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Análisis | No aceptar nunca más paneles Club de Toby: El tiempo de las mujeres

Por: Paola Castañeda / Investigadora Asociada, Laboratorio de Cambio Social / Publicado: 01.08.2020
Análisis | No aceptar nunca más paneles Club de Toby: El tiempo de las mujeres Foto: Agencia Uno /
Algo tiene que cambiar en las ciudades. En América Latina, las ciudades son el escenario en el que se desenvuelve la vida cotidiana del 80% de la población. Sin embargo, en la producción del drama urbano el guionista, director, escenógrafo, los protagonistas y hasta el joven de la taquilla suelen ser hombres. ¿Dónde están las mujeres en el reparto?

Sentadas entre el público, varias han señalado lo que ya empieza a ser evidente: la ciudad es un escenario diseñado por y para los hombres, donde las necesidades, deseos, e historias de vida de las diversas mujeres que habitamos la ciudad no están reflejadas en las infraestructuras y políticas públicas que inciden sobre nuestra vida cotidiana. Si algo tiene que cambiar en las ciudades, hay que empezar por barajar el reparto y la producción.

Sin duda vivimos un momento de transformación intenso y, con el advenimiento del Covid-19, se ha puesto en el centro de la discusión la movilidad urbana: primero, la forma en la que las ciudades están conectadas, no sólo por flujos de personas, bienes, capital, sino también patógenos.

Segundo, en toda América Latina ha sido evidente que las desigualdades que caracterizan la región han incidido sobre la posibilidad que tienen las personas de inmovilizarse y adherir a la cuarentena. Además, el transporte es fundamentalmente injusto, marginalizando los modos sustentables (caminata, bicicleta, bus, otros), y a algunos grupos humanos, especialmente las mujeres, las personas con discapacidad, les niñes y les mayores.

Finalmente, venimos observando una emocionante discusión sobre el futuro de los modos no motorizados, el transporte público y, esperamos, el fin de la automovilidad en las ciudades.

Una participación inclusiva demasiado ausente

La urgencia y el peso de todo lo que debe cambiar requiere que tengamos procesos participativos, inclusivos de la mayor diversidad de voces y conocimientos.

Sorprende que todavía se convoquen “paneles de hombres” — espacios de discusión donde, consciente o inconscientemente, los invitados son exclusivamente hombres — para hablar sobre el futuro de las ciudades y el transporte. Es decir ¡nuestro futuro colectivo! Contra estos resabios del pasado hay cosas que sembramos en el ocaso de la década anterior y que debemos cuidar y abonar para verlas madurar y florecer en los tiempos venideros. Una de las más poderosas es la consciencia feminista.

Las últimas olas del movimiento feminista nos han legado agrupaciones de feminismos diversos; asociaciones gremiales de mujeres; transversalidad de la cuestión de género en espacios que no son derechamente feministas; un debate público de gran calidad y sofisticación; un sinnúmero de mujeres y niñas empoderadas; y la convicción de que “nunca más sin nosotras” será nuestro legado.

Todos estos ámbitos han generado una riqueza de conocimiento capaz de revitalizar toda conversación o disciplina. La perspectiva de género no es el dominio exclusivo de las mujeres — es una forma de ver el mundo que nos interpela a todes. No habrá soluciones sustentables con equidad para nuestras ciudades si no logramos, desde ya, integrar estas nuevas voces en nuevos formatos de participación en espacios vinculantes.

Hasta las mujeres y hombres más jóvenes tienen opiniones fundamentadas. En la foto, estudiantes de Lautaro mapean puntos (in)seguros para crear Rutas “Bakanes” a sus escuelas, parte de un programa experimental que ha dado muy buenos resultados en varias ciudades chilenas. Foto: Laboratorio de Cambio Social.

¿Por qué necesitamos voces de mujeres en el transporte?

Desde hace algún tiempo les investigadores han encontrado que los hombres y las mujeres nos movemos de manera diferente por la ciudad. Se habla de la “movilidad del cuidado” para referirse a los viajes multi-destino que realizamos las mujeres en función de las tareas de cuidado y del hogar, distintos a los viajes “pendulares” que realizan los hombres entre la casa y el trabajo, y que no se reflejan en los sistemas de transporte y políticas públicas. En Santiago, estos viajes del cuidado constituyen la categoría más grande (47% en día de trabajo). Según su propósito (acompañar a alguien, comprar, trámites) las mujeres los realizan 2 a 3 veces más que los hombres.

Además de esto, las mujeres estamos sobre-representadas en el sector “informal” de la economía. Es decir, somos económicamente más vulnerables. A menudo, dejar de ir a trabajar no es una opción. Somos quienes más utilizamos el transporte público, quienes menor probabilidad tenemos de tener un auto y, a menudo por crianzas patriarcales, muchas no saben andar en bicicleta. 

