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Estudiantes de psicología de la Universidad Finis Terrae denuncian comentarios transfóbicos y presencia de docentes que promueven terapias de conversión

Por: Natalia Figueroa / Publicado: 11.10.2020
Estudiantes de psicología de la Universidad Finis Terrae denuncian comentarios transfóbicos y presencia de docentes que promueven terapias de conversión / Escuela Psicología, imagen referencial.
"Una docente una vez comentó que le llegó un paciente gay y lo tuvo que derivar porque no supo qué hacer”. La transfobia y homofobia han estado presente en las aulas de la Escuela de Piscología de la Universidad Finis Terrae a lo largo de estos años como relatan estudiantes y ex estudiantes a El Desconcierto. Las alarmas sobre docentes que patologizan las disidencias sexuales llegaron hasta el Colegio de Psicólogos el año pasado. Aun así, las situaciones han continuado. Los estudiantes vinculan la falta de acción del plantel académico directamente a los vínculos de docentes que integran la Fundación Restauración, que promueven terapias de conversión.

Los primeros comentarios sexistas, homofóbicos y transfóbicos que Rodrigo Figueroa recuerda haber escuchado en la Escuela de Psicología de la Universidad Finis Terrae son de 2015. Estaba en una clase de Psicología del Desarrollo y quedó shockeado, al igual que varios de sus compañeros, al escuchar a la docente que dictaba la cátedra frente a ellos: “Si una niña quiere jugar con la pelota debemos orientar su juego a que juegue con una, pero le pasamos una rosada (…) Si el niño quiere ir con un tul al jardín/colegio pues le podemos decir que es un juego y ocasionalmente usarlo solo en la casa”, expresó en ese entonces Carolina Barriga, quien en ese tiempo se desempeñaba como secretaria académica de la facultad. Hoy es la jefa de carrera.

La sensación de incomodidad fue generalizada y, aunque algunos estudiantes hicieron sus reparos ante el sexismo que denotaba su frase, eso continuó. El mismo ex estudiante recuerda la analogía que hizo posteriormente la misma docente para referirse a las personas transexuales: “Si un niño se cree tigre, se mueve como tigre, come en un plato como tigre, eso no lo hace un tigre”, le escucharon decir. “Eso es ejemplificar de un modo absurdo el sentir de una persona trans al pertenecer al sexo opuesto”, asegura hoy Rodrigo, quien reconoce un discurso que siempre tuvo un tono de recriminación hacia la diversidad sexual.

Camila de la Vega, también ex estudiante, estuvo presente en esa y otras ocasiones donde se hablaba de ‘solucionarle el problema’ a los niños que querían usar faldas. “Siempre tenían esa manera de expresarse pensando en arreglar ese ‘problema’”, acota. Otro debate fue hablar sobre el aborto. “La directora también daba clases y en una apareció el tema del aborto. Decía que estaba mal y, en las pruebas, teníamos que responder tal cual como ella nos decía”, agrega.

Una de las docentes de la Escuela es Josefina Kast Adriasola, hija de María Pía Adriasola y el ex candidato presidencial José Antonio Kast, ambos exponentes de la ultraderecha. Después de su paso por la Universidad Católica donde cursó su pregrado y un magíster en psicología clínica, ejerció en el ámbito público y privado. En agosto de 2019, se integró a la Finis Terrae donde imparte el ramo Psicopatología Infantil. Diego Auger, ex presidente del centro de alumnos entre 2018 y 2019, cursó este ramo con ella, aunque reconoce haber asistido a pocas clases por el choque ideológico que le provocaba. En una oportunidad recuerda que para hablar sobre relaciones entre el mismo sexo ejemplificó entre dos animales, en vez de hacerlo con personas. “Lo dijo así porque no soportaba la idea. Le dijimos que no se podía seguir negando esto, pero el decano y el secretario de carrera tampoco hacían nada para evitarlo”, cuenta.

