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A 47 años de la olvidada Masacre de Chihuío: Evangélicos por el Apruebo apelan a la memoria para derribar «caricatura» de franja del Rechazo

Por: Sebastián Reyes / Publicado: 09.10.2020
A 47 años de la olvidada Masacre de Chihuío: Evangélicos por el Apruebo apelan a la memoria para derribar «caricatura» de franja del Rechazo / Fotografía de Archivo Chile
Este 9 de octubre se conmemoran 47 años de la ejecución política de 17 trabajadores agrícolas en Chihuío, durante la dictadura de Augusto Pinochet. De los prisioneros asesinados, 15 profesaban la religión evangélica, y testigos de lo ocurrido cuentan que cantaron alabanzas y oraron a Dios toda la noche, hasta que las balas apagaron sus voces. Desde el colectivo de Evangélicos por el Apruebo conmemoraron por primera vez esta fecha, con un significado especial por el contexto en el que nos encontramos, donde se separan de lo declarado por un personaje en la franja del Rechazo, asegurando que dentro de su comunidad están por el resguardo a los Derechos Humanos y la dignidad, y no del lado de quienes han buscado acallar la historia de la Masacre de Chihuío, y tantas otras.

Elva Ruiz siempre sospechó que su papá estaba vivo. Luego de que se lo llevaron, su mamá siguió con su vida y su padrastro se iba siempre de la casa con el miedo de que Ricardo Ruiz volviera, porque supuestamente lo tenían en una isla. Que su padrastro, una persona mayor, creyera que su papá estaba vivo, hacía que la niña mantuviera la ilusión de que algún día lo conocería.

El día que encontraron los restos de Ruiz en Chihuío, Elva tenía 14 años y cursaba primero medio. Fue durante la jornada escolar, que su profesor la apartó para contarle lo sucedido.

«Ese día a mi papá me lo mataron brutalmente. Ese día entendí que estaba muerto», cuenta la mujer a El Desconcierto, más de 30 años después. Hasta hoy, la hija de Ricardo Ruiz, una de las 18 personas que agentes del Estado chileno asesinaron en Chihuío un 9 de octubre de 1973, nunca ha ido al lugar donde encontraron el cuerpo de su padre. Dice que aún no puede.

Ruiz era uno de los dirigentes del sindicato “Esperanza Obrera”, el cual se organizaba en la zona que abarca las localidades Futrono, Llifén, Chabranco y Curriñe, entre otras. Luego del Golpe de Estado, y de acuerdo a un Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación, un día de octubre un convoy militar de los regimientos “Cazadores” y Maturana” de Valdivia “inició una caravana hacia el Sector Sur del Complejo Maderero Panguipulli”. El convoy estaba integrado por unos 90 hombres, entre tropa y oficiales, y siete vehículos donde los militares detuvieron y transportaron, desde sus domicilios o sus lugares de trabajo, un total de 17 trabajadores agrícolas.

Fueron golpeados hasta sangrar y en presencia de sus familias. Entre ellos, se encontraba también un menor de 17 años, Fernando Mora Gutiérrez.

Llegada la noche del 9 de octubre, la caravana se dirigió con los prisioneros a una localidad conocida como Baños de Chihuío. Sin embargo, cuando ya se acercaban a su destino, los camiones se empantanaron en el barro y tanto detenidos como militares tuvieron que salir a caminar a oscuras, dirigiéndose hacia el lugar señalado para la ejecución.

Un oficial les obligó a que cantaran. Dentro de este grupo de prisioneros, había 15 campesinos que profesaban la religión evangélica, por lo que uno comenzó a cantar una alabanza. El resto lo siguió, aún cuando algunos de ellos no eran creyentes. Testigos cuentan que clamaron a Dios y cantaron estos himnos hasta que fueron ejecutados.

“Cuando los camiones ya no pudieron seguir, nos fuimos de ahí a patita, los soldados y prisioneros. En algún momento alguien dijo: ‘¿quién de los prisioneros sabe cantar?’ (…) me acuerdo de uno que cantaba tan lindo, como Aceves Mejías. Cantaban como despidiéndose, parece que sabían que los iban a matar y había evangélicos que cantaban alabanzas”, relató un conscripto de la época que presenció este hecho, según consigna Crónica Digital.

El 10 de octubre de 1973, un testigo reconoció en ese lugar a varias de las víctimas y pudo percibir que los cuerpos tenían cortes en las extremidades, heridas cortopunzantes profundas en lugares vitales, y en algunos casos ni siquiera podía distinguirse el lugar donde impactaron las balas.

En 1978, en el marco de la “Operación Retiro de Televisores”, llegaron militares de civil a exhumar los restos de los prisioneros. Los desenterraron y lanzaron los cuerpos al mar. A esas alturas, ya habían ocurrido cuatro Te Deum en la Catedral Evangélica de Estación Central, a los que concurrieron Augusto Pinochet, los miembros de la Junta Militar y otras autoridades de la dictadura.

Sin embargo, la comunidad evangélica no solo callaba, sino que ovacionaba al dictador. Aplausos que ahogaron los cánticos y alabanzas de quienes murieron esa noche del 9 de octubre, procurando que esta memoria se perdiera en el olvido, como muchos otros crímenes atroces de la época.

«El miedo aún se siente»

Las 17 personas asesinadas y sus familias pertenecían al Complejo Forestal y Maderero Panguipulli (COFOMAP) fue una empresa forestal estatal que manejó bosques y aserraderos en cordillera entre 1971 y 1988. Así lo cuenta Antonia López, presidenta de la “Corporación de Pobladores Históricos de la Cordillera de Futrono”, asociación compuesta por aproximadamente 1.300 personas que fueron expulsadas – ellas o sus familiares – de fundos en la cordillera de Futrono y Panguipulli tras el Golpe Militar.

