Cecilia Aguayo: “Las letras (de Corazones) son tan atrevidas como las de los discos anteriores, pero para hablar de amor”

Por: Bárbara Alcántara y César Tudela / Publicado: 22.05.2020
Cecilia Aguayo / Carlos Bogni
La entrañable amiga de Jorge González y una de las piezas fundamentales en la era Corazones, conversa con Babel sobre lo que significa aún para ella el celebrado disco, las reuniones posteriores y sus recuerdos de aquellos tiempos junto a Los Prisioneros, por entonces reconvertido en un trío mixto pop. “La palabra orgullo es lo primero que se me viene a la cabeza”, se confiesa.

“Te voy a responder desde lo concreto: esto ha estado desquiciante para mí y mi familia”. Así parte la entrevista que pudimos tener, vía mail, con Cecilia Aguayo, que en estos días sigue viviendo el luto de su padre fallecido, víctima del COVID-19. “No lo pudimos ver desde que se hizo el diagnóstico ni acompañar cuando murió; no le pudimos hacer funeral y tuvimos que esperar dos semanas para poder cremarlo”, nos cuenta en días donde la pandemia parece mostrar su peor cara en nuestro país, con un número de contagiados creciendo exponencialmente y poniendo en jaque al servicio de salud. Un panorama desolador que la también médica ha tenido que sobrellevar. “Muy complicado enfrentar la muerte en estas circunstancias. Paralelamente, mi hermano y mi padrino fueron también hospitalizados por coronavirus, pero ya están en su casa”.

A pesar de todo, Cecilia se da el tiempo para respondernos algunas preguntas en torno al celebrado disco Corazones de Los Prisioneros, donde si bien ella no tiene participación directa, sí es protagonista de la historia cuando el mismo Jorge González le ofrece ser la tecladista del grupo y así, salir de gira para promocionar el disco tanto en Chile como en el extranjero.

– ¿Puedes recordarnos la historia de cómo se conocieron con Jorge y cómo te integraste a Los Prisioneros?
– Con Jorge nos conocimos a través de Jacqueline Fresard, una amiga que pololeaba con él. Ella me invita un día a que la acompañe a un recital de Los Prisioneros al Estadio Chile. Voy sin ninguna expectativa y me encuentro el recinto full lleno de gente eufórica y el concierto de los músicos me dejó impresionada. No tenía idea de su power ni de su fama. Era, creo, 1985. Luego, ellos se casaron y ahí lo vi muchas veces en su casa y comenzamos una amistad. En esa época, empezamos con el proyecto Cleopatras (junto a Fresard, Tahía Gómez y Patricia Rivadeneira). Con el correr del tiempo, Jorge se embaló con nosotras y quiso componernos canciones. Hizo unas ocho, entre ellas ‘Corazones rojos’ y ‘Con suavidad’. En 1989 Cleopatras se acaba de la forma estable y solo haríamos cosas ocasionales después. A esas alturas, mi amistad con Jorge ya estaba consolidada y decidimos arrendar una casa juntos para acompañarnos, ambos estábamos con dramas sentimentales. Fue en ese contexto que Jorge me cita un día al Parque O´Higgins para invitarme a tocar con Los Prisioneros, me dice: “¿quieres tocar conmigo y con Miguel los teclados en la banda?”, de una le respondo que sí. “Pero debes dejar tu trabajo como médico, porque nos vamos de gira”. Sin dudarlo le dije que sí, nuevamente. Nos llenamos de entusiasmo. A esas alturas, Jorge ya había tomado la decisión de incluir ‘Corazones rojos’ y ‘Con suavidad’ en su nuevo disco, Corazones.

– ¿Qué sientes el haber sido protagonista de esa etapa tan importante del rock chileno?
– La palabra orgullo es lo primero que se me viene a la cabeza. El haber compartido con ellos en el escenario tengo claro que fue un privilegio excepcional. Tocar ante un público masivo que coreaba prácticamente todo el concierto… se produce ahí una exaltación y comunión entre los músicos, una intensidad para el público y los músicos. Era la etapa post pinochetista de Los Prisioneros, así que podíamos tocar en todos los recintos con un público masivo.