Los episodios de discriminación continuaron y, como reconoce Rodrigo, se hicieron cada vez más evidentes. En 2018, ingresó a la carrera un estudiante trans que pasó por un calvario al pedir que fuera inscrito con su nombre social. Solicitó directamente al decano, Klauss Droste, el cambio del registro para aparecer con esa identificación en la lista. La universidad, sin embargo, respondió que en el ámbito legal eso no era posible. Solo tres años después hicieron el cambio. “Hay una ambivalencia porque la universidad había dado la orden de decirle por su nombre social en los electivos, pero el cuerpo docente de psicología, por lo que me contaba, dependía de su voluntad y no todos lo hacían”, explica Rodrigo.

Estas actitudes han generado un sentimiento de desilusión para varios estudiantes egresados de la carrera que creen que se ha tendido a caricaturizar a las personas trans, como personas que no están siendo «buenas» del todo. “Es incómodo porque llegamos a la carrera pensando en un espacio abierto, en la contención, pero te das cuenta que hay visiones muy extremistas, muy sesgadas también por la religión. Una docente una vez comentó que le llegó un paciente gay y lo tuvo que derivar porque no supo qué hacer”, lamenta el ex estudiante.

El cuerpo académico

Los hoy profesionales de salud mental reconocen que en el cuerpo académico de la Escuela hay docentes transfóbicos, un núcleo duro de derecha con una línea extremadamente conservadora. Muchos de ellos ex estudiantes de la Universidad de Los Andes vinculada al Opus Dei.

Como las anteriores, muchas situaciones fueron dadas a conocer por el centro de estudiantes a las autoridades académicas para evitar que se siguieran reproduciendo discursos discriminatorios. Sus respuestas se respaldaban generalmente en la libertad de expresión y de pensamiento de cada docente. Pero, más allá de eso, la falta de acciones estaría ligada a algunos vínculos que existen al interior del plantel, reconocen los propios estudiantes.

Cristián Snake Ferrer es director del Centro de Psicología Integral de la Persona de la universidad y es hijo del pediatra Christian Snake y la psicóloga Marcela Ferrer.  Los tres han llevado adelante la Fundación Restauración donde es conocido que se promueven y aplican «terapias de conversión».

A la vez, Marcela Ferrer, psicóloga y magíster en bioética de la Universidad Católica, ha sido invitada a exponer en charlas en la Escuela. Esto también ha generado amplio rechazo en las clases. «Una compañera empezó a pelear con ella por el tema del tutú, si es que un niño quiere disfrazarse con cualquier elemento femenino. Pero ella tenía una visión de adultizar eso y verle una condición sexual. Fue un debate fuerte, estábamos todos callados”, cuenta el ex estudiante.

El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) ha sido una de las organizaciones que ha exigido el cierre de este centro ante las numerosas denuncias que han recibido por las abusivas terapias que aplican. «Violenta derechos humanos y amerita la rápida intervención del Estado”, sostuvieron en 2017 cuando denunciaron que Marcela Ferrer públicamente defendía la reconversión de la homosexualidad.

Las alertas

Si las autoridades académicas no daban respuesta, entonces, había que recurrir a otras opciones. Así fue como en julio del año pasado el Colegio de Psicólogos recibió la primera alarma sobre esta situación: “El motivo del contacto con ustedes es a modo de denuncia y orientación frente a mi Escuela de psicología, la cual a lo largo de mi paso por ahí ha realizado discriminación implícita a la comunidad LGBTQI+”, comenzaba el mensaje. “No tengo la menor idea del ‘poder’ que puedan tener como colegio de Psicólogos frente a sanciones u observaciones de malas prácticas que puedan existir en el área”, planteó en ese momento un estudiante.

Su preocupación, tal como los anteriores ex estudiantes, es que estos temas no sean abordados con altura de miras en la formación profesional, y que la homosexualidad y transexualidad sea omitida y patologizada. Rodrigo Figueroa recuerda cómo repercutió eso en su práctica, aunque él siempre ha tenido interés en temáticas sobre disidencias sexuales. «Hice mi práctica un liceo municipal de Ñuñoa en el que había gente trans, no binaria, andrógina. Pero no nos están dando herramientas ni orientación. En ese momento la decana me dijo: ‘tú Rodrigo luego verás tu futuro y verás en qué te puedes especializar. Pero me lo dijo como algo que no le competía a la Escuela», relata.