«Nosotros queremos demandar al Estado de Chile por el desplazamiento forzado de estas personas», asegura la dirigenta. «A la gente la sacaron a través de la represión militar. Las personas que mataron en Chihuío pertenecían a nuestra comunidad. En nuestra asociación hay hijos, hermanos, papás de ellos…», explica López.

No obstante, nadie toca mucho el tema. «El miedo aún se siente en estas personas y en la zona. Aún la gente baja la cabeza con los latifundistas. Nadie reclama nada», asegura.

Hay un monolito, un lugar donde las personas que conmemoran esta fecha y a sus seres queridos se juntan todos los años, y comparten lecturas y recuerdos. Elva Ruiz asiste todos los años, pero siempre escucha, nunca habla. Dice que aún no puede.

«Ellos eran obreros, eran analfabetos, había un niño incluso de 17 años, que por ayudar lo subieron también y lo mataron», cuenta la presidenta de la corporación, agregando que solo dos o tres de las personas que mataron esa noche estaban vinculados con la política o algún partido.

«La gente aún llora por eso, porque les preguntaron el nombre de alguien, y les dijeron y se los llevaron. No han podido tener justicia. Aún muchos se sienten culpables por lo que pasó en Chiuhío, porque los apuntaron y les preguntaron y tuvieron que hablar, pero no querían entregarlos. No querían que los mataran», relata López.

Hoy, de acuerdo a lo que señala la dirigenta, se mantiene aún una especie de pacto de silencio sobre este hecho, sobre todo de parte de la comunidad evangélica. «Menos la iglesia evangélica iba a hacer algo o decir algo en esa época. Ahora se conmemora algo pero a nivel local nomás. La gran mayoría de los evangélicos no opinan acá, no hablan, se dedican solo a ‘servir a Dios’, como dicen. A una la tildan de comunista simplemente porque esta reclamando, porque estamos reclamando espacios también», acusa López.

Sin embargo, este año algo cambió.

Conmemoración de Chihuío y Plebiscito

«Como hija de Ricardo me duele mucho que pase al olvido, que no se recuerde por lo que ellos lucharon. Mi padre era dirigente del Complejo Forestal y Maderero de Panguipulli, y él no solamente peleaba por sus derechos, sino por los de todos los campesinos, que vivían en extrema pobreza. El soñaba con un mundo mejor», cuenta Elva Ruiz, quien este jueves fue invitada, por primera vez, a una ceremonia evangélica en honor a su papá y los demás ejecutados políticos de Chihuío.

«Anoche participé de una liturgia vía Zoom, y me sentí muy emocionada de que la iglesia evangélica hiciera una conmemoración. Porque la iglesia de Curriñe, donde nosotros nos criamos, fue absolutamente ajena al dolor de las familias. Se supone que debiera haber sido un apoyo para las viudas, haberlas acogido, pero hicieron vista gorda», acusa la mujer.

«Ayer me invitaron. Yo no profeso ninguna religión, pero me sentí honrada de participar en esta reunión. No hablé de mi papá, porque hablar de él me cuesta mucho, aún», confiesa por última vez en la entrevista.

Raúl Gómez, vocero de Apruebo Evangélico, y quien participó de este homenaje telemático, comenta a El Desconcierto la importancia de recordar este trágico episodio para su comunidad, sobre todo ad portas de un hecho histórico como el Plebiscito del 25 de octubre.

«Hoy conmemoramos una fecha que es muy triste para el pueblo evangélico, porque ha permanecido muy oculta. Pocos saben en Chile de esta historia, donde fueron asesinadas 17 personas, y 15 de ellos eran evangélicos, sin ninguna afiliación política. Pertenecían a un sindicato obrero, pero no eran dirigentes ni mucho menos», señala el representante del colectivo político religioso.

«Un hermano de la cuarta región, Claudio Quiroga, de La Serena, organizó una memoria en honor a ellos, para conmemorar la fecha, que nunca había sido conmemorada. Tomamos contacto con una de las familiares. No habló, pero sí estaba muy emocionada porque nadie se acuerda de ellos. Y ayer ocurrió algo hermoso en ese sentido», expresa.

«La misma historia cuenta que los evangélicos estuvieron del lado de la dictadura, y yo quiero derribar un poco esa caricatura. Porque tuvimos personas que lucharon por los Derechos Humanos. Somos una de las corrientes de la iglesia evangélica que sí cree en la justicia social, creemos que debemos defender a las personas, luchar por los que hoy están oprimidos. Nunca vamos a estar de lado de aquellos que violan los Derechos Humanos, de los que un día difundieron el miedo dentro de la población chilena para poder quebrar la democracia», asegura Gómez.

«También queremos bajar otra caricatura de un personaje que salió en la franja del Rechazo. El llamado hoy es a todo el pueblo evangélico a votar con libertad de conciencia. Que nadie los atemorice ni les diga cómo votar, sino que siéntanse en libertad de votar por un Chile justo y digno para todos», concluye el vocero.

Elva piensa algo parecido. «Sentía que todos los ideales, por los que mi papá luchó, habían sido en vano. Pero ver lo que pasó con el estallido social, como la gente se reveló, me hace sentir que aún hay gente con sueños como los de mi papá (…) ojalá en el Plebiscito podamos hacer un cambio. Porque esa es la idea… cambiar la maldita Constitución», expresa con ímpetu.

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