Artes Visuales

El año que Violeta Parra se apropió del Louvre: habla la conservadora que la acogió en 1964

Por: Carlos Antonio Vergara, periodista. / Publicado: 04.02.2020
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Esta es la única entrevista que la curadora francesa Ivonne Brunhammer ha dado sobre la exposición de Violeta en París en 1964. “Un día me dijo: ¿piensas que puedo instalarme en la sala de exposiciones a cantar y bordar? Así lo hizo, se sentaba en el suelo, y cantó y bordó ante los ojos maravillados del público”, dice la entonces alta funcionaria del museo francés, en la nota realizada cuando Carlos Vergara era un estudiante de periodismo. Publicada originalmente en 1989 en el desaparecido periódico de oposición a la dictadura Fortín Mapocho, hoy –al acercarse un nuevo aniversario de la muerte de Violeta Parra– el autor la desempolva y decide compartirla a los medios.

Ivonne Brunhammer (1927) llevaba en el momento de la entrevista 29 años trabajando en el Museo de Artes Decorativas que se encuentra a un costado del Louvre e integra ese conjunto arquitectónico patrimonial. En 1985 fue nombrada conservadora jefa del recinto, así como del Museo Nissim de Camando y del Museo de la Publicidad, tres de los más importantes de París.

De su dilatado currículum puede mencionarse que es miembro del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS), y que ha publicado más de 20 libros de arte.

La conservadora, en tanto funcionaria del Museo de Artes Decorativas de París, estuvo a cargo en 1964 de la exposición que realizó Violeta Parra. Convivió con ella durante toda la exposición, la vio trabajar, cantar, pintar, bordar sus arpilleras. Violeta Parra se instaló prácticamente a vivir allí mientras duró la muestra.

De todo ello conversamos hace ya más de treinta años en su oficina en París.       

Explique a los lectores en qué consiste el oficio de conservador de un museo de artes decorativas.

-Mi oficio consiste en guardar en un lugar que se llama museo la memoria del pasado, es decir todos los objetos de la vida cotidiana, las mesas, las sillas, los platos, los vasos, los cubiertos, los muebles, todo lo que se adhiere a los muros, la tapicería, los cuadros, las pinturas. Todo lo que sirve a la vida del hombre se encuentra en el Museo de Artes Decorativas, mi lugar de trabajo. Mi oficio es conservar esos objetos, valorizarlos, mostrarlos al público, y nuevamente guardarlos, en particular, las obras contemporáneas.

El Museo de Artes Decorativas guarda arte antiguo, arte moderno y contemporáneo, y es una parte del Louvre, ocupa un ala del edificio, pero es completamente independiente en su administración y gestión. Este lugar donde sostenemos la conversación es el ala Marceau, una de las extremidades oeste del Louvre. Antaño se encontraba en contacto con el Palacio de Las Tullerías, que fue incendiado en los acontecimientos de la Comuna de París en 1871. Una parte de este pabellón también se quemó y fue reconstruido en 1878, algunos antes que el museo se instalara. Antiguamente fue residencia de la familia real.    

¿Es este un museo subvencionado por el Estado?

-En parte, pero tiene un estatuto privado, depende una asociación que se llama Unión Central de Artes Decorativas.

¿Cuándo conoció a Violeta Parra?

-En 1964, luego que vino a ver al conservador jefe y le mostró sus obras de tapicería, sus bordados y sus cuadros. Le preguntó a él si le interesaba exponerlas. El aceptó el proyecto y el principio de la exposición, y me pidió que me encargara de la muestra. Así la conocí.

Ella vivía en una pieza con una de sus hijas, una niña menor (Carmen Luisa). En el momento previo a la exposición se vino a vivir a París. Anteriormente viajaba entre Suiza y Francia. Desde ese momento pasó casi todo el tiempo aquí, desde la preparación hasta la inauguración de la exposición.

Un día me dijo: ¿piensas que puedo instalarme en la sala de exposiciones a cantar y bordar? Así lo hizo, se sentaba en el suelo, y cantó y bordó ante los ojos maravillados del público.

-¿Cuánto duró la exposición?      

-Un mes y medio, comenzó después de la semana santa el año 1964. Tuvo mucho éxito, sobre todo entre los artistas aficionados al arte de América del Sur. Lo interesante es que estaba anclada en una cultura popular, con una calidad extra, que iba más allá de la del arte folclórico, muchísimo más que eso. 

¿Cómo entiende usted la cultura popular?

-El arte folclórico, el arte popular, es un arte repetitivo de formas tradicionales, con medios tradicionales; la invención no juega un rol. En Violeta Parra estaba anclado en el folclor. Esta influencia la encontramos en los colores, tenía además un sentido de los símbolos muy fuerte.

