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Opinión

Una reacción de la Ñuke Mapu

Por: Jorge Calbucura / Publicado: 25.03.2020
tierra /
Como indígena no es difícil deducir que el efecto de la pandemia de Coronavirus es una reacción de la Ñuke Mapu (Madre Tierra); una forma de modificar activamente el comportamiento de la vida que la habita para asegurar su supervivencia. En relación a esta observación emerge otro texto (O’Meara) que ha circulado en las redes sociales; una reflexión; del punto de vista de los saberes del sentipensar.

Por el momento estamos abocados en tratar de procesar información, rumores y directrices oficiales. Muchas energías se han ido en intercambiar información con los amigos y familiares, en sincronizar pensamientos y la sensación de riesgo. Para los que hemos vivido convulsiones sociales sabemos que en estos casos se trata de reducir la subjetividad de apreciación de los acontecimientos a tiempos y plazos determinados.

En mis encuentros con estudiantes y colegas es posible apreciar que a pesar de la cantidad de información en circulación, se carece de la capacidad de adaptarse a la situación en la que estamos entrando. Mis estudiantes creen que después de un par de semanas esto se soluciona, en su diccionario no existe la noción de crisis. En eso podemos ayudar. En lo básico, en referencia al caso Chino y Sur Coreano que entiendan que no es cosa de unas semanas, sino que de meses. La BBC publicó hace poco un artículo donde se afirma que al menos tendremos un año de ajustes.

Es de común acuerdo que enfrentamos una situación fuera de todo lo que era posible imaginarse. Cada día que pasa, diversos y diferentes antecedentes moldean nuestras reflexiones y estas se transforman en pensamientos que nos sitúan en diferentes ámbitos de los abstractos.

Sin duda, lo más impresionante es que la crisis supone un freno para la dinámica económica y el desarrollo social neoliberal; que ha quedado suspendida hasta nuevo aviso. Los temas de bien común -preocuparse de lo más esencial- pasan a ser materia de las agendas del Estado y de organismos internacionales. Esto es asegurar la permanencia de los ciudadanos en casa y tratar al colectivo desde una dimensión humana.

De acuerdo con la historiografía las grandes crisis han promovido cambios que han resultado en modificaciones de los contratos sociales en los más variados sistemas políticos. La gente se da cuenta de que no puede vivir igual y que hay que cambiar. La pregunta es ¿qué pasará cuando todo esto pase y se haya ensanchado esta brecha perceptiva que posibilita percibir la realidad humana?

Los fieles de las grandes religiones hablan de su dios como “el dios” y definen sus lugares sagrados como “la iglesia” o “el templo”; expresando su condición única y soberana de todas las cosas. De esta misma manera los medios de comunicación, particularmente los occidentales destacan la crisis de “la economía” y la estrepitosa caída del negocio. El sistema capitalista entra en una fase difícil de definir, el circuito de producción y reproducción de la economía de mercado se desacelera; el sistema acusa la ausencia de fuerza de trabajo y consumidores. Entre muchas otras preguntas, una de ellas es: ¿cuánto tiempo es capaz de soportar la economía de mercado (ya que no se trata de la economía a secas)?

La pandemia provocada por un coronavirus ha puesto en cuestión el sistema económico y la forma de vida que ha impuesto. Esto implica un cambio de cosmovisión. El mundo en el siglo XXI será muy diferente al del siglo XX. Ha cambiado la conexión entera del mundo y las personas, las relaciones humanas y la naturaleza.

La filosofía indígena ha sido parcialmente interpretada por la teoría de Gaia. Desde esa perspectiva es acertada la hipótesis de Gaia de James Lovelock (1985) y Lynn Margulis (1989), que afirma que el planeta tierra en su totalidad, incluyendo seres vivos, océanos, rocas y atmósfera, funciona como un super-organismo que modifica activamente su composición interna para asegurar su supervivencia.

En diferentes medios se ha publicado una foto en la que se aprecia desde el espacio el efecto de disminución de emanaciones monóxido de carbono en las regiones del planeta donde se ha impuesto la cuarentena. Al respecto, las palabras de la bióloga Lynn Margulis, son más esclarecedoras “la vida no existe sobre la superficie de la Tierra, sino que es la superficie de la Tierra… La Tierra no es un pedazo de roca de tamaño planetario habitado por vida, así como tu cuerpo no es un esqueleto infestado de células”.

Como indígena no es difícil deducir que el efecto de la pandemia de Coronavirus es una reacción de la Ñuke Mapu (Madre Tierra); una forma de modificar activamente el comportamiento de la vida que la habita para asegurar su supervivencia. En relación a esta observación emerge otro texto (O’Meara) que ha circulado en las redes sociales; una reflexión del punto de vista de los saberes del sentipensar.

“Y la gente se quedó en casa. Y lee libros, y escucharon, y descansaron, y ejercitó e hizo arte, y jugó juegos, y aprendí nuevas formas de ser, y todavía estaban todavía. Y escuché más profundamente. Algunos meditaron, algunos rezaron, algunos bailaron. Algunos conocieron sus sombras. Y la gente comenzó a pensar diferente. Y el pueblo sanó. Y, a falta de personas que viven de formas ignorantes, peligrosas, sin sentido y sin corazón, la tierra comenzó a sanar. Y cuando el peligro pasó, y el pueblo se unió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, y tomaron nuevas decisiones, y soñaron nuevas imágenes, y crearon nuevas formas de vivir y sanar la tierra plenamente, ya que habían sido curados”.

En cualquier contexto religioso una visión espiritual anuncia una esperanza o advertencia para prepararse para lo que viene. Esperanza o advertencia es aspirar al futuro. El saber indígena nos dice que el futuro está en nuestro pasado. El futuro es una cita con los antepasados, por ello redescubrir nuestro pasado es una cita con nuestras narrativas, en el entorno de nuestras vidas, de nuestra historia cultural. Allí se oculta el secreto, que en esta crisis intentamos encontrar.

Mientras nuestra visión del mundo sea fragmentada, por la evolución de nuestro tiempo, con sus enormes cambios tecnológicos, que según los intereses comerciales no pueden pasarse por alto, y ni siquiera entenderse. Pero todo eso tan solo nos revela la apariencia con que se nos representa el mundo. Más allá hay una unión en todo. Se trata de la relación del hombre con la naturaleza; con la Ñuke Mapu.

Jorge Calbucura
Doctor en sociología y Licenciado en Historia, Coordinador del Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu.

 

Jorge Calbucura
Doctor en sociología y Licenciado en Historia, Coordinador del Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu.
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