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El Desconcierto
Opinión

La importancia de la Atención Primaria de Salud

Por: Camila Gallardo / Publicado: 16.09.2020
La importancia de la Atención Primaria de Salud Cesfam de San Javier / Agencia Uno /
En nuestro rol de APS, abordar la pandemia desde el ámbito comunitario es difícil cuando tenemos un sistema de salud basado en metas y producción, donde evalúan y premian por cubrir enfermedad y no por prevenirla. Nos ha costado, pero nos hemos reinventado con nuevas funciones, trabajando en turnos y haciendo esfuerzos en informar, educar y reconocer los alcances de la pandemia, los daños, las necesidades de las personas, gracias al conocimiento acumulado de forma de conectarnos con el territorio.

La Atención Primaria de Salud (APS, conocida aún como las “postas” o los “consultorios”) es la mayoría de las veces el primer contacto de las personas al sistema de salud tradicional. También es una estrategia de cómo pensar la salud más cercana a la población, ya que la personas viven cerca de su centro de salud, tienen una forma de vida incluso a veces en torno a su CESFAM o CECOSF o las distintas formas de presentación de la APS, desde que fuera concebida a propósito del Día Mundial de la APS, que se celebra cada 6 de septiembre.

Es un primer contacto muchas veces menospreciado, pero que siempre está disponible, porque funciona bajo las lógicas de continuidad de la atención, realizando un acompañamiento durante el ciclo vital de la persona, conociendo a toda la familia y a la comunidad, con sus redes, entramados y formas de vivir el territorio.

Si esto se potenciara, se podría desarrollar en conjunto a las personas del territorio una relación de mutua entrega. Donde las personas puedan ir a resolver sus problemas de enfermedad y, además, construir salud entre todas y todos, respetando las costumbres, la cultura, los saberes populares de las personas que allí habitan y el entorno natural, aprendiendo de ellos y ellas; no sólo cumpliendo metas en base a números o indicadores, sino mirando a la cara, conociendo, aprendiendo, y con las ganas de avanzar a mejores condiciones de vida en conjunto, hacia un Buen Vivir.

Sin embargo, lo que ocurre muchas veces es que no hay horas, que se atiende mal, que no hay disponibilidad de exámenes o insumos básicos y una serie de falencias más que provocan descontento en las personas y frustración en los/as trabajadores/as, derivadas de problemas de índole de infraestructura, recursos humanos y recursos económicos.

Tenemos un problema estructural en salud y en nuestra sociedad. Con un sistema segregador, fragmentado, donde quienes tienen capacidad de pago se pueden atender en isapres, aproximadamente un 80% de los chilenos se atiende en la atención pública. Por lo mismo, vivimos colapsados, y quienes estamos en el box no podemos dar respuestas oportunas ni proteger a la población como corresponde.

Han insistido en tratar, como a muchos otros derechos fundamentales para una vida digna, a la salud como un bien de mercado, desmantelando año tras año a este sistema con políticas que favorecen el traspaso de fondos públicos a privados y tratado a la salud como a un negocio, cuando no todos/as pueden pagar. Por eso hay que avanzar hacia un sistema de salud universal, donde todos tengan derecho a salud digna, que no dependa del tamaño del bolsillo.

Ahora nos encontramos en un momento diferente a lo habitual, con una pandemia que nos ha impuesto un desafío que nos está dejando aprendizajes importantes, pero también nos ha mostrado la cara más dura de las inequidades en Chile, que siempre han estado ahí producto de las desigualdades en las relaciones de poder de nuestro país, sólo que ahora son más evidentes.

En esta contingencia ha sido vital la participación trabajadores y trabajadoras de Atención Primaria en Salud, muchas veces sin los elementos de protección adecuados ni personal suficiente, produciéndose desgaste tanto físico como mental, por el miedo a contagiarse o contagiar a seres queridos y teniendo que lamentar ya la muerte de 14 trabajadores/as a la fecha. Pero la APS ha estado ahí, a pesar de la ausencia de lineamientos centrales que nos ubicaran en un rol importante dentro de la estrategia de vigilancia epidemiológica y contención de la pandemia desde un principio.

En nuestro rol de APS, abordar la pandemia desde el ámbito comunitario es difícil cuando tenemos un sistema de salud basado en metas y producción, donde evalúan y premian por cubrir enfermedad y no por prevenirla. Nos ha costado, pero nos hemos reinventado con nuevas funciones, trabajando en turnos y haciendo esfuerzos en informar, educar y reconocer los alcances de la pandemia, los daños, las necesidades de las personas, gracias al conocimiento acumulado de forma de conectarnos con el territorio.

En ese sentido, quienes tienen mucho que enseñarnos son las dirigentas y personas voluntarias que han trabajado arduamente en intentar dar respuesta a necesidades directas y más sentidas de la población, frente a la falta de seguridad social desde el estado en este país y a un sistema económico que fomenta la desigualdad.

Nuestro sistema será precario, las ayudas de parte del estado han sido muy pocas, pero tenemos una riqueza tremenda y esa se encuentra en las poblaciones, en las organizaciones que se han ido fortaleciendo y en el vivir en comunidad, donde ha habido muestras de enorme solidaridad entre vecinos/as para sobrellevar la pandemia.

Este nivel de conocimiento de las necesidades y de ayuda es digna de mirar y aportar desde la APS. Por lo que hay que avanzar en la toma de decisiones en conjunto a la comunidad en los procesos de salud y enfermedad apuntando a cambios colectivos, una APS que mire y trabaje por y junto a su territorio.

No se puede olvidar que como trabajadores y trabajadoras de la salud vivimos en un país de injusticias. Si queremos mejor salud para nuestro pueblo tenemos que estar unidas y unidos por las demandas que mejoren las condiciones de nuestra gente y avanzar hacia una transformación social por una vida digna.

Por eso, ojalá este 25 de octubre aprobemos con Convención Constitucional y logremos generar una Constitución que nos haga vivir en un país más justo, con derecho a salud, de modo de cambiar las lógicas de cómo nos movemos hacia unas más solidarias, hacia el bienestar.

Camila Gallardo
Médica. Directora del Departamento APS de la Fundación Equidad.
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