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CRÍTICA| “Mierda mierda”: Teatro, memoria, censura y más censura en TVN

Por: Rodrigo Miranda, periodista y escritor / Publicado: 28.07.2020
CRÍTICA| “Mierda mierda”: Teatro, memoria, censura y más censura en TVN /
El programa, que recupera las figuras e hitos del teatro chileno desde los años 40 hasta hoy, revela las estrategias de diferentes compañías para burlar la represión y la censura durante la dictadura.

Mierda mierda, la serie documental sobre la historia del teatro chileno, sufrió un inesperado cambio de horario por decisión de TVN. El segundo capítulo dedicado al teatro en los campos de concentración y tortura de la dictadura, donde presos políticos montaron obras, fue cambiado de las 18.30 horas a las 14.30 horas, franja de menor audiencia del sábado. 

El programa que busca denunciar la violencia política y censura que sufrió el teatro que resistió a la cultura de la muerte de la dictadura es víctima de una censura encubierta en democracia.

A pesar de los intentos por invisibilizarla o maltratarla en horarios infames, la serie es una prolija reconstrucción de escena y de recopilación de archivos. Su gran valor radica en acercar a las nuevas generaciones al contexto social y político que rodeó a los personajes y obras que marcaron la escena nacional durante el siglo XX. 

En el primer capítulo, dedicado a los teatros universitarios, sorprenden imágenes inéditas de Víctor Jara en 1965 durante un ensayo de La Remolienda, de Alejandro Sieveking. Recuerdos como este, hitos y tragedias surgen a partir de entrevistas, fotos, videos, afiches, audios de radio y recortes de diarios. 

La historia de Roberto Parada la puedo escuchar cien veces y siempre me va a emocionar, pero en el cuarto capítulo dedicado al Ictus, su tragedia inenarrable está tan bien contada y documentada visualmente que estremece como si la estuviera escuchando por primera vez.

Mientras actuaba en la obra Primavera con una esquina rota, adaptación de la novela de Mario Benedetti, le avisan del brutal asesinato de su hijo, José Manuel. Roberto Parada en un acto de coraje y dignidad admirable, decide no suspender la función y seguir con la representación en la que precisamente interpretaba al padre de un hijo torturado y preso político. En un video de archivo el personaje de Roberto Parada clama:

-Cada vez que despierto en la noche pienso que lo pueden estar torturando, cuando imagino que le aplican la picana eléctrica en los testículos, siento un dolor real en los míos.

Se escucha la música trepidante del Diario de Cooperativa, señal inequívoca de que algo estaba pasado. Es el extra que informa de la desaparición de José Manuel Parada, secuestrado desde el Colegio Latinoamericano la mañana del 29 de marzo de 1985, junto a Manuel Guerrero. Al día siguiente, en el camino a Quilicura, sus cuerpos aparecieron degollados acompañados de Santiago Nattino, quien fue secuestrado el 28 de marzo.

Erto Pantoja, emocionado y con la voz entrecortada, recuerda cuando llegó al Teatro La Comedia ese triste día, como otras decenas de actores que repletaron la entrada y hall de la sala para acompañar a Roberto. Todos lloraban. Los actores del Ictus, entre ellos, Nissim Sharim, José Secall, Delfina Guzmán, Héctor Noguera y Elsa Poblete también rememoran en cámara el asesinato de José Manuel Parada y ese día donde la ficción se confundió con la realidad. 

En cuanto a la impunidad, hay que recordar la libertad condicional confirmada en 2016 por la Corte Suprema a uno de los asesinos y criminal de lesa humanidad condenado a presidio perpetuo por el Caso Degollados: Guillermo González Betancourt, exagente de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (Dicomcar). 

En el capítulo dedicado al Ictus, vuelven a la memoria las listas negras, el exilio, las amenazas de muerte, avisos de bomba y obras como Tres noches de un sábado, el único montaje que siguió en cartelera después del golpe de Estado y se convirtió en un foco de resistencia.

La mayoría de los capítulos están atravesados por la represión de la dictadura, es el caso de la obra Hojas de Parra, de Jaime Vadell, basada en textos de Nicanor Parra. La carpa en Providencia donde se exhibía el montaje fue quemada por aparatos de seguridad en 1977. En otro revelador video de archivo, la censura en 1978 de la obra del Teatro UC Lo crudo, lo cocido y lo podrido de un debutante Marco Antonio de la Parra, es justificada con absurdos y beatos argumentos por Hernán Larraín, vicerrector de Comunicaciones de la UC de esa época, hoy Ministro de Justicia. 

La serie, dirigida por Daniel Uribe y conducida por Rayen Araya, trae al presente diferentes grupos como el Gran Circo Teatro de Andrés Pérez; Teatro Fin de Siglo de Ramón Griffero, y Teatro La Memoria de Alfredo Castro, para repensarlos desde un foco íntimo. 

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Cambió el país, la posdictadura se volcó al neoliberalismo, pero parte del teatro chileno mantuvo su espíritu combativo y reflexivo. Al repasar la trayectoria de estas compañías también revisamos nuestra historia reciente. Mierda mierda, la función debe continuar confirma al teatro como memoria viva y antídoto contra la política del olvido y, por su calidad, merece una segunda temporada en un horario más noble.

 

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