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Nacional

Doble violación en Maipú: El vía crucis de una madre desesperada

Por: Fernanda Salazar / Publicado: 18.02.2020
/ AGENCIA UNO
Dos niñas de 14 y 15 años fueron abusadas, violentadas y violadas en una casa ubicada en las inmediaciones del Templo Votivo de Maipú. Paulina Martínez, la madre de una de ellas, acusa extrema lentitud de la Fiscalía, escasa ayuda municipal y errores en los protocolos del Hospital El Carmen. La casa donde sucedieron los hechos fue incendiada y el agresor todavía anda suelto en las calles.

Al regresar a su casa, luego de ir a comprar al centro de Maipú, Paulina Martínez encontró a su hija Manuela llorando en su pieza junto a su mejor amiga. La niña de 15 años había ido a bailar y regresó más temprano que otras veces.

-¿Qué te pasa hija?- le preguntó su madre.
-Nada, me asaltaron, me robaron todo.
-¿Qué te robaron?
-El parlante, la mochila, mi celular, los audífonos. Todo.

Paulina olfateó algo raro. Cuando su hija se levantó para contestar una llamada y salió de la pieza a hablar al jardín, su amiga, Andrea, se acercó a ella y le hizo tres preguntas que aumentaron su corazonada.

-Tía, ¿Qué opina de los ladrones?- le preguntó la joven.
-En algunos países, cuando roban, les cortan las manos.
-¿Y qué opina de los asesinos?- insistió.
-Muerte por muerte, mi niña, aunque el dolor no te va a cambiar nada.
-¿Y de los violadores?
-A esos hueones hay que matarlos- contestó sin medias tintas.

Manuela regresó a la pieza con los ojos rojos, agarró un papel y comenzó a escribir con letra temblorosa. Luego le pasó la hoja a su madre y ésta comenzó a leer: “Mamita, el tipo también nos violó, pero no quiero decirlo por miedo y no me salen las palabras”.

Paulina se enteró en ese momento de lo que realmente había pasado. Ese día, el sábado 30 de noviembre del año pasado, en pleno estallido social, su hija Manuela (15) y su amiga Andrea (14)*, fueron a una clase de baile en el Parque Tres Poniente,  en la comuna de Maipú. Mientras esperaban, a eso de las 17:30, se les acercó un hombre que se identificó como Juan Pablo. Les preguntó si habían visto a un sujeto, describiendo sus características, quién habría violado a su hermana. Andrea le hizo un gesto de indiferencia, él lo tomó como una amenaza y forzó a las menores a caminar a su lado.

El hombre las condujo al fondo de un pasaje, donde había una plaza y las golpeó. Mientras tapaba la cara de una, obligó a la otra a practicarle sexo oral, luego caminó con ambas en dirección al Templo Votivo de Maipú. Cruzaron una plazoleta y enfilaron rumbo una casa abandonada ubicada dentro del predio religioso. Empujó a las niñas al interior del inmueble, trancó la puerta, las obligó a quitarse la ropa y las violó.

Malos procedimientos

Cuando Manuela ingresó al Hospital El Carmen, de inmediato le inyectaron una vía intravenosa. Diez minutos después volvió a entrar la enfermera y se la retiró. Paulina cuenta que le pusieron los medicamentos a la vena, porque la matrona que estaba ahí no se sabía el procedimiento. “En el mismo momento se dieron cuenta que se habían equivocado. Nunca indicaron si habría efectos adversos o cómo la iba a afectar el error”, agrega.

Según la Norma Técnica para la Atención de Víctimas de Violencia Sexual del año 2016 del Ministerio de Salud, las personas que atienden a estas víctimas deben obligatoriamente conocer el procedimiento, comprobar qué tipo de abuso fue el consumado, utilizar el Formulario de Cadena de Custodia, entregar alimentos posterior a la ingesta de los medicamentos y contar con ropa de cambio para los casos que lleguen.

