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Letras

La Plaza de la Dignidad de Carmen Berenguer

Por: El Desconcierto / Publicado: 18.10.2020
La Plaza de la Dignidad de Carmen Berenguer /
Habitante de la ex Plaza Italia hace varias décadas, la poeta Carmen Berenguer escribió su libro "Plaza de la Dignidad" entre el humo de las lacrimógenas y la algarabía de la multitud. La presentación es hoy domingo 18 de octubre a las 17 hrs. a través del Facebook Live de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U. de Chile. Aquí presentamos un adelanto.

La Plaza de la Dignidad fue nuestro sueño  

Imaginado en aquellos días dignos ganados a puro martirio 

desangrándonos en esta plaza escuchando tus letras Víctor Jara  

la hicimos sentida y abrazada coreando el 18 de octubre del año 2019

día jueves del estallido  y que no se nos olvide

escuchando tus ecos 

tus risas  

tu llanto 

esos coros 

cantando canciones de nuestro memorial inolvidable  

siguen y pertinentes resonando como si la plaza fuera tuya 

de nosotros fuera mía 

en mis oídos tus vibraciones sutiles 

a veces pasos 

a veces gritos 

corriendo llegaron a estas calles 

donde nacimos oliendo sudores idos   

el olor de la camisa del padre desaparecido 

la madre refugiada en su falda 

guardada en la lucha de antaño  

retomando el sentido denostado que estuvo en estas calles 

ese olor inconfundible que no perdimos 

ni en el  girón de esta esquina 

ni en todas las plazas con banderas oteando su orgullo de trapo tricolor 

en los colores de mi infancia

Ágora emblemática en el estallidos en el año 1949 

con harapos malditos de una marcha callejera 

creamos sus vórtices en los rincones de la urbe 

centro de concentraciones  

taconeando en los balcones de mi cuadra 

“Y quién lo mató y quién lo vengará’’

resonaba sola la huella de ese grito en la marcha por el salario 

Se nos hizo costumbre salir a pelear por las chauchas 

atisbando ráfagas  

palos  

y perdigones  

Vocería aguda cuando salimos en 1957  

porque subieron la micro en la batalla de Santiago 

cuando cumplí los quince años

y los canallas en la sombra dieron la orden de matar 

 rasgando las cuerdas en la voz de Violeta Parra 

‘me gustan los estudiantes’  

Esta plaza la planeamos con argumentos 

la chillamos en todas las plazas de Chile  

y la siento tan mía desde el día que tomamos la calle 

hasta botar la tiranía

En esta misma plaza nos mordimos la amargura el 11 de septiembre de 1973 

día  que nos robaron el sueño de abrir las alamedas 

y como en una novela negra masticamos su polvo y su dolor agrio en el pecho

Esta Ágora chilla de ira y rebeldía de esquina a esquina su vocería  

Esta plaza la creamos a punta de sacarle al lápiz 

raspando las páginas de la historia 

en tinta roja de sangre de mi río 

río de callampas visibles en el territorio 

impresos brotes siniestros desde la pampa 

río de cadáveres pasan

desde las cumbres hasta los acantilados  

Este río de sangre nos otea desde las piedras hasta el mar 

Un día sin darme cuenta unos pasos nuevos 

se oían por calles aledañas 

una canción nueva coreando sus laderas

era el estallido! 

Y se llenó de fuego mi corazón triste  

antorchas ardientes vinieron del horizonte 

a encender la mecha las voces del sur

a prender el fuego en las barricadas 

Nunca el cielo fue más rojo en el aire

por los aires

otro tiempo prefiguraba el entorno 

coreando como huracán de voces 

Se llenó  la plaza en esta síntesis del horror vivido 

sus paraderos en las cuadraturas de sus calles horizontales 

donde pisamos muertos bajo sus escombros 

se escribió a paletadas con colores risueños los muros de la ciudad 

cada día al cementerio patio 29 en donde tú estabas 

sintiendo esta nueva asonada callejera 

como ecos del pasado  

sin claudicar rayando lágrimas en las paredes de los muros 

la sombra de tu madre  

arrastrando los pies cansados de ir a los tribunales 

con una foto bajo su cuello 

La tía Elsa 

la encontré en los jardines del antiguo Congreso 

en una movilización por el salario en el siglo pasado

joven en aquel encuentro  

es que nadie sabe de qué manojo de viejas vengo 

cuando me lavaban el poto en las acequias 

tía Elsa huérfana y proletaria siempre alegre 

nos abrazamos rodeadas de trabajadoras 

a temprana edad se educó en la Casa Nacional del Niño 

donde yo nací

aprendió el oficio de hacer sandalias de cuero 

No olvidaré esa imagen 

porque desde ese importante momento la volví ver 

en cada marcha de mi vida 

los días viernes como siempre 

dignamente hacia la caminata final 

tantas veces hasta la llegada de los nietos 

para recuperar el habla 

de nuestra memoria humillada tan injusta 

esta historia ha sido transmitida palabra a palabra

 

Y se encendió la mecha.

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