¿Cómo reaccionaba el público cuando Violeta cantaba en el museo?  

Les gustaba mucho. Fue una época donde se tocaba la música sudamericana en muchos lugares. No podría decir que fue una moda, fue mucho más que eso, era un verdadero gusto por la música. Esa cultura era suficientemente fuerte para que el público que visitaba fuera muy sensible al canto de Violeta. Ella trabajaba cantando en un lugar que se llamaba L’Ecluse, uno de los lugares más famosos donde se escuchaba ese folclor. 

¿Entonces usted conocía a Violeta Parra antes de la exposición? 

-Yo conocía sus canciones, había escuchado discos de ella, pero no tenía idea de las arpilleras, de sus grandes bordados en tela de yute. Ellos contaban de forma simplificada y al mismo tiempo muy simbólica los episodios de su vida y la vida del campo en Chile.

Su repertorio visual es muy próximo al de su repertorio sonoro y cantado. Había una exacta correspondencia entre sus expresiones. Yo le compré un pequeño cuadro que representaba la fiesta, según Violeta, esa pintura me gusta mucho aún, sirvió para hacer la carátula de un disco que se encuentra aún a la venta en París.

-¿Qué le llamó la atención de ese cuadro? 

-Esa pintura me tocó mucho. A mí la pintura sudamericana me interesaba mucho. Ese trabajo era un lazo entre su oficio de músico, de cantora y su trabajo de bordado, por eso la compré. Aún la tengo en mi casa.

-¿Y en las otras qué encontró?

-Había toda una serie que se inspiraba en la vida del campo chileno, esas eran más fuertes que las otras y decidí reproducirlas en el catálogo. Tenían una calidad suplementaria. Una composición en diagonal que yo encontré interesante y al mismo tiempo entraba en el folclore sudamericano. 

-En un homenaje en la Unesco que se realizó en París en 1987, fue presentado un filme de la época, donde es mostrada como artista semiindígena sin estudios…

-Ella era muy inteligente, usted lo sabe, sabía muchas cosas sobre su país y su cultura indoamericana. Su trabajo de musicóloga era ya muy importante. Tengo entendido que fue la primera en grabar sonidos que estaban desapareciendo. Ella conocía mejor que nadie la igualdad musical, y conocía la lengua y su significación. Para preservar todo eso del olvido de los campos Violeta creó su propio repertorio, reinventó sus canciones, las renovó, con una energía vital que era impresionante. Violeta arrasaba de energía.

-¿Conoció otros aspectos de la vida de Violeta?

-Los recuerdos que tengo son totalmente ligados a la exposición aquí, a su vida en este lugar del museo. Ella no contaba con mucho espacio en pieza del hotel y me pidió si podía pintar en el sótano del museo. La instalé en un lugar apropiado y allí trabajaba con sus telas y pinceles, esperando que se abriera su propia exposición, con una concentración muy particular.

Luego de la inauguración se compró una camioneta Volkswagen y un día me dijo: ¿Piensas que me puedo instalar detrás del estacionamiento, detrás de las Tullerías para poder vivir y dormir? Tenía tal sentido de la libertad que habría sido capaz de instalarse a vivir cerca del Louvre para luego partir más lejos, tenía ese sentido muy profundo de la vida nómade. Sabía que podía vivir mientras tuviera una guitarra entre sus manos, y que podía subsistir en cualquier lado. Tenía una extraordinaria capacidad de invención, y de transformar cualquier materia pobre en una obra significativa y simbólica.

Fue una Violeta que se apropió del Louvre, ¿no?   

Fue una Violeta que se paseaba en el museo, que se sentía como en su casa. Fue un milagro para ella y para nosotros verla integrarse con tanta facilidad en un espacio que podría haberle sido extranjero.

En Chile se la recuerda como alguien con una personalidad muy fuerte, que podía llegar a ser violenta en sus relaciones…

-Sí, podía llegar a serlo; aquí no tuvo problemas conmigo ni con nadie. La vi desalentada a veces, la vida era difícil en el plano material. La vi con su corazón a la espera. Fue una mujer emocional y cerebral a la vez. Creo que con quien fuera no podía tener otro tipo de relaciones que de tipo pasional.

¿Y cuando la vio por última vez? 

No recuerdo la fecha exacta, ella vino a París varias veces a dar recitales. Me envió poemas que guardo aún. Tengo un libro de poemas de ella, después me regaló la colección completa de sus discos.

¿Cómo supo que había muerto?

-El conservador jefe del museo de la época me dijo; él le tenía una gran afección y admiraba su trabajo. Después vi a Nicanor Parra que vino a verme al museo.

 

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