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Cómo el golpe militar truncó el sueño de la selección chilena de fútbol amateur

Por: Gonzalo Flores Domarchi y Cristian González Farfán / Publicado: 10.09.2020
Cómo el golpe militar truncó el sueño de la selección chilena de fútbol amateur / La selección de Arica, reforzada por Eduardo Bonvallet (abajo, segundo de izquierda a derecha), aportó varios jugadores a la prenónima de la "Roja" amateur que concentró en Santiago. La otra fue Iquique. FOTO: Revista Estadio.
Entre junio y agosto de 1973, una selección chilena amateur que competiría en los Juegos Panamericanos Santiago 1975 tuvo una intensa preparación en la capital. Sin embargo, el proceso quedó a medio camino tras la decisión de la dictadura de suspender la organización del evento deportivo, tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet. Para los jugadores, el bombardeo a La Moneda supuso la lápida para su sueño de vestir la camiseta nacional. Un trabajo de recopilación del investigador Gonzalo Flores Domarchi y el periodista Cristian González Farfán -socios de la Asociación de Investigadores del Fútbol Chileno (ASIFUCH)- da luces sobre este proceso.

Aunque la política no estaba a la vanguardia de sus intereses, el ex jugador iquiqueño Fidel Dávila siente que el golpe militar mutiló tal vez la única oportunidad que tenía de vestir la camiseta nacional en un evento deportivo de envergadura. Dávila había sido elegido para conformar la primera etapa de la selección de fútbol amateur que competiría en los Juegos Panamericanos de 1975 que se celebrarían en Santiago. Entre 1951 y 1983, el reglamento de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA) permitía participar solo a selecciones amateurs en el fútbol panamericano.

Sin embargo, el bombardeo a La Moneda del 11 de septiembre de 1973 dejó el proceso a medio camino, tras la decisión de la dictadura entrante de suspender la organización del evento deportivo continental. “Fue una frustración grande, ya que la selección estaba haciendo un trabajo enorme. Nos habíamos preparado intensamente para ser candidatos al título”, dice Dávila, quien concentró en Santiago, entre junio y agosto de 1973, junto al resto del plantel que integró la primera etapa del proceso liderado por el técnico José Santos Arias, destacado ex jugador de Colo Colo, Universidad de Chile y otros clubes.

A la sazón, Dávila era delantero en la selección amateur de Iquique y fue elegido por Arias en un campeonato nacional extraordinario -organizado por la ANFA con patrocinio del COCh- que se realizó en el Estadio Carlos Dittborn de Arica, entre el 8 y el 21 de febrero de 1973, según datos recogidos por el investigador Héctor Gatica. De ese torneo, ganado de forma invicta por el equipo anfitrión, fueron citados en principio 27 jugadores para iniciar el proceso en la capital. Luego la lista se redujo a 21.

El plantel ariqueño, como dato curioso, se reforzó con Eduardo Bonvallet, quien iniciaba su carrera profesional en Universidad de Chile. Segundo en la tabla del torneo fue Iquique (también invicto) y completó el podio Valdivia. Cerraron La Cisterna, Santa Cruz, Angol, Vallenar y Valparaíso.

Aunque subcampeona del torneo, Iquique fue la ciudad que más jugadores aportó a la prenómina del entrenador Arias: ocho. Sin embargo, por razones laborales, no todos los convocados pudieron viajar a Santiago. “De los ocho que fuimos elegidos, viajamos cuatro o cinco. Yo, al menos, trabajaba con mi señora en un localcito de diarios y tuve que dejar de hacer eso para ir a Santiago. Nos fuimos en bus. A los que teníamos un ingreso, nos calcularon más o menos lo que ganábamos en el mes y nos pagaron”, recuerda el ex defensa iquiqueño Mario Riquelme, otro de los designados por Arias en Arica.

La concentración en calle Salvador

Al 14 de junio de 1973, el proceso ya se había iniciado al mando de Arias, profesor normalista y discípulo de Fernando Riera. Según consigna El Mercurio, a esa fecha ya estaban en la capital nueve jugadores. La semana siguiente empezarían los entrenamientos y llegaría el resto del contingente desde regiones. El lugar asignado para la concentración fue la Casa del Deportista, un inmueble adquirido por el COCh, cuya dirección era Salvador 1921, casi al llegar a Irarrázaval.

