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Crónicas bananeras: diez breves notas sobre las elecciones yanquis

Por: Daniel Noemi | Publicado: 25.10.2020
Crónicas bananeras: diez breves notas sobre las elecciones yanquis Un intenso debate tuvieron este jueves Trump y Biden de cara a las elecciones presidenciales agendadas para el 3 de noviembre | Captura Twitter @cspan
En la radio entrevistan a los jefes de campaña: se acusan mutuamente de mentir, de ser los representantes del “pueblo americano”. Pienso que el pueblo americano debe estar harto de oír nombrar su nombre tanto todo el tiempo.

“Todo sobre las elecciones es triste y patético, pero tal vez lo peor es que votemos a Biden y esperemos que un tipo como él nos venga a salvar.”

Eduardo.

“Si tuviera que elegir algo, yo diría la sensación personal de ser parte de un guión de película de humor absurdo.  Cada cosa que vemos o que ocurre parece un ‘script’ a cada momento más rocambolesco, como a unos guionistas que se les ha ido la mano y ya no tienen límite. Si no fuera tan serio, sería para descojonarse”.

Roberto.

I. Les pregunto a mis estudiantes, jóvenes de 18 a 21, qué piensan de las elecciones, qué le contarían a la gente por el sur del mundo. Después del silencio inicial, que las horribles pantallitas de zoom solo hacen más profundo, comienzan a hablar.

-Lo primero, es decir que estas son las elecciones más importantes de nuestra vida no es cierto. O sea, pueden ser ahora para mí, porque son mis primeras elecciones; pero las próximas y las demás que vengan también lo van a ser. Cada cuatro años la de presidente. Y, ¿sabes?, ni siquiera son las más importantes: las elecciones locales son más importantes, tienen más relevancia directa para nuestras vidas, educación, salud, todo eso se da a un nivel local.

-Yo hablaría de los intentos por evitar que gente vote, sobre todo las minorías. Desde la policía que lleva mascarillas pro-Trump a grupos paramilitares que están amenazando con “vigilar” las elecciones, a las reglas sobre documentos de identidad que son una locura en algunos estados. Mira (se detiene un rato, teclea algo en la computadora, y lee), el 15% de los menores de 20 no tenemos un documento válido, el 13% de los africano-americanos, el 10% de los hispanos, el 12% de los adultos que viven en hogares que ganan menos de 2.000 dólares al mes. Y para qué hablar de todo el miedo que ha metido Trump con el voto por correo.

-Lo que pasa, es que si el sistema fuese verdaderamente democrático, o mejor dicho, una persona un voto, no habría duda de quién ganaría. Clinton le ganó a Trump por casi tres millones de votos (2% del total de votos) , Gore le ganó a Bush Jr. por medio millón (0,5% del total). Imagínate: en teoría, un candidato puede ganar con el 22% de los votos. ¿Es esto democracia?

II. Reviso mi correo. Hay un mensaje de las altas esferas de la universidad. La decana de la facultad nos pide suspender todas las pruebas, exámenes o controles programados para la semana de las elecciones. L@s estudiantes van a estar muy estresad@s, cansad@s, no van a dormir la noche de las elecciones. ¿En serio?, pienso. El problema serio es que el día de las elecciones es un día “normal” de trabajo y de clases; deberían por lo menos suspender las clases (luego me entero que algunas colegas han hecho eso).

III. Entre el miedo y la esperanza. Mi pareja que se acaba de nacionalizar estadounidense, me dice que sería terrible cuatro años más. Menciona los 545 niños y niñas que aún no han sido reunidos con sus padres. Habla de la violencia que se ha instalado en el país: no solo la violencia racista de la policía, fomentada y defendida desde el gobierno; también la violencia que impide cualquier conversación. Dice: y los más culpables no son los fascistas y racistas que apoyan a Trump, sino los liberales con buenas intenciones que votan por Biden y se sienten bien por decir cosas bien, por estar a favor de las buenas causas, por todo eso, pero también quieren que todo siga igual, que nada toque su liberal privilegio de ser liberales privilegiados. (Me hace recordar un poema de Brecht sobre los buenos hombres y las buenas balas…). Le pregunto si está de acuerdo con aumentar el número de jueces en la Corte Suprema -como Trump ha podido nominar a dos y, probablemente, tres jueces conservadores, hay mucho temor a que se puedan revertir algunas resoluciones históricas, como Roe versus Wade del 73, que permite el aborto. Desde 1869 la Suprema ha estado compuesta por nueve jueces; pero es posible aumentar o disminuir el número. No sería la primera vez que se hace-; me dice que no, pero sí, que la idea es mala, pero que como están las cosas, ¡a cabalgar, hasta enterrarlos en el mar!