El centro de salud, consultado por este medio,  aseguró que su único rol es el de entregar fármacos anticonceptivos, retrovirales (para enfermedades e infecciones de transmisión sexual), antibióticos y clasificar el tipo de abuso. Desde la institución de salud, afirman que se ajustaron al protocolo, y que  el médico de turno le habría suministrado el tratamiento para la prevención de ITS/VIH y anticoncepción de emergencia por vía inyectable.

La denuncia por violación se hizo esa misma noche en Carabineros y luego se derivó a la Fiscalía Occidente, quedando en manos del Fiscal Eduardo Jeria Lara. A eso de  las 3 de la madrugada, Manuela fue derivada al Instituto Médico Legal, donde se le hicieron los exámenes de rigor. Madre e hija, después de una maratónica jornada, abandonaron el establecimiento poco antes del amanecer.

A la mañana siguiente, Paulina fue a retirar los medicamentos directamente a la farmacia del hospital, pero se los negaron. “Nos tenían que entregar los antiretrovirales porque tú no puedes dejar de tomar la pastillita por ningún motivo, porque es para la prevención de todo tipo de ETS (enfermedades de transmisión sexual)”.

Desde el hospital aseguraron que no le correspondía entregar a ellos los medicamentos y que es el consultorio quien los proporciona.

La madre de Manuela fue finalmente derivada al consultorio, pero ese día domingo se encontraba cerrado. La única alternativa era comprar los medicamentos. Tan desesperada estaba la madre de Andrea que decidió adquirirlos. Le costaron poco más de 100 mil pesos.

Lentitud y burocracia

 Dos semanas después de los hechos, Manuela y Andrea fueron citadas a la Fiscalía a declarar. Aquella vez, asegura su madre, no les pidieron información para confeccionar el retrato hablado del agresor. Cuando piensa en el desarrollo de la investigación, se pregunta con rabia: “¿Por qué no se apuran? ¿Qué están esperando?”. Luego agrega: “A ella la secuestraron, la maltrataron, la asaltaron y la violaron. Es algo que no se habla ni en la casa y va a tener que seguir repitiéndolo”.

Paulina cree que a su hija la han hecho esperar demasiado. Sus constantes cambios de humor, prolongados llantos, encierro en su pieza y sueños interrumpidos, la hacen pensar que está pasando por un trauma sicológico severo.

Tan desesperada llegó a estar por esta situación que, el 17 de diciembre, junto a la mamá de Andrea se acercaron a la municipalidad de Maipú para poder hablar con la alcaldesa Cathy Barriga. Fueron derivadas a un abogado del municipio y luego donde una sicóloga y una asistente social. Paulina cuenta que su hija fue atendida solo una semana y que luego se comunicaron con ella a través de WhattsApp.

Casi 40 días después de la violación, Manuela ingresó al Programa de Víctimas y Testigos del Ministerio Público, recibiendo por primera vez tratamiento psicológico integral. Lamentablemente, la terapia se vio paralizada 3 días después, ya que la sicóloga del caso, tuvo que ausentarse tras presentar una licencia y desde el organismo le aseguraron que no era posible que otro médico tomara su caso.

Para colmo de males, la casa donde ocurrió la violación, ubicada a un costado del Templo Votivo de Maipú, fue quemada el 6 de enero. Si era necesario realizar nuevas pericias para el caso, ya no será posible hacerlas. La Policía de Investigaciones asegura que solo basta que alguien camine por el lugar, luego del delito, para que la evidencia pueda “infectarse”.

 El 7 de enero fue la última instancia en que las familias tuvieron contacto con la Fiscalía. En la oportunidad solicitaron, nuevamente, que consideraran el relato de las niñas para realizar un retrato descriptivo. “Mi hija se acuerda completamente de su cara y de algunos detalles, hasta de un tatuaje”, asegura Paulina.

El atacante de las menores, el desconocido que las llevó a la fuerza a una casa abandonada que ya no existe, todavía sigue suelto.

*Los nombres  de las víctimas fueron cambiados para proteger a las menores de edad.

 

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