Opinión

Crónicas de una infiltrada XIII: Amor fuera de la norma

Por: Alessia Injoque / Publicado: 14.02.2020
/ Foto: Alessia y Melina
En mis relaciones anteriores -ajustadas a la norma- estábamos ella y yo, pero también toda una sociedad que reafirmaba nuestro espacio y pertenencia. Con mi polola Melina -fuera de la norma- estamos las dos y nuestro amor nos sostiene, sin una sociedad que nos reafirme nos aferramos más fuerte la una a la otra.

Siempre fui amiga de la certeza, pero no siempre, tal vez casi nunca, podemos controlar el camino que recorremos. En mi andar he transitado muchas identidades y, a través de éstas, espacios diferentes de la sociedad: un joven soltero, un hombre casado, un señor ingeniero, una mujer trans insegura, una activista sin miedo y, en esta historia, soy una polola lesbiana.

Hay partes de los roles sociales que se repiten hasta que dejamos de notar que están ahí, se normalizan, se vuelven inconscientes. Así, todavía habituada al rol masculino en el que sociabilicé, mientras salía con Melina iba pensando cuánto tiempo debería esperar y cómo pedirle pololeo, así que no lo vi venir: una noche de verano llegué a un departamento iluminado con el fuego de cien velas y, con un fondo romántico, fue ella quien me tomó la iniciativa.

No sé si hay palabras para explicarlo, ya había pololeado antes, pero al mismo tiempo nunca había sido yo. Ella llegó a cambiarlo todo cuando me miró a los ojos, me vio a mí y se enamoró. Yo también me enamoré y así, de su mano, tuve que reaprender todo lo que sabía sobre el amor.

Crecemos rodeados de historias de amor, desde de Disney a la biblia nos repiten que el amor es lo más valioso e importante para la sociedad, pero no es tan cierto. Pueden ser las emociones igual de intensas y el amor tan sublime, en nuestras miradas profundas encontramos lo mismo, pero es diferente lo que vemos alrededor.

Tomar la mano de mi polola fue siempre un acto inconsciente, poner mi cabeza en su hombro y besarla sólo significaba amor, tenía tan naturalizadas estas expresiones que ni siquiera las consideré un acto de libertad. Pero para ella nada fue tan simple, Melina recorrió el mundo con consciencia del juicio ajeno, habitó espacios en que su amor estaba prohibido, donde la seguridad fue prioridad ante la libertad y la autenticidad un lujo reservado sólo para compartir con los más cercanos.

Caminando de la mano por las calles se escuchan comentarios y te juzgan las miradas, no son muchos, pero encienden una alarma visceral cuando te hacen sentir que tu amor no pertenece. Así, el afecto en público también se vuelve político, es reivindicar un espacio y reafirmar pertenencia, pero ¿dónde queda el amor?

Crecí en una familia conservadora entre conversaciones de matrimonio, celebración y tradición en la que compartimos nuestro amor con el resto de la sociedad, que nos reconoce como pareja y familia. Hoy como mujer lesbiana la legislación me dice que no pertenezco en esos espacios, Melina nunca se sintió invitada a imaginarse en ellos. La lucha por la igualdad se vuelve política, pero ¿dónde queda el amor?

¿Podemos decir que el amor es el centro cuando no hay espacio para todas sus expresiones?

En mis relaciones anteriores -ajustadas a la norma- estábamos ella y yo, pero también toda una sociedad que reafirmaba nuestro espacio y pertenencia. Con mi polola Melina -fuera de la norma- estamos las dos y nuestro amor nos sostiene, sin una sociedad que nos reafirme nos aferramos más fuerte la una a la otra.

Pienso en las discusiones políticas y me alegran los espacios que vamos reclamando para nuestro amor, pero también me duele, porque amé del otro lado y sé que amar debería ser más simple, más libre. Así, quienes creemos verdaderamente en el amor luchamos para que nadie tema sentirlo y expresarlo, para que podamos festejarlo y que sea realmente el centro.

Tuve suerte en encontrarla o tal vez ella me encontró, no sé que me traerá la vida ni cuánto demorarán en cambiar las cosas, pero soy feliz. Aunque en el trayecto y la lucha nos toque atravesar espacios inhóspitos, quiero recorrerlos de la mano con mi polola Melina, la mujer que amo.

Alessia Injoque
Presidenta de la Fundación Iguales.
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