IV. Algunos de los que apoyan a Trump dicen que no les gusta su ‘política comunicacional’, la manera en que dice las cosas, sus twits, y eso, pero que están de acuerdo con la mayoría de sus políticas. Si les preguntas sobre cómo ha manejado la crisis del Covid, dicen que “mal, pero que nadie lo hubiese hecho mejor. Además, no es su culpa”. Más de doscientos mil muertos. Según la mayoría de los estudios, eso se podría haber evitado con un poco más de tino, un poco más de sentido común y menos ego. Pero ahora la evidencia no es evidencia, lo que se dice no se dice, la verdad es un chiste, los chistes son verdad y todo lo que no gusta es fake news.

V. Un amigo me recuerda algunas cosas de Trump durante la campaña:

“Un presidente saltándose todas las normas de la democracia liberal, haciendo campaña desde la Casa Blanca, nombrando jueces de la Corte Suprema que pertenecen a sectas tipo el cuento de la criada, infectando a sus guardias de seguridad para ir a saludar a sus fans, reprimiendo a los manifestantes contra la brutalidad policial   para hacerse una foto con una Biblia al revés en DC (bizarro), llamando a unos supremacistas blancos the proud boys a estar atentos por si acaso no gana. Las iglesias evangélicas de California poniendo urnas falsas para votar sin que pase nada…”

A los cinco minutos me llega otro correo:

“El mes de noviembre que nos espera va a ser de órdago entre acusaciones de fraudes y cualquier cosa que Trump, sus boys, y sus QAnonistas se quieran inventar.”

No me llega ningún correo de amigos que estén a favor de Trump. Quizá no tengo de esos amigos. Supongo que eso habla mal de mí.

VI. Biden nació el 20 de noviembre de 1942. Trump, en junio de 1946. Entre los dos suman más de 150 años. Hay que verle el lado bueno: me queda mucho tiempo para ser presidente.

VII. Biden es más guapo; Trump es naranja y regordete, pero es ingenioso. Muchos creen que a Biden se le va la olla. Muchos están seguros que a Trump también.

VIII. La previa al segundo debate. ¿En qué canal lo dan? Lo del micrófono apagado puede ser divertido. El primer debate fue un modelo de barbarie, a lo que ha llegado en este país la esfera pública. Qué va, dicho en simple: ni en la peor de las repúblicas bananeras. Recuerdo que al día siguiente fue el debate entre las candidatas a primera ministra en Nueva Zelandia. Sin comentarios.

El 57% de los votantes cree que Biden es honesto. Mucho más que Hillary. Mucho más que Trump.

Más de 46 millones de personas ya han votado. Hoy, una analista pregunta: ¿votará más gente o nadie irá el día de las elecciones por miedo al COVID?

En la radio entrevistan a los jefes de campaña: se acusan mutuamente de mentir, de ser los representantes del “pueblo americano”. Pienso que el pueblo americano debe estar harto de oír nombrar su nombre tanto todo el tiempo.

IX. El debate.

Trump está casi moderado. Se puede escuchar lo que dicen. Trump es incapaz de no hablar de él y de atacar la familia de Biden. Biden se declara el presidente de todos, pero no puede explicar porque no hizo lo que promete ahora cuando estuve en el gobierno. Trump miente. Vuelve a mentir. Biden lo hace de modo más sutil. Biden dice cosas más concretas; Trump afirma algunos de sus logros: los niños que están separados de sus padres están en buenas condiciones. Dice que no es un político. Biden mira a su reloj, está cansado. Se quiere ir a dormir. Yo también.

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