– ¿Qué te pasa cuando escuchas el disco hoy?
– No me aburre, podría ser actual. Si lo tocan en la radio lo dejo. Todas las canciones son buenas, no hay canciones de relleno, es precioso. Como he dicho antes, las letras son tan atrevidas como las de los discos anteriores, pero para hablar de amor.

– ¿Qué recuerdos tienes de los shows donde con Jorge volvieron a tocar el disco en el festival Primavera Fauna (2012) y, luego en 2014, en el Teatro Municipal de Santiago?
– Primavera Fauna fue impresionante, fue una idea de la Pía Sotomayor (productora) que Jorge tocara solo el Corazones. A él le costó decidirse porque pensaba que el público no se iba a interesar en oír todas las canciones. A mí también me costó decidirme, porque ya no tocaba teclado, hacía 15 años que no tocaba siquiera una nota. Finalmente, nos decidimos, en el camino también se unió Uwe Schmidt que se encargó de actualizar las percusiones. Y salió la raja, Jorge cantó increíble. Sonreía sola de estar tocando en un escenario con dos genios como ellos, fui otra vez afortunada, pero tuve sentimientos encontrados: por un lado, la maravilla de tocar Corazones con ellos, y por otro, la frustración de no poder tocar como antes, tuve que simplificar y tocar menos. En el del Teatro Municipal se repitió lo de Fauna. El recuerdo va mucho por el lado del recinto, su importancia, y es precioso. Era espectacular la vista desde nosotros hacia el público, los palcos, la pintura en el cielo, la lámpara central. Era bello.

Hablarte de aventuras

 Como bien hace mención Aguayo, en 1986 da vida a Las Cleopatras, junto a la artista visual Jacqueline Fresard, la bailarina Tahía Gómez y la actriz Patricia Rivadeneira –quien también ejercía el rol de dirección–, mientras ella se sumaba en su rol como bailarina. El rol de aquel colectivo femenino de performance multimedial y reflexión política, en sus propias palabras, fue la de “entregar un mensaje, sobre todo desde un punto de vista biográfico: vivencias amorosas, crítica intuitiva, provocación por rebeldía en el ADN exaltada por el extremo contexto de la dictadura. Nos urgía indagar la libertad y la expresión general. El lenguaje eran las artes escénicas: teatro, danza, canto, escenografía y también la fotografía”.

–Patricia Rivadeneira dijo en una entrevista al sitio web Pousta lo siguiente sobre Las Cleopatras: “para los que no eran cercanos a nosotras, éramos una putas”. ¿Crees que era realmente así? ¿Sientes que eran mal miradas por prejuicios y machismo?
– Parece que sí. Una vez invité a una conocida casada a ir con nosotras a un bar, me contestó, no me deja mi marido porque dice que ustedes son unas putas. Él nunca había ido a vernos.

Hoy, transformadas en un símbolo de la contracultura under durante el oscurantismo de los años ochenta en Santiago, Las Cleopatras no son solo un recuerdo. En 2016, volvieron a reunirse en el lanzamiento de un LP compilatorio producido por el sello Hueso Records, en el que se rescataron algunas de sus grabaciones –de todo tipo– realizadas en sus cuatro años de actividad y en la que contaron con la colaboración cercana de músicos como el mismo Jorge González y María José Lavine. Este 2020, tenían agendado para fines de marzo una actividad en el evento Estrategias Oblicuas, encuentro que reflexiona en torno a la música electrónica.

– Esta crisis sanitaria impidió el regreso que Las Cleopatras tenían planeado, ¿no?
– Iba a ser una presentación audiovisual, un gif animado a partir de unos collages con fotos nuestras y una escucha de actuaciones grabadas en 1986 y unas canciones grabadas el 88. Algo muy cleopátrico.

Lo cleopátrico como adjetivo bien también ser un sinónimo de feminismo. Feminismo de lucha, si se quiere, sin olvidar el contexto socio-político de su surgimiento. Aunque Cecilia es más escéptica al referirse sobre una “evolución” del movimiento que hoy tiene a las mujeres en la primera línea de las discusiones en torno al nuevo mundo que se quiere construir: “diré algo políticamente incorrecto: no había feminismo (en ese tiempo), en el sentido que no se escuchaba esa palabra como ahora. No era una lucha específica, estábamos en dictadura, había muchas cosas por las cuales luchar. El feminismo como lucha transversal de las mujeres es algo de ahora”.

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