿qué sentido tiene reflexionar doctrinariamente desde la izquierda en medios de derecha, con lectores de derecha?

Ya no se puede decir que el duopólico es el único espacio que tenemos. Una de las interesantes cosas que ha demostrado empíricamente esta crisis social es el descrédito de los medios duopólicos, así como la importancia y la vitalidad de los medios independientes que, además, han visto multiplicadas su lectoría y sus comunidades digitales en varias veces. Efectivamente, todas las cifras demuestran que los medios digitales independientes han aumentado sus seguidores, que sus redes sociales han crecido exponencialmente y que etáreamente ha llegado a sus página un público que antes del 18 de octubre no las visitaba.

La prensa duopólica no es el único espacio que tenemos, pero sí es el espacio de la elite, el espacio en que la “gente de bien”, la del statu quo, la no alienígena se encuentra, se lee, se manda recados, saben el uno del otro, se legitiman endogámicamente, construyen complicidad, fama y prestigio de fronda.

¿Por qué entonces quienes proclaman el fin del duopolio quieren ser leídos en la prensa duopólica por mentes duopólicas? Difícil pregunta, tan difícil como entender el Síndrome de Estocolmo, ese trastorno psicológico temporal que hace que uno se identifique y sea benevolente con quienes te han maltratado. Afortunadamente la psicología sostiene que se trata de un síndrome “temporal”, esperemos que así sea.

Pedro Santander
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