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Opinión

Elecciones en Bolivia: ¿el verdadero fraude está por venir?

Por: Andrés Ajens / Publicado: 12.07.2020
La Paz (Avenida Sagárnaga) /
Probablemente la única posibilidad de que Áñez baje su candidatura y apoye a Mesa (y de paso la bajen también Jorge Quiroga y Camacho) es que éste les asegure impunidad. Probablemente el corazón más o menos ilustrado de Mesa le impida dar ese paso. Pero probablemente, también, sin ese paso la victoria electoral del candidato de Evo Morales se vuelve inevitable. Y como esa inevitabilidad resulta desastrosa para sus contrincantes (probablemente todxs tendrían que ser detenidxs y encarceladxs por su participación en el Golpe), un verdadero fraude electoral se convierte en la única vía de escape.

El “chairo”, alias la sopa de letras boliviana par excellence, se vuelve a ratos cada vez más ilegible. Mezcla abigarrad de repetición compulsiva (“La eterna tragedia de los bolivianos”, al decir del poeta Jaime Saenz) y de lo inverosímil a sus anchas.

Tras el Golpe de noviembre, en que los mandos de la Fuerza Aérea, el Ejército y la policía, teledirigidos por la extrema derecha (como lo reconoció públicamente Fernando Camacho, suerte de mini Bolsonaro cruceño) y la embajada norteamericana, tumbaron al Presidente y Vicepresidente en ejercicio, Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera (quienes debieron partir al exilio; primero en México, actualmente en Argentina), lo único claro es que nada está claro.

La Presidenta transitoria de facto, Jeanine Añez, una casi desconocida diputada de la región del Beni, fue puesta ahí tras el Golpe por Fernando Camacho, Jorge Tuto Quiroga (ex Vicepresidente con el general Bánzer) y el centrista Carlos Mesa (ex Vicepresidente con el neoliberal Sánchez de Losada), con la única tarea de llamar a nuevas elecciones generales lo antes posible. Sin embargo, a las pocas semanas, Añez comenzó a tomar decisiones que excedían largamente el “encargo”, como proclamarse candidata presidencial, ampliar exorbitantemente las tierras con destino agropecuario en el Beni, autorizar el uso de transgénicos en el agro boliviano, eliminar el Ministerio de Culturas, despedir a cientos de empleados públicos, etc., etc., a lo cual vinieron a sumarse los múltiples casos de corrupción gubernamental denunciados incluso por algunos de sus “mandantes”.

Lo más grave, con todo: el asesinato por balas militares, expresamente autorizadas por Añez y sus ministros Arturo Murillo (de Gobierno) y Fernando López (Defensa), de decenas de campesinxs e indígenas que se movilizaron en contra del Golpe, especialmente en las localidades de Sacaba (cerca de Cochabamba) y Senkata (en El Alto). La delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que visitó Bolivia poco después de las matanzas, demandó expresamente “una investigación internacional independiente e imparcial sobre estos hechos” pues, añadió, “no es claro que la institucionalidad nacional esté en condiciones o en capacidad de cumplir con la obligación estatal internacional de investigación, juzgamiento y sanción de los responsables”.

Inicialmente Añez llamó a elecciones para el mes de mayo. Luego, arguyendo los estragos del coronavirus, las suspendió indefinidamente. Los desastres de su gobierno (una encuesta reciente del CELAG muestra que un 60% desaprueba la gestión de la pandemia y el 65,2%, el manejo de la economía) y el aplazamiento indefinido de las elecciones llevaron a lo que hasta entonces parecía inverosímil: un acuerdo entre Carlos Mesa, Jorge Quiroga y el candidato del partido del Presidente depuesto (el Movimiento al Socialismo, MAS), Luis Arce Catacora, a concordar una fecha para nuevas elecciones (el 6 de septiembre), avalada por el presidente del nuevo Tribunal Nacional Electoral (cercano a Carlos Mesa) y terminar por imponérsela a Áñez.

En vista de que diversas encuestas muestran que Arce Catacora, ex ministro de Economía del gobierno de Evo Morales (que llevó a Bolivia a los índices de mayor crecimiento económico en Latinoamérica en la última década), aventaja ampliamente al resto de los candidatos (Mesa, Camacho, Quiroga y la propia Presidenta de facto), hace unos días el ministro Murillo insinuó que lo mejor sería deponer todas las candidaturas anti-Evo en pro de una sola, la de Carlos Mesa. Nada de eso ha ocurrido, pero es una señal de evidente desesperación del núcleo golpista ante la posibilidad inminente de tener que rendir cuentas no sólo por el Golpe y la corrupción sino sobre todo por las matanzas de Sacaba y Senkata.

Probablemente la única posibilidad de que Áñez baje su candidatura y apoye a Mesa (y de paso la bajen también Jorge Quiroga y, acaso, Camacho) es que éste les asegure impunidad. Probablemente el corazón más o menos ilustrado de Mesa le impida dar ese paso. Pero probablemente, también, sin ese paso la victoria electoral del candidato del MAS se vuelve inevitable. Y como esa inevitabilidad resulta desastrosa para sus contrincantes (probablemente todxs tendrían que ser detenidxs y encarceladxs por su participación en el Golpe), un verdadero fraude electoral se convierte en la única vía de escape. ¿Qué es un verdadero fraude, pero? ¿Puede un fraude ser verdadero?

Más ají para el chairo: Jeanine Áñez, la Presidenta de facto transitoria, acaba de dar positivo a un test de coronavirus. En el caso que no pueda reasumir en breve su cargo, o (la Pachamama no lo quiera) fallezca, tendría que asumir la actual presidenta del Senado (y militante del MAS) Eva Copa. ¿Una Eva por un Evo? Desgraciadamente, Eva Copa también acaba de contagiarse. Nomás estaría quedando el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Choque Siñani,  también del MAS. [Continuará].

Andrés Ajens
Escritor.
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