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Opinión

Cruz-Coke cree que para ser político se necesita haber sido empresario

Por: Francisco Mendez / Publicado: 08.05.2020
/ Foto: Agencia Uno
Luciano Cruz-Coke, empapado de un curioso sentido republicano y democrático, emplaza a las nuevas generaciones de la política chilena a crear trabajo, una pyme o cualquier tipo de emprendimiento, antes de candidatearse, poniendo a la actividad empresarial como algo casi virtuoso y una garantía para hacer un trabajo legislativo que vaya de acuerdo a lo que, según cree, se necesita (lo que se podría poner en duda con acciones como la de Cencosud esta semana al repartirse utilidades millonarias mientras está acogida a la ley de protección del trabajo), argumento que, si uno lo piensa, reduce el ejercicio del Congreso al “contacto con lo real”, sin que entren las ideas, las diferentes formas de pensar un país.

En la discusión sobre la rebaja de la dieta parlamentaria, la derecha ya hace bastante tiempo había logrado meter otro tema que poco tenía que ver con el espíritu inicial de lo que se buscaba hacer, que es la disminución de parlamentarios, causa ideológica que ha tratado de pasar inadvertida como si todo se tratara de lo mismo.

En una estrategia bastante descarada, como suele suceder con el sector gobernante, se ha logrado que las dos cosas parezcan unidas ante la opinión pública, como si ambas apuntaran hacia el control de gastos públicos, cuando lo cierto es que la segunda no esconde otra cosa que la idea de disminuir la política y convertirla en un ejercicio de “eficiencia”. Es decir, hacer invisibles las controversias por una supuesta sobrerrepresentación que les parece peligrosa.

Es cuestión de ver discursos como el del diputado Diego Schalper en la Cámara, culpando a los parlamentarios electos bajo el sistema proporcional de “polarizar” un debate que, según afirma con bastante seguridad, “los chilenos no quieren”. ¿Y qué es esa polarización? Simple, la confrontación de postulados que superen un conveniente clima de consenso en el que jamás se ha consensuado nada.

Levantar estos argumentos, digámoslo, es fácil hacerlo con una oposición prácticamente inexistente e incapaz de elegir una mesa en la Cámara de Diputados, y que tampoco tuvo la habilidad de conducir una explosión social de las dimensiones de la que estamos viviendo desde octubre. Y esto es bastante preocupante, porque si hay una tarea fundamental en días como estos es lograr revitalizar el ejercicio político, explicar lo fundamental que es para establecer un contrapeso con el poder inmenso del capital. Pero no se hace. Al contrario, se deja el espacio libre para que se repita una y otra vez que acá el problema es el Congreso y no un mercado que ha gobernado por décadas los designios de Chile.

Es así como, además de Schalper, aparecen bravatas como la de otro diputado, el actor Luciano Cruz-Coke, quien empapado de un curioso sentido republicano y democrático, emplaza a las nuevas generaciones de la política chilena a crear trabajo, una pyme o cualquier tipo de emprendimiento, antes de candidatearse, poniendo a la actividad empresarial como algo casi virtuoso y una garantía para hacer un trabajo legislativo que vaya de acuerdo a lo que, según cree, se necesita (lo que se podría poner en duda con acciones como la de Cencosud esta semana al repartirse utilidades millonarias mientras está acogida a la ley de protección del trabajo), argumento que, si uno lo piensa, reduce el ejercicio del Congreso al “contacto con lo real”, sin que entren las ideas, las diferentes formas de pensar un país.

Como era de esperar, esta especie de declaración de principios vestida de la reprimenda de los que han trabajado hacia los “jóvenes idealistas que viven del Estado”, sacó aplausos en quienes no comprenden muy bien aún en qué consiste la democracia ni el trabajo parlamentario, cuestión que, como señalamos más arriba, es sencilla cuando no se identifica bien el problema en el que vivimos

¿Y cuál es este problema? Que todavía hay parlamentarios que creen que para poder saber qué es lo que hay que hacer, se necesita haber sido patrón, haber solamente creado trabajo en una realidad en la que, por décadas, la relación laboral ha sido mirada únicamente desde quien comanda una empresa.

Francisco Mendez
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