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Opinión

La beatería de Giorgio Jackson

Por: Francisco Mendez / Publicado: 14.05.2020
GIORGIO JACKSON HOY EN EL PANEL DE "BIENVENIDOS" / CAPTURA DE PANTALLA
Este escenario, agregándole el ya mencionado relato que no distingue entre los dineros que se aportan a partidos de parte de parlamentarios y grandes empresarios, es el que le ha permitido a una derecha desesperada levantar un conflicto inventado, con malos argumentos y nula inteligencia. Es cuestión de ver los debates matinales en los que se le pedía al diputado RD responder lo que ya había contestado una y otra vez, y la insistencia de personajes de la calaña de Schalper o Pepa Hoffmann tratando de alargar un chicle que no da para más que para preguntarse la razón por la que el excompañero de batallas de Vallejo trató de quitarle el sentido al hecho de aportar en su proyecto.

La “polémica” sobre el dinero que el diputado Giorgio Jackson da a su partido, Revolución Democrática, es una prueba de lo que sucede cuando hay un relato sistémico que dice que todo es lo mismo y que el problema es la política y no el capital de empresas que se entromete en las decisiones legislativas. Durante días hemos sido testigos de un supuesto escándalo en el que las convenientes confusiones han sido comidillos de medios de comunicación y han servido a cierto sector para desviar el foco de la discusión pandémica.

Y es que no hay que ser ingenuo: en política se recurre a todo tipo de problemita menor en días en que hay cosas realmente preocupantes. Vale recordar que la incertidumbre creciente respecto al futuro, ya sea en materia económica como en lo que respecta a la expansión del virus, ha puesto al gobierno en una situación bastante menos cómoda que en la que creía estar hace semanas atrás, lo que ha hecho que los sarcasmos de Mañalich no hagan tanto sentido como en otras ocasiones, dando la sensación de que una tranquilidad sanitaria manifestada por la autoridad no es tal. Por lo que el temita de Jackson y su supuesta “donación” resulta un tema interesante.

Pero antes de detenernos en una estrategia en particular, vale la pena poner ojo en lo que podríamos llamar la “responsabilidad discursiva” del exdirigente estudiantil y preguntarnos por qué tuvo la necesidad de decir que donaba algo cuando era una inversión en su proyecto político. Al respecto, no es demasiado osado suponer la culpa que tiene la insistente idea de querer “purificar” algo que les parecía pestilente a quienes entraron al Legislativo hace unos años atrás; me refiero a esa obstinación que les hace ver impureza incluso en lo que no carece de legalidad ni nada parecido. O sea, esa especie de sentimiento que los llama renegar incluso de lo que están haciendo.

Eso, en principio, ha sido lo que ha puesto a Jackson entre una espada y una pared que no le corresponden. Su concepción del ejercicio político oscila entre la necesidad histórica y la mirada con desprecio no solo al entramado ideológico que esconde la transición a la democracia, sino a lo que conlleva hacer política. Aunque de ejercer poder sabe, y lo hace perfectamente, siempre pareciera tener miedo a entregarse demasiado a este, como si fuera algo malo, confundiendo el servicio público con una nueva beatería.

Este escenario, agregándole el ya mencionado relato que no distingue entre los dineros que se aportan a partidos de parte de parlamentarios y grandes empresarios, es el que le ha permitido a una derecha desesperada levantar un conflicto inventado, con malos argumentos y nula inteligencia. Es cuestión de ver los debates matinales en los que se le pedía al diputado RD responder lo que ya había contestado una y otra vez, y la insistencia de personajes de la calaña de Schalper o Pepa Hoffmann tratando de alargar un chicle que no da para más que para preguntarse la razón por la que el excompañero de batallas de Vallejo trató de quitarle el sentido al hecho de aportar en su proyecto.

La precarización del debate es uno de los grandes problemas cuando no se complejiza la forma de entender lo que sucede y no se pone énfasis en las diferencias entre acciones que, a simple vista, parecen compartir la gravedad. Y en esa precarización no hemos vivido solo estas semanas, sino por décadas, en las que ni siquiera quienes quieren cambiar la lógica imperante saben explicar por qué la política es necesaria, por qué la construcción de un proyecto no es algo malo, y por qué es urgente, con el poder de un dinero que se ha sentado sobre la independencia legislativa, es urgente tener una independencia. Y eso pasa porque pareciera que quienes vienen a revitalizar lo destruido tras años de despolitización, aún no están muy convencidos de su importancia.

Francisco Mendez
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