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Opinión

Con las manos del gato

Por: Carlos Tromben / Publicado: 05.06.2020
Marcha contra las AFP / / Agencia Uno
Todas y cada una de las decisiones del área económica y laboral de este gobierno tienen un sólo fin: proteger al capital, y de paso utilizar las AFP como primera línea para que no se note.

Como recordarán los lectores de 1984 de George Orwell, en la Franja Aérea 1, una Gran Bretaña distópica y estalinista, los funcionarios del partido piensan y escriben en neolengua. Fieles a la más exquisita dialéctica, los ministerios tienen nombres equidistantes de su cometido real: el Ministerio de la Verdad miente, el del Amor tortura, etcétera.

Desde un comienzo este gobierno aplicó los principios de Orwell y de la neolengua a glosar sus proyectos de ley: en educación, aula segura era sinónimo de represión; admisión justa, de selección en base a capital cultural e ingreso de las familias.

María José Zaldívar, la actual ministra del Trabajo, siguió a pies juntillas el ejemplo de su colega Cubillos al denominar “Ley de Protección del Empleo” un cuerpo legal que permite ingresar los contratos de trabajo del país al congelador mientras dura la pandemia y sus repercusiones. El trabajador se gasta su AFC con la promesa de que el Fisco se lo renueve, mientras que el empleador tiene chipe libre para repartir dividendos entre sus accionistas.

Hace poco la cartera encabezada por la hija de Adolfo Zaldívar reveló el nombre de 20 grandes empresas que se han acogido a la ley. Encabezan la lista algunos nombres interesantes, en particular del retail. tales como Ripley, Turbus, Johnson, París Administradora (una marca vinculada a Cencosud), La Polar y Forus. Otro nombre destacado es la empresa de ingeniería Sigdo Kopers.

Cuando Cencosud anunció su intención de repartir dividendos en este contexto mórbido para el empleo, al ministro de Hacienda, Ignacio Briones, no le faltaron epítetos para referirse a lo extemporánea de la decisión. Zaldívar, por su parte, anunció las penas del infierno a los que se valieran del vil artificio de usar el ahorro de caja en salarios para remunerar al capital. Empezó a obrar la cocina para una Ley de Protección del Empleo II que se hiciera cargo de estos abusos.

Pero las lágrimas y la ira del tándem Briones/Zaldívar fueron de corta duración. Dejaron el espinudo tema de los dividendos en manos de la Comisión del Mercado Financiero, cuyos abogados se pronunciaron por oficio el 20 de mayo, a horas del fin de semana largo. Señalaron que las sociedades anónimas o sus filiales que hubiesen anunciado distribución de dividendos antes de la entrada en vigor de la norma quedaban exentas de la prohibición.

Uno de los argumentos esgrimidos es que la prohibición afectaría no sólo a los accionistas controladores, sino también los minoritarios y los institucionales como las AFP, que representan a todos los chilenos…

Debajo de la leguleyada de la CMF subyace un sofisma de tamaño abrumador. El elefante en la cristalería del capitalismo financiero chileno. Sucede que, por aritmética simple, los dividendos que perciben las AFP dos veces al año se distribuyen entre 12 millones de cotizantes. Los que reciben los accionistas mayoritarios, en cambio, suelen terminar en las cuentas corrientes de una familia: Cueto, Paulmann, Angelini, Luksic o la que sea, tras el conveniente enjuague contable de las estructuras accionarias de tipo cascada que reducirá el impuesto de segunda categoría y el global complementario a su mínima expresión.

El caso de Ripley es significativo (“Digno de Ripley”, se le llamaba antiguamente a algo insólito). Acordó en abril repartir un dividendo de 21 pesos por acción. Por motivos enigmáticos, en esta empresa cotizada en bolsa las AFP poseen 442 millones de dólares en acciones. El 20% del total. 11 millones de dólares para los afiliados, es decir, menos de un dólar per cápita… La familia Calderón, que hoy llora a su patriarca recién fallecido, percibirá una cifra similar a repartir entre cuatro hijos.

Sigdo Kopers (10,9% en poder de las AFP) y Forus (7,5%) están en una liga más baja en cuanto a mezquindad con los futuros jubilados del país: entre las dos no hacen 50 pesos de dividendo por afiliado. Tendría que pasar un siglo repartiendo la misma cifra para que el aporte de estas sociedades alcance el valor de un billete de la poeta nacional Gabriela Mistral para los jubilados del futuro, en el entendido de que vivamos tanto.

Cuando los defensores del sistema de AFP dicen que todos ganamos con las inversiones realizadas en este tipo de empresas, cuente hasta diez, respire profundo y acuérdese de esta columna.

Carlos Tromben
Escritor, periodista e ingeniero comercial. Hace pocos meses publicó el libro "Breviario del Neoliberalismo" (Mandrágora Ediciones). También es autor de “Crónica Secreta de la Economía Chilena”, “Balmaceda” y “Santa María de Iquique", entre otros.
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