“Luego de una semana de preparación física, donde contaré con la colaboración de Héctor Ortega, el plantel entrará de lleno a partidos fuertes ante equipos de primera y segunda divisiones. Puede ser favorable para todos: para mi plantel y los rivales que tendrán un ‘sparring’ serio, animoso y dispuesto a aprender los mil y un secretos del fútbol profesional”, contaba en otra nota el profesor Arias sobre cómo sería la preparación.

En el papel, solo un segmento de jugadores de esa preselección continuaría el proceso hasta 1975. Sería la base de la “Roja” amateur. En otra publicación de prensa de la época se señala que el resto de los jugadores que conformarían la selección final saldrían de los campeonatos militares de Concepción (programado para septiembre y octubre de 1973) y el Nacional de Castro (enero y febrero de 1974).

Al interior de la concentración se vivía un ambiente de camaradería, distinto al que se respiraba afuera, en una sociedad santiaguina polarizada. En la Casa del Deportista, recuerda Daniel Mitre, jugador valdiviano preseleccionado por Arias, les tocó compartir con deportistas de otras disciplinas. Mitre en particular atesora el encuentro con Raúl Choque, campeón mundial de caza submarina en 1971 en Iquique.

En línea con el anuncio del DT Arias, el plantel amateur tuvo fuertes aprontes con equipos profesionales, aun faltando dos años para los Panamericanos. Los iquiqueños Fidel Dávila y Mario Riquelme recuerdan amistosos ante Colo Colo, la “U” y Aviación. El 6 de julio de 1973, según cita otra nota de prensa, hubo una muestra del “claro progreso” del equipo tras un empate 1-1 frente a Magallanes en el Estadio Israelita. Dávila anotó de penal para la “Roja”. Arbitró el propio José Santos Arias y el partido duró una hora. Los jugadores recuerdan también algún paso por el Stadio Italiano.

“Fue una gran experiencia entrenar con los equipos profesionales. En Santiago uno aprende demasiado. Yo era bueno en mi ciudad, pero cuando llegas a Santiago encuentras a miles iguales que tú. Salimos de lo amateur, entramos en otra órbita”, comenta Fidel Dávila, uno de los jugadores de ese plantel que dio el salto al fútbol profesional (otro fue el también iquiqueño Milton Reyes), al punto de ser el segundo goleador histórico de Deportes Iquique, y autor de uno de los goles más importantes en la historia de ese club (2-1 ante Colo Colo en la final de la Copa Polla Gol-Copa Chile 1980, Estadio Nacional).

Dávila, Riquelme y Mitre recuerdan algunos entrenamientos en el “hoyo de Pedreros”, futuro Estadio Monumental de Colo Colo. “Todavía no tenía pasto, la cancha era una ruma de arena. El profesor Arias nos hacía entrenar en las graderías que aún no estaban afinadas. Yo recuerdo que una vez me desgarré por bajar y subir corriendo la tribuna oficial”, ríe Mario Riquelme.

En tanto, Dávila dice que las prácticas eran en las canchas laterales aledañas al “hoyo de Pedreros”, y que ahí les tocó enfrentar al histórico Colo Colo 73, que venía de perder injustamente la Copa Libertadores ante Independiente de Argentina: “El ‘hoyo’ era el cuartel general nuestro. Ahí entrenábamos en otro horario con respecto a Colo Colo, pero jugamos amistosos con ellos. Enfrentamos a Nef, Galindo, Páez, Chamaco, Caszely”.

Raúl Acuña, preseleccionado que venía de Santa Cruz, recordaba en una entrevista a un medio local que la “Roja” amateur frecuentaba diferentes canchas. Ahí señala que en la Casa del Deportista “contaban con todas las comodidades, tales como: televisión, juegos recreativos, etc., y movilización especial para asistir a los entrenamientos, los que se realizaban en Gasco, Pedreros, en el Estadio Israelita”. También dice que hubo un partido contra los titulares de Colo Colo en Juan Pinto Durán.

La selección de Santa Cruz llevó un representante a Santiago para el proceso prepatarorio. FOTO: Archivo personal de Raúl Acuña.