La encargada de la comisión de Derechos Humanos del Colegio, Jeannette Rosentreter, por su parte, dice que existen serias debilidades en las mallas académicas y sus formadores. «No es poco habitual que las universidades carezcan de estos enfoques. A veces no son abiertamente discriminadoras porque pasa por el enfoque particular de un profesor, pero, en general, no se trabajan. Las universidades también son como un reflejo mismo de la sociedad», advierte la profesional.

Esto, sin duda, provoca una reacción en cadena de seguir reproduciendo la violencia de género, plantea. «Las repercusiones que puede tener esto es que los salen con una formación que no está a la altura de las temáticas sociales, humanas y comunitarias y de grupos vulnerables. Por más que a ti te parezca o no estas personas están, existen, y tienes que tener una apertura para poder abordar todas las temáticas en el ámbito humano. El no incorporarlo en la actualidad, cuando tienes una realidad muy distinta de hace 20 y 30 años atrás, implica una formación debilitada«, concluye.

«Es antiderechos»

Actualmente las terapias de conversión no se encuentran reguladas en el país. Hace algunas semanas el debate se abrió en la comisión de Derechos Humanos a propósito de modificaciones a la Ley Zamudio y los dichos de la subsecretaria Lorena Recabarren quien aseguró que «existen personas que podrían consentir estas terapias». Como no existe una norma sobre las terapias que buscan modificar la orientación sexual, se pueden seguir haciendo.

De todas maneras, advierte Constanza Valdés, activista trans y asesora jurídica de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, por la presión social y las funas posibles, no van a promocionarlas abiertamente. «Pero las iglesias en colegios y facultades lo hacen, aunque pueden estar muy invisibilizadas. Pensemos en colegios muy conservadores en los cuales, por ejemplo, un psicólogo atiende a un niños de la comunidad LGBTIQ, puede decirle que no cree que esa identidad sea e intente redirigir su identidad. Eso podrían decir que no es una terapia de reconversión que está enmarcada en una política, pero, en el fondo, busca el mismo objetivo y se da en el cotidiano», plantea la también integrante de la Asociación de Abogadas Feministas (Abofem).

Lo complejo, cree, es que si un psicólogo o un profesional de la salud se niega a dar prestación a una persona por su identidad de género, sería discriminación y, más aun, sería anti derechos humanos. «Lo que hacen estas personas es negar los derechos de la gente LGBTIQ. Bajo esa premisa, negar la existencia de niños, niñas y adolescentes trans o de alguna manera patologizar la orientación e identidad, entonces, están hablando que somos personas enfermas y que no tenemos los mismos derechos«, plantea. En la moción que se presentó dentro de la tramitación de la Ley Zamudio, espera que apliquen cambios en este sentido. «Esperamos que la Superintendencia de Salud se pueda hacer cargo y que lo consideren derechamente como tortura hacia las personas que se someten a ellas«, concluye.

[Te puede interesar]: Las marcas de los incorregibles: A 30 años de la eliminación de la homosexualidad como patología mental en la OMS

***

El Desconcierto contactó a la directora de carrera de Psicología, Carolina Barriga, para consultarle sobre los motivos por los cuáles han permitido discursos discriminatorios por docentes del plantel. Sin embargo, no respondió. La misma pregunta se le transmitió a la decana de la facultad de Educación, Psicología y Familia, María de la Luz Matte, a través de un correo electrónico, detallando algunos ejemplos sobre frases dichas por docentes, según comentaron los estudiantes a este medio. Además, se le consultó si, como autoridad académica, reconocía responsabilidad al permitir estas situaciones en la formación profesional. Sin embargo, respondió que «no es posible precisar una respuesta sin tener los antecedentes concretos de las situaciones que comentas como para poder hacer una evaluación al respecto».  «La Universidad tiene el más irrestricto compromiso con la persona y su dignidad, por lo tanto si recibiéramos alguna denuncia en esta línea, con las evidencias suficientes que la sustenten, actuaríamos en total apego a nuestra reglamentación vigente, que sanciona los actos constitutivos de discriminación arbitraria contrarios a esa dignidad», cerró en ese correo.

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