Cartas

Día del trabajador y la trabajadora

Por: Francisca Quiroga | Publicado: 01.05.2019
Día del trabajador y la trabajadora trabajo | Foto: Agencia Uno
Cómo docentes nos hemos visto excluidos como trabajadores, marginándonos durante años a un estatuto docente como alternativa al código laboral por un lado, y por el otro, una implementación de una carrera docente, donde no sólo se nos diferencia del resto de los trabajadores, sino que además se perciben las injusticias en nuestra labor, rebajando nuestro profesionalismo a una vocación totalmente apostólica, llena de obligaciones que no corresponden a nuestro trabajo, exigiendo con esto, devoción, cuidado y sumisión por parte de un estado que nos reconoce como docentes, pero que nos aísla como profesionales, dejando de lado a todo el resto de profesionales que participan del proceso educativo en cada colegio y liceo en Chile

Cada primero de mayo, conmemoramos la lucha de miles de trabajadores y trabajadoras que se han sacrificado para obtener los diversos derechos laborales actuales. Desde este punto, hemos construido un presente diferente y necesario, agrupándonos en sindicatos, confederaciones y colegios. La construcción histórica de cada una de estas instancias de participación ha sido de vital importancia para cimentar el desarrollo de un nuevo Chile, pero, la llegada del Neoliberalismo a nuestra cotidianidad, disgrego no solo nuestras mentes, sino que también buscó la forma de separarnos como trabajadores y trabajadoras. Así surgen instancias de sometimiento elitista, quitándonos la posibilidad de articularnos, poniendo incluso un oficio por sobre otro, primando el individualismo por sobre la colectividad. Formó sindicatos, que funcionan como meros buscadores de bonos y dejó de lado nuestro rol unificador en la sociedad. Logró separarnos entre profesionales, generando barreras de segregación entre distintos sujetos sociales, barreras imaginarias que separan a la comunidad.

Cómo docentes nos hemos visto excluidos como trabajadores, marginándonos durante años a un estatuto docente como alternativa al código laboral por un lado, y por el otro, una implementación de una carrera docente, donde no sólo se nos diferencia del resto de los trabajadores, sino que además se perciben las injusticias en nuestra labor, rebajando nuestro profesionalismo a una vocación totalmente apostólica, llena de obligaciones que no corresponden a nuestro trabajo, exigiendo con esto, devoción, cuidado y sumisión por parte de un estado que nos reconoce como docentes, pero que nos aísla como profesionales, dejando de lado a todo el resto de profesionales que participan del proceso educativo en cada colegio y liceo en Chile. La sociedad nos apunta como culpables de los errores del sistema, y los pocos logros son celebrados por la élite política, que mal entiende el verdadero sentido de educar y la importancia que tiene esta arista en cualquier comunidad.

Actualmente el sistema educativo no nos reconoce como transformadores sociales, siendo el agobio laboral parte de nuestra cotidianidad y el que muchas veces frena nuestros ímpetus creativos. La rotación de profesionales de la educación en cada establecimiento es aceptada, siendo un mecanismo que vulnera nuestros derechos laborales y que justifica su actuar bajo el poder de la “vocación”, un rol apostólico, muchas veces mal entendido y utilizado. Un trabajo históricamente feminizado, pero profundamente machista, donde la calidad se mide desde la expresión maternal de las docentes, desde la preocupación excesiva por los cuidados.

Como educadores, nos reconocemos como transformadores de la sociedad, liberadores de la represión que generan los medios que nos manipulan constantemente, nos reconocemos como críticos frente a una sociedad que está llena de injusticias, por donde la miremos.

El camino no es fácil y la tarea del docente no exige solo la preocupación por los cuidados y la transmisión de contenidos, sino que exige un compromiso en contra de las injusticias sociales, la búsqueda de organizarnos en contra de aquellos que nos oprimen, buscamos la liberación y la construcción de una comunidad igualitaria.

*María Teresa Araya Casanova, Profesora de Biología y Ciencias Naturales, Preuniversitario Social Eloísa Díaz y María José Araya Ahumada, Profesora de Biología y Ciencias Naturales, Preuniversitario Social Eloísa Díaz

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