En Chile, equipos interdisciplinarios han liderado en estos nuevos conocimientos, generando datos numéricos y cualitativos que mapean la profundidad y el alcance de estos desafíos, además de las posibilidades de cambio en la movilidad urbana.

La importancia de nuestras vidas, nuestras movilidades y de nuestro trabajo (a menudo no remunerado) debería reflejarse en sistemas de transporte urbano inclusivos, seguros y justos. Para que esto suceda, la participación de las mujeres en todos los ámbitos de discusión y toma de decisiones debe asegurarse.

Es inaceptable continuar organizando paneles de hombres que dejen por fuera a la mitad de la población. Debe hacerse un esfuerzo consciente por incluir activamente a las mujeres en roles protagónicos, no sólo como moderadoras para llenar una cuota de inclusión.

Existe la excusa de que es difícil encontrar mujeres en ciertos ámbitos. Al mismo tiempo, hay bastante evidencia de que la baja representación de las mujeres en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus iniciales en inglés) se refuerza cuando se envía la señal de que son el ámbito exclusivo de los hombres – como cuando se invita únicamente a hombres a participar. Es decir, para tener más voces de mujeres en el transporte mañana, hay que empezar por incluirnos y visibilizar nuestros aportes ahora.  

El “nuevo experto” es mujer

Sería un error pensar que las mujeres sólo estamos capacitadas para hablar de “el cuidado” u otros temas “de mujeres”. Es decir, además de maquillar y vestir a los actores, también podemos ser directoras, productoras, guionistas, y protagonistas de la obra. Los hashtags y cuentas como @Hay_Mujeres constantemente están resaltando el trabajo de mujeres expertas en todo campo del conocimiento. Voces Expertas es un nuevo directorio para apoyar la inclusión de las mujeres en todo tema y ámbito. Similarmente, la organización TUMI publica cada año los perfiles de mujeres destacadas en el transporte. Muchas de ellas forman parte de la red Mujeres en Movimiento que reúne a expertas latinoamericanas en el área del transporte y, aunque son internacionalmente reconocidas, ¡algunas aún no son consultadas en sus propios países!

Desafortunadamente, el experto en transporte a menudo sigue siendo el experto, aún cuando un sinnúmero de mujeres artistas, ingenieras, escritoras, geógrafas, abogadas y activistas aportan al conocimiento sobre la movilidad de diferentes maneras, todas igual de enriquecedoras para el desafío que tenemos por delante.

El “nuevo experto” es mujer. Pero además de ser mujer, trae consigo diversidad de experiencias y perspectivas necesarias para tener una mirada más amplia sobre el transporte y la ciudad donde criterios como la inclusión, accesibilidad, seguridad y equidad desplazan a la eficiencia como el criterio rector en la planificación.

La nueva experta no siempre ostenta títulos académicos, sino que se ha formado a través de la experiencia de vida, el intercambio de saberes, los espacios comunitarios y la autoformación feminista. En Chile, las organizaciones en pro de la movilidad sustentable han sido espacios fundamentales para la formación de liderazgos femeninos y expertas en el transporte.

Las organizaciones ciudadanas se han tomado en serio la participación de las mujeres, reuniendo académicas, funcionarias y activistas de toda América Latina en las conversaciones sobre el futuro de nuestra movilidad.

Diferente a lo que a menudo sucede con los canales oficiales o académicos, la ciudadanía organizada ha generado espacios de debate sintonizados a los grandes desafíos de nuestra época. En la gran cantidad de webinarios sobre ciudad y transporte que se han organizado en los últimos meses rara vez hay un reparto totalmente masculino.

En su lugar, es evidente la conciencia de que este es el tiempo de las mujeres; que un mundo construido a la imagen y semejanza del hombre, blanco, occidental de clase media no es un mundo inclusivo; y que el futuro de la movilidad es impensable sin nosotras. En Chile y Latinoamérica los esfuerzos de las mujeres han sido, por décadas, un motor de transformación social implacable y obstinado. En el mundo de cambio vertiginoso que vivimos, los paneles de hombres son un torpe remanente del modelo que debemos dejar atrás en favor de espacios de participación y decisión donde se pueda construir la ciudad justa que deseamos.

Hace tiempo que las mujeres participan en los movimientos sociales por sus derechos: a la equidad, a la plena participación, a tener voz y voto en las decisiones en todo ámbito, y por la dignidad. Foto: Laboratorio de Cambio Social, 20 diciembre 2019.

Paola Castañeda, Investigadora Asociada, Laboratorio de Cambio Social, candidata a doctora en geografía, Universidad de Oxford y Transport Studies Unit.

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