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Opinión

La pandemia de COVID-19 en el nuevo Chile y el rol de la APS

Por: Dra. Gisela Alarcón y Claudio Castillo / Publicado: 01.04.2020
/ Foto: Agencia Uno
Las redes asistenciales se adaptan a un nuevo “estadio” sanitario, se prioriza el tipo de atención a entregar, se fortalecen modelos según complejidad, se presiona fuertemente por una mejor gestión de camas, sobre todo en el cuidado crítico. No obstante la necesidad del esfuerzo hospitalario, es primordial fortalecer nuestra Atención Primaria de Salud. Será este primer nivel de atención el que inexorablemente se hará cargo de resolver aquello que los hospitales deberán desplazar para responder a los pacientes con COVID-19 más graves, del testeo rápido y efectivo a nivel comunitario para evitar la propagación del virus, del control de personas con enfermedades crónicas, de la hospitalización y cuidados en domicilio.

La vertiginosa lucha contra el coronavirus SARS-CoV2 -de reciente aparición, alta capacidad de transmisión y generador de miles de víctimas fatales en pocas semanas-, ha llevado a que los países opten por diversas estrategias, algunos con muy buenos resultados y otros llevándolos a un desastre sanitario. La historia no se ha terminado de escribir y sobre la marcha se deben tomar decisiones, nunca exentas de costos colaterales, que pongan la salud de la población como el gran objetivo prioritario.

En Chile, la pandemia nos encontró en medio de un proceso de transformación social con serias desconfianzas en instituciones y cuestionamientos a autoridades, junto con la aparición de una avalancha de opiniones expertas, tanto en redes sociales y medios de comunicación como a través de artículos de la comunidad científica, que se encuentran en pleno desarrollo. La población se ha visto sometida a opiniones que un día son certezas apodícticas y a las horas o días se contradicen con la misma certeza, se habla sobre lo que se “debe hacer” y sobre lo que “debió haberse hecho” y se cuestionan liderazgos de organizaciones mundiales tradicionalmente reconocidas. Todo lo anterior nos ha llevado a vivir en la incertidumbre.

¿Podemos tener algunas certezas?, por supuesto.

En primer lugar, la resiliencia de los sistemas de salud se pone a prueba en momentos críticos. Las redes asistenciales se adaptan a un nuevo “estadio” sanitario, se prioriza el tipo de atención a entregar, se fortalecen modelos según complejidad, se presiona fuertemente por una mejor gestión de camas, sobre todo en el cuidado crítico. No obstante la necesidad del esfuerzo hospitalario, es primordial fortalecer nuestra Atención Primaria de Salud. Será este primer nivel de atención el que inexorablemente se hará cargo de resolver aquello que los hospitales deberán desplazar para responder a los pacientes con COVID-19 más graves, del testeo rápido y efectivo a nivel comunitario para evitar la propagación del virus, del control de personas con enfermedades crónicas, de la hospitalización y cuidados en domicilio, por ejemplo. Es esperable que con el correr de los días vayamos escuchando sobre estos puntos y no se olvide el rol que juega y jugará la Atención Primaria de Salud.

Una segunda certeza, es que la protección al personal de salud es una condición absolutamente necesaria para lograr ganar esta batalla. Sin la adecuada protección, de todos los equipos de salud en todos los niveles de atención, definiendo según sus competencias, capacidades y riesgos personales y sociales, cual es el mejor lugar para que ellos presten sus servicios, perderemos nuestro mejor capital para ganarle a esta pandemia. En sus manos estará la salud de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nosotros mismos.

En tercer lugar, estamos ciertos que el desafío es gigante y el esfuerzo que se requiere es proporcional. La resiliencia de los sistemas de salud, por muy bien que puedan desempeñarse en esta crisis, no basta. No cumple su objetivo, si en conjunto con esto, las medidas de salud pública para la mitigación o disminución de la transmisión viral no van en consonancia. Esto requiere un tejido social sólido, abandonando el individualismo al que hemos estamos acostumbrados y acostumbradas por tantos años. Justamente la crisis social y el proceso de transformación que comenzamos a vivir el 18-0 fue gatillado por la necesidad de hacerse escuchar, de reclamar derechos de muchos frente a la inercia y ganancia de unos pocos. ¿Qué cambios se necesitan?: Por parte de la autoridad se necesita transparencia en la entrega de información, humildad en la explicación del por qué y para qué se toman las decisiones, evitando las descalificaciones, subordinando protagonismos, egos y réditos pequeños en función del bien superior, escuchando con empatía las demandas de la comunidad y a sus representantes que aún cuentan con la validación de las personas, lo que también aplica a cierta élite intelectual. Por parte de la ciudadanía se necesita que efectivamente pondere la gravedad de la situación en la que estamos, cumpla las medidas tomadas por la autoridad sanitaria, haga un uso correcto de la Red Asistencial y nos cuidemos entre todos y todas.

Estamos a tiempo de restaurar la confianza suficiente para recuperar la tradición sanitaria chilena que nos ha permitido abordar otras crisis, entendiendo que todos y todas debemos aportar a la protección de la salud de nuestra población, especialmente de los que hoy viven en condiciones de mayor vulnerabilidad, y para ello debemos fortalecer el rol de la Atención Primaria de Salud (justificando una vez más que avancemos hacia un modelo de APS universal en el país).

Dra. Gisela Alarcón y Claudio Castillo
Gisela Alarcón, ex Subsecretaria de Redes Asistenciales y Decana de Salud de la Universidad Santo Tomás y Claudio Castillo, Coordinador de Campos Clínicos de la Universidad de Santiago de Chile y Director Fundación Horizonte Ciudadano.
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