Cine

Al borde de la extinción: qué nos dice del presente el cine de virus, epidemias y pandemias

Por: Iván Ávila Pérez, periodista, escritor y guionista. / Publicado: 19.03.2020
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La extinción de la humanidad o al menos, buena parte de ella, es un tema recurrente en el cine y bastante exitoso en taquilla, quizás por la curiosidad masoquista que nos provoca el desastre amenazador, o bien, para imaginar cómo diablos sobreviviremos a esas catástrofes que arrasarán con el mundo tal como lo conocemos. Nada mejor para muchos guionistas y realizadores que proyectar epidemias voraces y destructivas para bosquejar ese apocalipsis, casi siempre en tono fatalista y desencantado, derribando nuestras creencias, poniendo en duda nuestros valores y exacerbando a límites inusuales la capacidad de sobrevivencia del ser humano.

La propagación del Covid-19 (una nueva cepa de coronavirus), su alto nivel de contagio y la cantidad de víctimas que ha dejado, provocaron la reacción de casi todos los países: medidas médicas urgentes, cierre de fronteras y comercio, síntomas de pánico colectivo han sido algunos de los efectos en la población. Incluso, se han decretado estados de emergencia que obligan a las personas a mantenerse en sus hogares a modo de cuarentena, deteniendo el funcionamiento de naciones enteras. En momentos como este, es inevitable para todo buen cinéfilo hacer parámetros con aquellas películas que han tratado el tema de las pandemias y epidemias a escala mundial; algunos, de forma brillante, otros, de manera menos que regular, pero todos aportando una mirada humana a un tema que tantas veces nos parece pura ficción, hasta que ocurren situaciones como la que nos afecta actualmente. Casi todas parten de una premisa común: algún codicioso laboratorio u oscuros generales de Ejército crean un virus peligroso y mortal que se propaga por accidente con las más devastadoras consecuencias. No se sorprendan si en el listado no hay películas de zombies. La razón es científica y sencilla: aquí hablaremos de virus y la “zombificación” correspondería a una bacteria, ya que se solo de transmite a través de mordidas o rasguños.

12 Monos (Terry Gilliam, 1995): inspirada en el corto La Jetée (Chris Marker, 1962, disponible en YouTube), es una de las obras cumbres del ex Monty Phyton; una aguda sátira sci-fi llena de secuencias oníricas, con un Bruce Willis que calza justo en el rol de un prisionero enviado al pasado para evitar la liberación de un virus que exterminó a casi toda la humanidad. La soberbia de la ciencia, el negociado de fármacos y la displicencia de quienes detentan el poder son ingredientes que rodean la infructuosa búsqueda del protagonista que pierde la cordura con cada salto en el tiempo, dudando constantemente de la importancia de su misión aunque con ello ponga en juego la distante promesa de la libertad que le espera en el futuro.

Ceguera (Fernando Meirelles, 2008): No hay mucho cine de epidemias en Latinoamérica y quizás esto es lo más cercano. Basada en la fenomenal novela Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, el realizador brasileño logra generar la atmósfera opresiva y oscura provocada por un repentino virus que deja invidente a la humanidad. Si bien la maestría del texto de Saramago supera largamente a la película, las actuaciones de Julianne Moore, Mark Ruffalo y Gael García Bernal en un rol de villano demencial, sostienen un filme en que el mito de “en tierra de ciegos, el tuerto es el rey” queda absolutamente invalidado en medio de la creación de un nuevo y claustrofóbico orden social en donde las críticas al totalitarismo no son para nada disimuladas.

Pánico en las calles (Elia Kazan, 1950): Aquí entramos a mezclar el “cine de epidemias” con el film noir. En esta cinta, protagonizada por los legendarios Richard Widmark, Jack Palance y Barbara Bell Geddes, el asesinato de un hombre contagiado con la peste negra, a manos de un grupo de rufianes, desencadena una carrera policial contra el tiempo para dar con los criminales que también son portadores de la enfermedad, lo que genera una línea de acción paralela y muy rupturista para la época en otro de los tantos filmes de Kazan que no pierden su frescura con el paso de los años.

Virus (Kim Sung-su, 2013): Para muchos, las secuencias iniciales son lo más cercano a cómo surgió y se expandió el Covid-19. Un filme irregular que se ha puesto de moda debido a la actual epidemia, del que rescato sus primeros 45 minutos. Luego cae en una serie de clichés que echan por tierra las aspiraciones mayores que parecía poseer. Ojo, que está en Netflix.

28 días después (Danny Boyle, 2002): La secuencia que pone al actor Cillian Murphy en un Londres totalmente abandonado (lo que nos estremece al compararlo con lo que ocurre hoy con varias ciudades en el mundo), ya merece que esta película esté en la categoría de las mejores del género. Lo que pasa después, con las locas carreras llenas de tensión para que los pocos seres humanos sanos logren huir de lo que parece un contagio masivo por una agresiva cepa de rabia, tiene sus altibajos, pero no por ello la película carece de nervio y momentos que de verdad te tienen al borde del asiento.

Si no le bastan estas recomendaciones, échele una mirada a Contagio (Steven Soderbergh, 2011), hasta la fecha, considerada una de las más realistas del género. Epidemia (Wolfgang Petersen, 1995, también en Netflix) es bastante irregular, pero tiene lo suyo en la primera mitad, en especial en las desoladoras secuencias que muestran cómo un virus hecho en laboratorio por el Ejército gringo, termina por arrasar a todo un pueblo estadounidense. La amenaza de Andrómeda (Robert Wise, 1971) es otra de esas cintas que vale la pena revisar, debido al realismo con que enfoca la reacción de autoridades y científicos al desatarse una epidemia. 

Nunca está de más revisar estas películas que usted puede o no considerar visionarias. Lo cierto, creo, es que no podemos evitar verlas para introducirnos en esos futuros alternativos que nos causan tanto temor, pero que a veces, más allá de la ficción, están ahí, a la vuelta de la esquina. O aquí mismo, conviviendo con nosotros y este presente que siempre creemos tener tan controlado hasta que la madre naturaleza nos remece, recordándonos cuál es nuestro lugar en el mundo, el de simples mortales que a pesar de nuestros avances y tecnología, todavía podemos ser víctimas del más diminuto organismo.

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