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La historia del Pato Egaña, la novela inconclusa de Lemebel

Por: Víctor Hugo Robles @elchedelosgays / Publicado: 23.01.2020
Pato Egaña y el Che Gay, Marcha gay 2005 /
Tal vez lo que resulta más valioso para el universo escritural sean aquellas obras que Pedro Lemebel no alcanzó escribir en vida o aquellas que dejó inconclusas, a la deriva. La más desconocida y controvertida versa sobre la cinematográfica biografía de su amigo carcelario Patricio Gabriel Egaña Salinas, un amigo que se autodenominaba orgullosamente como “delincuente profesional”, un personaje de desborde social que alcanzó notoriedad pública al vincularse con el bullado “caso Spiniak”.

La triste e inolvidable partida de Pedro Lemebel transformó al escritor de crónicas urbanas en un mito popular presente en la memoria del pueblo movilizado. Los grafitis e imágenes de Lemebel junto a Gladys Marín, Víctor Jara, Violeta Parra y Salvador Allende, inundan hoy de batallantes colores las calles de Santiago. 

Más vivo que nunca 

Lemebel está y seguirá presente entre nosotras y las diversas obras que citan, recrean y se basan en su trabajo político-literario lo certifican. Obras tan diversas y múltiples como desafiantes y controversiales, destacando entre ellas la película Lemebel que ha provocado lágrimas, aplausos y críticas. Yo mismo he sido protagonista de una necesaria e imprescindible reyerta pública por la despolitización de nuestra “mariquita linda” en la premiada obra visual. 

Tal vez lo que resulta más valioso para el universo escritural sean aquellas obras que Pedro Lemebel no alcanzó escribir en vida o aquellas que dejó inconclusas, a la deriva. La más desconocida y controvertida versa sobre la cinematográfica biografía de su amigo carcelario Patricio Gabriel Egaña Salinas, un amigo que se autodenominaba orgullosamente como “delincuente profesional”, un personaje de desborde social que alcanzó notoriedad pública al vincularse con el bullado “caso Spiniak”. El elixir de delinquir se llamaría la novela de Lemebel, proyecto secreto y muy bien resguardado que nadie sabe si verá la luz, con el que esperaba empatar e incluso superar a su emblemática y única novela publicada Tengo miedo torero

¿Por qué a Lemebel le interesó la biografía de Patricio Egaña?

Le importó por la amistad forjada desde la literatura y porque Egaña coqueteaba con la cinematografía, escena que siempre fascinó al cronista urbano. ¿Y quién era Pato Egaña? Patricio Gabriel Egaña Salinas, “Pato” para los amigos, “Pato Engaña” para las locas malas o “Patito” para mi bella abuelita Luzmira, nació el 6 de abril de 1946 en una familia rica y conservadora. Una familia que lo educó en los mejores colegios pero que no le entregó amor. La madre lo vestía de niñita porque deseaba una Patricia. Pese a la falta de cariño, el niño/niña aprendió a no sentir miedo descubriendo su excitación por el aplauso, el brillo. No había kermés en la que se perdiera de actuar y cantar con voz de soprano. Junto con cantar, comenzó a escribir y a sus precoces nueve años ganó un concurso de poesía infantil. Buscó el amor fuera de casa. De pequeño sintió atracción por los hombres y a los trece años perdió la virginidad.

Ya cumplidos los dieciséis, Patricio –por presión social e intentando transitar por el camino de la heterosexualidad– pololeó con una mujer pero terminó “confirmando que no me remecía las hormonas como con los hombres, sobre todo si eran velludos, mayores”, señaló en una entrevista. Rindió el bachillerato e hizo el servicio militar en la Armada en un curso de aspirante a oficiales. Estudió construcción civil y topografía, y pronto emigró aburrido a la publicidad. Si bien no terminó siendo publicista, las clases confirmaron uno de los rumbos que tomaría su futuro: el arte y sus múltiples manifestaciones. Fue primer actor en el grupo experimental en la Escuela de Artes y Oficios, primer bailarín en el ballet folclórico de la UTE y bajo en el coro de cámara de este. 

Su transitar en el hampa, el otro rumbo

De pequeño le gustaron los negocios y junto con instalar un garito clandestino en la universidad y arrasar en el póker, Patricio había incursionado en lo delictual, robando libros antiguos en bibliotecas particulares, públicas y de iglesias. En 1969, cuando frecuentaba el famoso burdel de la Tía Carlina de calle Vivaceta 1226, conoció las ventajas económicas de la prostitución. Se dedicó al sexo rentado hasta que un estudiante de Odontología lo sacó de ese ambiente y su padre le dio trabajo en la gerencia del Hipódromo Chile, lugar donde comenzó a robar. Así, mientras se “paseaba como reina” en su oficina del Hipódromo, asumiendo abiertamente su homosexualidad, comenzó a reducir bienes, gastando el dinero en viajes con “amantes internacionales”. Todo marchaba viento en popa hasta que en 1975 llegó la policía a buscarlo a su oficina, siendo detenido, comenzando así lo que Patricio Egaña denomina como “carrera oficial de delincuente”. 

Bajo el signo de Caín, el desborde

En la cárcel conoció y se enamoró de un reo, con quien comenzó a vivir en la población penal común. A los cuatro meses y mediante coimas, le dieron la libertad bajo fianza, pero no quería salir para no dejar a su “marido”. Finalmente salió, se puso a trabajar y también a robar en casas sin moradores o, lo más increíble, robar documentación epistolar confidencial relativa a la Guerra del Pacífico siendo detenido por Investigaciones (que lo torturó). Allí aprendió que el sistema lo había marcado con el “signo de Caín”. Entonces, decidió sacarle “partido a la ficha”, y armó una banda de ladrones. Al poco tiempo, cayó nuevamente preso, las cárceles era hoteles para Patricio. Lemebel sentía atracción por estas desafiantes historias y la vida de Patricio Egaña más que una historia retaba su propia creación literaria. 

