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Opinión | Restauración ecológica con especies nativas: ¿Chile está en condiciones de afrontarla?

Por: Pablo Parra Soto Presidente de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) / Publicado: 26.08.2020
Opinión | Restauración ecológica con especies nativas: ¿Chile está en condiciones de afrontarla? Bosque esclerófilo, Cordillera Costa / Yamil Hussein
Si no nos tomamos en serio los procesos de restauración ecológica y no reducimos la tasa de degradación/destrucción que nos afecta, estaremos contribuyendo directamente a la extinción de especies vegetales y animales, en especial en las zonas áridas, semiáridas y mediterráneas, donde se encuentran los ecosistemas más amenazados y que concentran un alto endemismo.

Existe una mayor preocupación por nuestros ecosistemas nativos, lo que se ve reflejado en el rechazo generalizado de la destrucción de ecosistemas y la creciente participación de personas en actividades de reforestación y limpieza de basura en ambientes naturales.

Se sabe de cambio climático y la influencia de los ecosistemas nativos para la mitigación de sus devastadores efectos, reconociéndolos como la primera línea frente a la desertificación, la sequía e incremento de temperatura que contribuye a la aparición de incendios forestales.

Esto provoca que la sociedad esté pendiente en cómo el Estado garantizará la protección de nuestros ecosistemas nativos, y qué compromisos (nacionales e internacionales) ratificará para conservarlos.

Dentro de los ecosistemas nativos, encontramos a los bosques y las formaciones xerofíticas (matorrales y cactáceas). Estos ecosistemas han estado sometidos a una fuerte presión humana, pues se han considerado como una fuente infinita para extraer leña, madera para construcción, flores, frutos, semillas, hongos, alimentos de origen animal, entre otros.

Esta extracción se ha realizado mayoritariamente sin considerar la dinámica natural de estos ecosistemas. Es importante decir que sí se puede obtener bienes de la naturaleza, pero hay que entender que esas formas no deben afectar su funcionamiento y estructura de manera irreversible.

Lamentablemente, el Estado no ha puesto mucho interés a las “formas de hacerlo”, y esa despreocupación es la que hoy en día tiene muy afectada la salud de estos ecosistemas, lo que denominamos degradación.

También se ha instaurado el paradigma mercadólatra de que estos ecosistemas son un estorbo para otras actividades, provocando su desaparición mediante el uso del fuego y el reemplazo por otros usos de la tierra como la urbanización y la industria de los sectores agrícola, forestal, inmobiliario, energético, minero y otros.

En algunas partes de Chile, la destrucción ha sido tan feroz, que ha causado una severa modificación del paisaje, afectando la regulación del clima local, estabilidad y fertilidad de los suelos, la disponibilidad de agua, la biodiversidad y la capacidad de captura de Dióxido de Carbono (CO2) (uno de los gases de efecto invernadero, y que su aumento en la atmósfera empeora la situación climática del planeta).

Por ello, es importante realizar esfuerzos convincentes para que las tasas de degradación/destrucción se reduzcan mediante el desarrollo de acciones de restauración ecológica. ¿Contamos con políticas e instrumentos que permitan promover la conservación de los bosques nativos y formaciones xerofíticas, y la restauración ecológica?

Un Nuevo Modelo Forestal para Chile

Bajo la “Ley de Bosque Nativo”, cualquier intervención que requiera corta de bosque nativo o formación xerofítica (matorrales y cactáceas) deberá contar con una autorización. Si se corta cierta superficie, se tiene que reponer la misma reforestando en otro sector, evaluando el establecimiento de las plantas dos años después.

¿Esta reparación es equivalente al impacto que se genera? NO. En muchos casos se afecta bosque adulto, el que ofrece muchos más bienes y servicios que una reforestación de árboles jóvenes, la que debe desarrollarse, sobrevivir y consolidarse en condiciones distintas al bosque cortado.

Para la corta de formaciones xerofíticas no se exige ningún tipo de obligación normativa de reforestación, porque esta acción se reserva únicamente a los bosques. Esto lleva a que la destrucción de arbustos y cactáceas sea para siempre, sin importar que hay muchas especies de las que se desconoce su dinámica natural y su influencia en otras especies vegetales, fauna nativa, conservación de suelos y ciclo hidrológico. En algunos casos específicos, se realiza relocalizaciones de solo algunas especies, pero en gran parte estas no terminan estableciéndose y mueren.

La Ley debe re establecer ecosistemas contemplando su composición, estructura y funcionalidad, considerando la adaptación cambio climático y una proyección de tiempo adecuada para su establecimiento (15 años por lo menos), incluyendo en ese lapso otras acciones como la restauración hidrológica, manejo forestal y monitoreo de fauna.

También es importante que se abra la posibilidad de trabajar no solamente en sectores donde haya cobertura vegetal, sino que también en aquellas que no existe para crear nuevos ecosistemas. Igualmente, es necesario contar con material genético adecuado para producir plantas nativas. Producto de variaciones climáticas, varias especies nativas no producen semillas en la época que debiesen (incluso por años) y tampoco se sabe cuántas especies semilleras desaparecen producto de la destrucción.

Aún hay muchas especies nativas que desconocemos como propagarlas, muchas de ellas amenazadas. Es importante contar con el material genético para guiar procesos de restauración ecológica, pero esto es muy difícil si no se cuenta con una estrategia nacional de propagación de especies nativas y con un reglamento de semillas forestales, el que está pendiente desde el año 1977.

Si no nos tomamos en serio los procesos de restauración ecológica y no reducimos la tasa de degradación/destrucción que nos afecta, estaremos contribuyendo directamente a la extinción de especies vegetales y animales (estos últimos producto de la migración por falta de alimento y hábitat), en especial en las zonas áridas, semiáridas y mediterráneas de Chile, donde se encuentran los ecosistemas más amenazados y que concentran un alto endemismo (hay especies que solo están en esta parte del mundo).

Por ello, es importante que tomadores de decisiones y parlamentarios estén en conocimiento de esta situación y actúen. El cambio climático, la degradación y destrucción de los ecosistemas nativos está provocando el colapso de la biodiversidad y la extinción de especies, lo que afectará directamente la seguridad de la población.

Necesitamos un Nuevo Modelo Forestal para Chile. Debemos avanzar en la modificación de la Ley de Bosque Nativo, en la implementación una estrategia nacional de propagación de especies nativas y en la aprobación de un reglamento de semillas forestales.

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