Los iquiqueños coinciden con Acuña en que el COCh entregaba todas las facilidades para los convocados. “Todo era de primera, ahí mismo se dormía, se almorzaba y se concentraba”, comenta Dávila. Lo mismo dice Riquelme, para quien “había un tremendo apoyo: teníamos buses, buena comida, buenas canchas para entrenar. Nada faltaba, nada era a medias”.

A menudo el equipo también visitaba la emblemática sede del COCh en Vicuña Mackenna 44: mientras Acuña dice que allí se hacían exámenes médicos, Daniel Mitre recuerda haber visto videos y charlas técnicas.

El Tanquetazo de 1973

“El deportista por lo general no se mete en política, porque es un mundo totalmente aparte”, dice Dávila, sobre si en el plantel se conversaba acerca de la confrontación política que se vivía en Santiago. “A quienes nos gustaba el deporte, no nos involucrábamos en ese tipo de cosas”, asiente Mario Riquelme, quien alcanzó a percibir en su estadía en la capital la espesa atmósfera que luego culminaría con el ataque de los Hawker Hunter al Palacio de Gobierno.

Pese al evidente desinterés de los jugadores por la coyuntura política, el período de concentración los pilló en Santiago para el llamado Tanquetazo del 29 de junio de 1973, una sublevación militar en contra del gobierno de la Unidad Popular que, a la luz de los hechos, fue la antesala del golpe de Estado del “11”. Aquí los recuerdos de los jugadores son más difusos respecto del hecho que provocó máxima alerta en el centro cívico de la capital a fines de junio.

“Íbamos a entrenar a Pedreros y tuvimos que tirarnos al suelo arriba del bus. Se sentían disparos y esas cosas”, afirma Fidel Dávila. Mario Riquelme descarta esta versión y, en cambio, asegura que el plantel asistió al otro día del Tanquetazo a ver los estragos que habían dejado las balas en el entorno del palacio: “No pasamos por ahí el mismo 29. Nos pusimos de acuerdo en ir a La Moneda al día siguiente. Fuimos todos los seleccionados a mirar. Como toda persona, íbamos a copuchar. Había pedazos de cemento, vallas para no acercarse al edificio y mucha gente tomando fotos”.

Daniel Mitre, en tanto, solo recuerda que para el 11 de septiembre ya estaba de vuelta en Valdivia. Sin entregar tanto detalle, Mitre asegura que “el Tanquetazo lo pasamos allá en Santiago”, pero no acredita la versión de Riquelme sobre la supuesta visita en masa a La Moneda al día siguiente. “Pienso que, como provincianos, eso pudo haber servido para que arranquemos de ahí, pero la verdad es que no me acuerdo”, añade.

“Sabíamos que había un intento de golpe, de escaramuzas militares, pero nosotros éramos ajenos a eso”, complementa Fidel Dávila.

Como sea, según la prensa de la época revisada para esta crónica, se sabe que los convocados para esta primera etapa estuvieron al menos hasta agosto de 1973 concentrados en Santiago. Por esas fechas, José Santos Arias dio a conocer una lista de ocho futbolistas que continuarían el proceso hasta los Panamericanos del 75. Fidel Dávila y Daniel Mitre, números fijos en los partidos preparatorios, quedaron dentro de la nómina. No así Mario Riquelme y Raúl Acuña.

José Santos Arias, técnico de la selección amateur, jugó en los dos equipos más populares de Chile: Colo Colo y la U. FOTO: «Colo Colo en Blanco y Negro».

Este núcleo de ocho jugadores se sumaría a la segunda fase del proceso, con los elegidos que surgirían de los reseñados torneos de Concepción y Castro. Esta segunda etapa contemplaba incluso giras al exterior en 1974 para perfeccionar el funcionamiento del equipo ante rivales de alta exigencia.

“Me generaba muchas expectativas sabiendo que había quedado entre los ocho. Había otros jugadores buenos que yo no pensaba que podían quedar afuera. Teníamos mucho tiempo para trabajar. Uno sabía que tenía condiciones futbolísticas, pero significaba mucho roce profesional enfrentarse a jugadores de calidad”, plantea Fidel Dávila.

