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Opinión

“Des-mapuchizar” para militarizar

Por: Alejandro Navarro / Publicado: 17.09.2020
“Des-mapuchizar” para militarizar / Foto: Sebastián Meza
Lo digo con claridad: no creo que sean mapuche quienes están detrás de los últimos atentados a civiles, pero aquellos actos delictuales le han dado la excusa perfecta al gobierno para agudizar su política militar. ¿Quién está detrás? No sé. ¿A quién le conviene? Está claro.

La situación de violencia en la Araucanía puede ser todo, menos novedosa. A pesar de que una vez más ocupa parte importante de la agenda comunicacional, la cuestión en lo estructural es la misma ya denunciada tantas veces, y que he resumido así: “No hay robo de madera, hay robo de tierras. No hay violencia rural, hay violencia colonial”.

Por ello es que tampoco puede sorprendernos el doble estándar con que ha actuado el gobierno ante el paro de camioneros, que se deriva del mismo conflicto en la macrozona sur. Sin siquiera haber parado, el Ejecutivo estuvo llano a conversar con el gremio transportista una agenda que, por lo demás, parece ir en apoyo de los intereses de la misma derecha: mayores facultades coactivas para el Estado.

Un contraste violento, qué duda cabe, con la negativa al diálogo con el pueblo mapuche que, a duras penas, tras huelgas de hambre, logra ser escuchado, para que el presidente Piñera responda con un “Comité Wallmapu”, que no fue bienvenido por ninguna de las tres mil comunidades históricas con títulos de merced, tal como lo señaló el histórico líder Aucán Huilcamán. Sin embargo, no se puede dejar de advertir un cierto giro retórico que podría dar cuenta de algunas modificaciones tácticas que está adoptando la derecha, para avanzar hacia una nueva ofensiva militar en su guerra colonial de ya más de 150 años: “des-mapuchizar” la violencia.

Seamos sinceros. La Araucanía es una zona de conflicto no por su pobreza, sino por su riqueza. Es por sus recursos naturales que el Estado de Chile inició una guerra contra el país mapuche en la década de los 60 del siglo XIX, interés económico que hoy sigue intacto en las forestales. De lo que se trata siempre, a fin de cuentas, es de asegurar las condiciones para la producción y reproducción ampliada del capital extractivo en la zona. Es decir, de lo que se trata es de que las tierras puedan ser explotadas por las forestales, al tiempo que estas puedan acceder a nuevos predios para seguir con su explotación.

Pero, para que eso suceda, dado el carácter conflictivo de los asentamientos coloniales, no basta sólo con plantar y talar, sino que hay que militarizar para ofrecer certeza y seguridad a la industria. Es por ello que desconfío de esta nueva retórica de “no son los mapuche”. No porque crea que “sí son los mapuche”, sino porque creo que ante los nuevos actos de violencia los únicos que ganan son las forestales.

Al menos un par de cosas ha demostrado el Wallmapu. Primero, que tras 500 años de resistencia no ha podido ser derrotado, ni por el imperio inca ni por el imperio español, ni por Chile. Segundo, que su causa es justa, por lo que goza cada vez de mayor comprensión dentro del pueblo chileno.

Es ese el escenario que ha advertido la derecha: ante un pueblo que no se doblega, ha asumido la necesidad de la militarización permanente. Ante una causa que gana simpatía, ha asumido que debe desviar la atención para lograr su cometido.

Temo que, sean o no sean mapuche quienes han protagonizado los últimos actos de violencia, el resultado será lo que el gobierno desea: agudizar la represión en la zona. ¿Para qué? No para detener la violencia hacia personas particulares, pues la policía tiene capacidad de Inteligencia en la actualidad para hacerlo, sino para con la excusa de la violencia (y yuxtaponiendo problemas políticos con problemas delictuales), asegurar policialmente la infraestructura forestal.

Lo digo con claridad: no creo que sean mapuche quienes están detrás de los últimos atentados a civiles, pero aquellos actos delictuales le han dado la excusa perfecta al gobierno para agudizar su política militar. ¿Quién está detrás? No sé. ¿A quién le conviene? Está claro.

Alejandro Navarro
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