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Más espacios para las mujeres

Por: Hermana Nelly León Religiosa del Buen Pastor Capellana, Cárcel de Mujeres de Santiago. / Publicado: 08.03.2020
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Una mujer no sale a cometer un delito porque tuvo un mal día, lo hace porque arrastra una historia de abuso y sufrimiento. Son carencias afectivas, económicas y sobre todo falta de oportunidades. En lugar de castigar deberíamos pensar en un sistema, un modelo de acompañamiento donde se les capacite y se entreguen las herramientas para que sean capaces de reinsertarse en la sociedad. Las católicas y laicas tenemos la misión de mostrarles que ellas también son un instrumento del Señor. Impulsarlas a reconocerse y ver en ellas mujeres fuertes, capaces de tener, para sí mismas y para sus hijos, una vida digna.

Las mujeres estamos cubriendo cada día más espacios, abriendo el camino hacia la paridad, donde tengamos voz y participación en la toma de decisiones. Como mujeres en la Iglesia hemos luchado por años ser escuchadas. Somos el motor de los templos y parroquias, animamos a la comunidad y participamos activamente de la labor litúrgica y pastoral. Somos las encargadas de llevar la palabra de Dios a los desposeídos, la esperanza a quienes viven en la más dura vulnerabilidad y que encuentran en nosotras una luz, un mensaje misericordioso de fe.

En mi trabajo como capellana de la Cárcel de Mujeres de Santiago me ha tocado vivir experiencias duras. Ver el sufrimiento de las mujeres al ser condenadas injustamente, conocer mujeres que llegaron a delinquir por necesidad, otras incluso porque fueron engañadas y, sin estar en su sano juicio, aceptaron ofertas que solo terminaron truncando sus vidas. He visto la desolación de las madres que son separadas de sus hijos, la amargura de aquellas que cargan en sus vientres pequeños seres humanos que aún sin nacer, heredan el estigma de ser presos.

La vida en la cárcel es dura y las mujeres privadas de libertad lo saben. Al permanecer encerradas se fracturan sus familias, alejándolas de sus seres queridos que muchas veces las abandonan a su suerte.

Cometieron un delito y deben pagarlo “es su penitencia al acto del pecado” dice la teología y el sistema carcelario castiga muchas veces no reconociendo sus derechos y mucho menos su dignidad. Somos una sociedad castigadora, especialmente con los que viven la pobreza. Creemos que con el encarcelamiento todo se soluciona y no es así.

Una mujer no sale a cometer un delito porque tuvo un mal día, lo hace porque arrastra una historia de abuso y sufrimiento. Son carencias afectivas, económicas y sobre todo falta de oportunidades. En lugar de castigar deberíamos pensar en un sistema, un modelo de acompañamiento donde se les capacite y se entreguen las herramientas para que sean capaces de reinsertarse en la sociedad. Las católicas y laicas tenemos la misión de mostrarles que ellas también son un instrumento del Señor. Impulsarlas a reconocerse y ver en ellas mujeres fuertes, capaces de tener, para sí mismas y para sus hijos, una vida digna.

No soñamos con imposibles. Son proyectos de vida para 4 mil mujeres que actualmente están tras las rejas y sin ellas, al otro lado de la vereda, niños abandonados por sus madres y por un sistema que no vela por su bienestar. Queremos cambiar esta realidad. Junto a un grupo de comprometidas profesionales trabajamos por ello y desde la Fundación “Mujer Levántate” las ayudamos precisamente a eso, a despertar y levantarse; a comenzar de nuevo, esta vez por un camino de honestidad, acogiéndolas con la ternura y la misericordia del Buen Pastor.

Ahora, como religiosas tenemos un desafío importante, tener incidencia en la toma de decisiones de la Iglesia que tanto amamos, que se escuchen nuestras voces y se valore nuestro rol y nuestro aporte. Cambiar paradigmas no es un trabajo que se logre de la noche a la mañana, pero vamos en buen camino. Hace pocos días dos diócesis anunciaron el nombramiento de vicarias y párrocas, lo que nos llena de orgullo y esperamos ver más religiosas en vicarías y decanatos.

Tengo confianza en que es el camino correcto y estoy orgullosa de lo que hemos logrado en el nombre de Jesús. Religiosas y laicas seguiremos trabajando desde distintos escenarios por las que no tienen voz, prestando servicio por esta Iglesia que es santa y pecadora como decía el Cardenal Silva Henríquez. Confió y tal vez no nos toque ver esos cambios, pero me quedo tranquila porque estamos dejando una Iglesia más pastoral, más inclusiva más solidaria y más justa, abierta a escuchar al pueblo de Dios.

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