En tanto, Daniel Mitre recuerda con emoción la transparencia y mentalidad ganadora de José Santos Arias, quien tuvo una dilatada trayectoria como técnico de inferiores. “La medalla de oro era nuestro objetivo. Arias era un gran entrenador, muy buena persona, preocupado, empático, nos llamaba por teléfono para saber de nuestras familias”, cuenta Mitre, quien fuera además un destacado jugador de básquetbol y emblema de Deportes Valdivia en ese deporte. José Santos Arias falleció en septiembre de 2012.

La ilusión se apagó

El golpe militar acabó no solo con el sueño de los preseleccionados de fútbol amateur, sino de los otros deportistas que competirían en los juegos continentales. Chile había sido designado como anfitrión en 1969 durante una reunión de la ODEPA en Cali, Colombia.

En 1972, el entonces presidente Salvador Allende se refirió en el acto de constitución del comité organizador, celebrado en México, a las obras que estaban en curso para la justa deportiva. En un distendido discurso -en el que incluso bromeó con el ministro de Obras Públicas- Allende anunció el término de los trabajos en el estadio techado del Parque Cousiño (hoy Parque O’Higgins); un polígono de tiro y una pista de remo en Pudahuel; y la construcción de la villa panamericana en el proyecto Remodelación San Luis, entre la infraestructura más destacada. Varias de estas obras nunca se realizaron o quedaron inconclusas.

José Santos Arias tuvo vasta experiencia como técnico de inferiores. Acá con el legendario húngaro Ferenc Puskas, DT de Colo Colo en 1977.

Poco después de tomarse el poder por las armas, la junta militar descartó la sede de los Panamericanos. Según consigna La Nación, la dictadura decidió suspender la organización de la cita deportiva el 24 de septiembre de 1973. En una nota publicada por ese mismo diario el 19 de octubre de ese año, se indica que el entonces presidente de la ODEPA, el venezolano José Becarasa, sostuvo una reunión con los personeros del régimen para hacerlos cambiar de parecer. No lo consiguió.

La organización pasó a manos de Sao Paulo, pero debido a un brote de meningitis, la ODEPA designó a Ciudad de México como sede definitiva. Chile no llevó representativo de fútbol a la cita en la capital mexicana.

“Fue muy lamentable, porque esta selección no se estaba preparando solo para competir. Estábamos entrenando dos años antes. Yo creo que esta experiencia me incentivó a dar el salto al fútbol profesional, porque yo veía jugadores buenos y trataba de ser como ellos”, subraya Fidel Dávila, quien además integró el plantel campeón de Cobreloa en 1985.

Ni Dávila ni Mitre, dos de los valores incluidos en la lista final, recuerdan haber sido notificados personalmente del abrupto final del proceso. “Naturalmente que fue importante para mí integrar esa preselección. La ilusión la tuvimos, pero la apagó el golpe militar y no se tocó más el tema. No siento que eso haya precipitado mi decisión de retirarme tan temprano, no recuerdo si me retiré el 74 o el 75”, revela Mitre, preseleccionado chileno tanto en fútbol como en baloncesto.

A los jugadores iquiqueños el golpe militar les pegó con particular fuerza no solo por el quiebre del proceso deportivo, sino por su proximidad con el puerto de Pisagua, convertido en centro de tortura y prisión política durante la dictadura. “El golpe fue una cuestión totalmente negativa. Todos estábamos bajoneados por lo que pasó en el país. A nadie le gustaba una cosa así, porque teníamos muchos amigos del barrio que fueron fusilados en Pisagua”, dice desconsolado Mario Riquelme.

Fidel Dávila, amigo y ex compañero de trabajo de Riquelme, también lamenta los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el régimen, más allá de la desilusión deportiva: “Yo no presentía que con el golpe se iban a suspender los Juegos. Pensé que Pinochet podía ganar prestigio al organizarlos, pero no sabíamos que detrás de esto venía (…) cómo decirlo (…) una máquina de malas acciones”.

-¿Por las violaciones a los derechos humanos, dice usted?

-Sí, después fue terrible. Nosotros vivíamos en Iquique, al lado de Pisagua, donde se cometieron muchos asesinatos. Escuchábamos los bandos y estábamos asustados. Había mucha gente del lado del golpe que hablaba y buscaba personas. Fue una pena muy grande.

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