Crónicas

Patti Smith en Chile: “En estos tiempos de sufrimiento global el arte no es suficiente; los estudiantes, los jóvenes son los que van a hacer los cambios”

Por: Elisa Montesinos / Publicado: 18.11.2019
DSC_3686 / Fotos María José Durán, gentileza UDP
La leyenda del punk, Patti Smith, ha llegado por fin. Esta tarde ofrecerá su primer concierto en Chile en el Teatro Caupolicán. Una pequeña valija y su libro de cabecera 2666 de Roberto Bolaño, la acompañan en su desembarco a un país que en el último mes la ha entusiasmado aún más. El gimnasio techado de la Universidad Diego Portales está repleto. Artistas, escritores, músicos, actores, poetas, editores, profesores y estudiantes de la universidad se sientan en el suelo y en las graderías para asistir a este evento imperdible en el mundo cultural alternativo. Un hito en lo que va de estos 30 días del estallido social y que revela cuál es el rol que puede tener la poesía en tiempos de convulsión y descrédito de gran parte de las instituciones: contener, acompañar, inspirar.

Por ahí se ve sentada en el suelo a la exalcaldesa de Santiago Carolina Tohá, el polémico escritor Gumucio también se pasea –quizás tanto o más polémico que el rector de la misma UDP, donde él trabaja–, Javiera Parada –tras su reciente episodio con Piñera en La Moneda vestida de blanco–, y figuras del mundo literario, entre ellas las escritoras Alejandra Costagman y Nona Fernández. Dos sillones rojos esperan por los invitados. Rodrigo Rojas, poeta y coordinador de la cátedra en homenaje a Roberto Bolaño, que organiza el evento, toma asiento en uno de ellos. Ríe, acomoda sus gafas y advierte que seremos 600 personas en el lugar. Es el momento más parecido que ha vivido al de un rock star. Lo aclaman. “Patti Smith no es una leyenda –dice–, sino varias leyendas tejidas en una mujer hija de una madre testigo de Jehová”.

Patti llega vestida de negro, con una camiseta blanca y su larga cabellera, seguida de Lenny Kaye, el guitarrista que la acompaña desde 1971. Saluda con un simple, “hello everybody”, hola a todos. En la siguiente hora hablará de poesía, literatura y la situación del mundo. Recordará los tiempos en que llegó a vivir al Hotel Chelsea de Nueva York con Robert Mapplethorpe, su pareja por ese entonces, donde conocieron a William Burroughs y a Janis Joplin, entre tantos otros que fueron sus amigos. “Era distinto en los 60 y 70, la cultura de la celebridad no estaba alrededor del rock and roll. Todos éramos similares, no teníamos celulares, ni selfies, ni tarjetas de crédito. Estábamos haciendo comunidad”, dice. Fue por esa época que comenzó a improvisar con Lenny Kaye, y a convertir sus textos poéticos en música. Ambos han seguido tocando juntos hasta ahora. “

Mantén tu nombre limpio, no te avergüences de tus creencias”, es parte de lo que aprendió de Burroughs y nunca lo ha olvidado. Tampoco a ser activista y artista, dos aspectos que estaban muy ligados cuando se formó. Entonces lee un pasaje de su último libro, The year of the monkey (El año del mono), aún sin traducir al español. Escoge algo que escribió el día que “ese hombre asumió como presidente, no puedo ni decir su nombre”. En un momento la artista hizo un voto para no dejar de escribir y de ser ella, fueran cuales fueran las circunstancias. “Puedo irradiar tanta energía como sea posible y dar apoyo”, dice al respecto. Habla de la difícil situación del mundo actual, de la crisis política y del medioambiente. “En estos tiempos de sufrimiento global el arte no es suficiente; los estudiantes, los jóvenes son los que van a hacer los cambios”. Se refiere a Greta y a los estudiantes chilenos, al deseo global de justicia social para todos. 

Fotos María José Durán, gentileza UDP.

Por supuesto, hablará también de literatura y de sus proyectos. De cómo comenzó a escribir memorias a petición de Mapplethorp, quien le solicitó el día antes de morir que escribiera la historia de los dos. Entonces surgió Just Kids, traducido al español como Éramos unos niños. Después ha seguido incursionando en dos libros más de memorias y en uno por venir. Aunque su género preferido es uno que mezcla sueños y autobiografía con personajes ficticios, como El año del mono, escribir poesía sigue siendo lo más desafiante. “Solo Dios puede decirte que eres poeta y por eso digo que soy una trabajadora”. De su admiración por Roberto Bolaño, de quien ha leído 2666 algo así como 5 veces. Entonces, espera una gran sorpresa para las letras chilenas, y para Nona Fernández, sentada en el suelo de la cancha del gimnasio. Patti Smith comienza a hablar de su libro Space Invaders. Rojas la llama. La escritora se levanta del suelo, saluda y acude al escenario, se abrazan y Smith le besa las manos con que escribe. “Compré este pequeño libro, tan hermoso que casi me hace llorar, la traductora es la misma de Bolaño. Compré 5 copias y le di uno a Lenny. Gracias por escribirlo”, le dice Patti a Nona, ya de vuelta entre el público.Se trata de un libro también político, sobre la dictadura, la persecución y el crimen político.

Ya casi al final del evento, aparece Lenny, de cabellera plateada tan larga como la de la cantante. Juntos entonan Wing. Los asistentes estallan en ovaciones. Entonces viene un verdadero lema como despedida, People have the power. Furor máximo, a Patti le lanzan una pañoleta roja con el quiltro matapacos y lo alza mientras canta: “Estaba soñando en mi sueño/ sobre algo luminoso y justo/ y mi dormir fue interrumpido/ pero el sueño permaneció cercano/ en la forma de brillantes valles/ donde el aire puro era reconocible/ y mis sentidos nuevamente se abrieron/ desperté con un grito:/ que el pueblo tenía el poder”. Pese a que ni la amplificación ni el sonido tienen nada del otro mundo, suena impecable. Patti y Lenny terminan de tocar y salen rápidamente mientras esta vez el público les dedica a ellos un himno tan en boca, tan sentido y tan tenido por verdad en estos últimos 30 días: El pueblo unido jamás será vencido!

 

 

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