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Opinión

La Franja

Por: Cristián Zúñiga / Publicado: 25.09.2020
La Franja /
¿Cuál es el valor que adquiere este mes de emisión de la franja audiovisual para el plebiscito? Los votantes tendrán que sentirse convencidos y motivados para asistir a votar en medio de una pandemia que no da tregua. El que asista, debe sentirse movilizado por algo más que el deber cívico, pues estará exponiendo su salud en pos de someterse a un proceso político. La franja deberá arengar a sus votantes y cada opción convocar a sus fieles. 

Ayer viernes comenzó a emitirse la franja televisiva para el plebiscito del próximo 25 de octubre, que se proyecta como la votación más importante desde la vuelta a la democracia en 1990. En escena televisiva y de internet, comenzaron las propagandas políticas de las opciones Apruebo y Rechazo.

Algunos aspectos a destacar del primer día de franja. Partamos por la Franja del Rechazo. La UDI pronunció en abundancia las palabras social, cristiano, canuto, La Pintana y en tres ocasiones mencionó a Pablo de Rokha. No aparecieron políticos profesionales y abundaron rostros de expresión humilde que apuntaban a la opción del Apruebo como una retroexcavadora de gente superior que quería pasar máquina a las familias creyentes, de bien y esfuerzo. Un intento por arengar a esa incansable fantasía derechista de “las mayorías silenciosas”.

Luego Renovación Nacional, en un mensaje poco rotundo a favor del Rechazo, prefirió destacar la opción de la Convención Mixta, como sinónimo de diversidad, lo que se ejemplificó a través de la imagen de un tradicional sándwich Chacarero. He aquí el mensaje de diversidad, apelando al centro político, en una invitación por no dejar de lado a la política tradicional en la elaboración del texto constitucional (luego veremos que este mensaje pudiera tener éxito dado el confuso e hipócrita spot de la DC).

En el otro bando, el Apruebo comenzaba con el rostro del presidente del Partido Socialista, quien recurrió a esa vieja técnica noventera del político tradicional, pasándole la posta del poder a sus juventudes. De ahí emergieron, por montones, imágenes de las movilizaciones del 18 de octubre. Lo freak fue que, junto a las imágenes del baile de Las Tesis y los caceroleos, aparecieron también, de camisa y sin corbatas, Heraldo Muñoz y el presidente del Partido Radical.

Pero lo que sin duda fue extraño y poco creíble, apareció en el bloque de la Democracia Cristiana. El partido presidido por Fuad Chaín expuso un paneo de cámara que comenzaba en el río Mapocho (simbolizando el pasado) y terminaba junto a la denominada “marcha más grande de todas”. Parece que la DC no captó que una de las principales consignas de aquella marcha era “No son 30 pesos, son 30 años”. De seguro muchos viejos adeptos de la falange quedaron decepcionados y las nuevas generaciones, apestadas por tanto oportunismo.

Sobre el resto de la franja, poco que decir. Destaca el desorden. Raro ver a RN en los dos bloques. La pillería del Partido Republicano apareciendo en la sección del Apruebo para promocionar al Rechazo. Lo penoso de ver al Partido Humanista como propiedad de Pamela Jiles y los diputados René Alinco y Pepe Auth, aprovechando minutos (el de los “independientes”) para promover sus marcas personales.   

La teoría política y comunicacional clásica nos dicen que las campañas políticas tienen un alcance limitado en cuanto a su persuasión puesto que sólo podrán modificar la intención de voto de las personas que se encuentran indecisas. Si fuera por esto, y considerando lo que develan todas las encuestas respecto al plebiscito de octubre, los indecisos serían la nada misma, pues el Apruebo tendría a la mayoría de la población convencida a su favor y, en porcentaje muy inferior, aparecerían los devotos del rechazo.

Sin embargo, la teoría también estima que estas campañas políticas son necesarias para reafirmar a quienes ya tienen definido su voto y recordarles asuntos básicos, como la fecha en que podrán ir a votar (importantísimo en un sistema de voto voluntario), pero, sobre todo, visibilizar y diferenciar las opciones que aparecerán en la papeleta.

Entonces, he aquí el valor que adquiere este mes de emisión de la franja audiovisual para el plebiscito, en el contexto actual. Los votantes tendrán que sentirse convencidos y motivados para asistir a votar en medio de una pandemia que no da tregua. El que asista, debe sentirse motorizado por algo más que el deber cívico, pues estará exponiendo su salud en pos de someterse a un proceso político. La franja deberá arengar a sus votantes y cada opción convocar a sus fieles.

Asimismo, en la papeleta de octubre próximo, habrá una opción que no necesariamente irá en lealtad con el Apruebo. Puede que exista mucho voto cruzado entre el Apruebo y la Convención Mixta; es decir, la noche del 25 de octubre podrían darse celebraciones en todo el espectro político y al final la audiencia termine no entendiendo nada.

Es muy probable que la opción del Apruebo logre una contundente victoria. Desconocer esto sería algo ingenuo. No obstante, este plebiscito recién son los primeros 15 minutos de un partido que seguirá jugándose en abril del 2021 (elección de constituyentes) y cuyo pitazo final recién se dará a fines del año 2022 (plebiscito de salida).

El lenguaje audiovisual permite simplificar hasta los nudos más enredados: esa es su virtud (o su pecado). Por lo mismo es que el exitoso proceso de expansión del mercado (la híper modernidad) se ha logrado, en gran parte, gracias a estos medios, que han sido capaces de desprender desde las relaciones sociales originarias una diversidad de individualidades líquidas, fluctuantes y distraídas que, cada cierto tiempo, dejan en paréntesis sus subjetividades para sumarse a espacios de cooperación (mercado), desde donde se cree obtener la tan ansiada sensación de libertad.

Pero este mismo lenguaje, tan bien utilizado por el mercado, no servirá a la política en su regreso a la habitual sala de clases. Es probable que, ya fuera de “la calle”, la política tradicional se vea decepcionada por no haber sido capaz de emocionar, ni menos aún saciar, las demandas de un estallido de individualidades que buscaba, a través de un proceso constitucional, cumplir sus anhelos de libertad colectiva.      

De seguro mucha audiencia, después de tanta franja política, termine nuevamente refugiándose en sus subjetividades. Para entonces será mejor asumir que no es bueno disfrazar a la siempre gris actividad política, con ropajes que no le corresponden.

Cristián Zúñiga
Profesor de Estado. Vive en Valparaíso.
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