Matilde Ladrón de Guevara, el indulto y las cartas de amor

Transcurría el tiempo y el arriesgado actuar de Patricio Egaña se hacía cada vez más “violento”. Estuvo varios años preso hasta que en 1996 consiguió un increíble indulto presidencial de Patricio Aylwin, gracias a las generosas gestiones y la oportunista correspondencia amorosa que sostenía con la afamada escritora Matilde Ladrón de Guevara. De esta relación nació Pacto Sublime, un libro que recoge las cartas de amor carcelario entre ambos y que está desaparecido. Libro presentado por el mismísimo Ministro de Justicia de la época.

En la calle otra vez, comenzó a ejecutar asaltos esporádicos, cambiándose posteriormente al narcotráfico, planeando huir a Europa. Para su desgracia, el viaje no se produjo y fue aprendido por el OS-7 en su departamento en Reñaca, siendo condenado a tres años y un día en la cárcel de Valparaíso. “Ahí me contagié de VIH”, relató a sus cercanos. Su estadía en el penal porteño fue provechosa para el escritor, quien comenzó a participar en concursos literarios, obteniendo los primeros lugares de estos certámenes. Así, entre la escritura y la vida canera, terminó de cumplir su condena en la ex Penitenciaría de Santiago.

Pato Egaña en una performance en La Perrera, 2005

Mirando con Lemebel a Patricio Egaña en el Festival de Viña

En libertad, Patricio Egaña usó sus ahorros y se asoció con un inversionista para instalar un criadero de conejos, junto con aportar a una amiga que deseaba inaugurar un restaurante en Bellavista, así como apoyar a grupos musicales, transformándose en “mecenas”. En eso estaba cuando enfrentó una de sus peores crisis de salud que, incluso, lo llevó a recibir la extremaunción. Inesperadamente, sobrevivió y comenzó a comprar la triterapia en el mercado negro. Así, con nuevos bríos insistió en su dedicación al arte y para sorpresa de muchos, reapareció representando a una gárgola en una aplaudida coreografía que acompañó la presentación del grupo Los Jaivas en el mismísimo Festival Internacional de Viña del Mar el 2002. 

Recuerdo que junto a Lemebel vimos por la televisión la presentación del Pato y no podíamos creer su osadía. “Pero si es la Pata, niña”, gritaba Pedro emocionado. Mucho más emocionado y excitado se sintió Pato en el Sheraton cuando medio hotel vibró con sus locuras en medio de una fiesta de sexo, drogas y rock & roll festivalero.

 

Meses después, la luminosa escena de Viña se transformó sólo en un lindo recuerdo cuando, camino a la Parva junto a su amigo Claudio Spiniak fue sorprendido por la policía, allanado su domicilio y siendo procesado por ley de control drogas. En prisión, producto de su complicado estado de salud, le otorgaron la triterapia y lo asilaron en la calle 3B, lugar de aislamiento de travestis y homosexuales VIH positivos. En este lugar constata que el comportamiento sexual intrapenitenciario y el Sida están haciendo estrago en el penal, y desde ahí se atreve a enviar un informe a la opinión pública que llamó “El Informe Egaña”. Hasta la televisión llegó a la cárcel para conocer sus denuncias. 

El último vuelo de Patricio

“Hola, soy el Pato, estoy en libertad”, recuerdo haber escuchado en el celular. Yo no lo podía creer pero era verdad, el Pedro tampoco lo creía cuando le conté. La vida superaba a la ficción. La periodista Alejandra Matus me aseguró que Egaña había adulterado documentos y/o cometido engaño. Es posible. Le decía “La Pato Engaña”, aunque a sus amigas cercanas nunca engañó ni estafó.

Tal vez por lo mismo diversos artistas buscaron trabajar con él y entretejer obras y micropolíticas del deseo, como Antonio Becerro que lo invitó a la Perrera Arte para que un pintor de apellido Novoa hiciera una pintura con la sangre VIH de Patricio Egaña. El modelo terminó en el hospital con síntomas de hemorragia severa. En otra oportunidad estuvo en el Centro Arte Alameda presentando cuadros mucho más atrevidos que los de la mismísima Hija de Perra. Era Patricio Egaña en su regreso triunfal, su último vuelo, plumas al viento que desplegó en las marchas de la diversidad sexual travestida de pájaro.

El 2008 el periodista Santiago Pavlovic de TVN informaba que Patricio Egaña había muerto.  El triste reporte señalaba que el cadáver de Egaña había permaneció congelado a 4 grados bajo cero durante dos largos años en el Instituto Médico Legal de Valparaíso. Fue encontrado muerto el 16 de diciembre de 2006, flotando en el mar, frente a los roqueríos de Quintero. Nadie vio ni sabe nada. 

La muerte de Egaña nunca fue investigada y poco a poco quedó en el olvido. El programa Enigma relató sus locas vivencias y hace poco una teleserie nocturna llamó “Patricio Egaña” a un político mafioso asesinado cruelmente. Pocos recuerdos, mala memoria que Pedro Lemebel buscó reparar a través de una controvertida novela que acarició como un justo homenaje a su inigualable amigo carcelario. 

 

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