Sonidos

[Ranking] Los 50 discos de la música popular chilena que definieron la década. 2010-2019

Por: El Desconcierto / Publicado: 31.12.2019
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Como regalo de fin de año, el equipo de Babel, el espacio de la cultura pop de El Desconcierto, realizó la elección de los 50 discos que pintaron el espíritu de la segunda década del siglo XXI en nuestra música popular.

Chile se encontró con el mundo desde temprano iniciada la década. El segundo tiempo del siglo XXI comenzó con un terremoto de magnitud 8.8 en la escala de Mercalli y el rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José en el año del bicentenario patrio. Se quebraron las confianzas con el mundo político y empresarial, y las instituciones estuvieron en tela de juicio de una ciudadanía que se volcó a las calles exigiendo cambios en materia educacional, medioambiental, en el sistema de pensiones, en las demandas históricas de los pueblos originarios y en la igualdad de género. Obtuvimos dos premios Oscar, dos Copas América y Lollapalooza cambiaba el paradigma de la industria de los festivales en la región.

También, nos condecoraron como paraíso del pop y muchos de los exponentes de la música chilena destacaron en series, películas, premiaciones y festivales internacionales de renombre. Acá las cosas avanzaron lento en términos de infraestructura. Lento, pero seguro. La descarga en mp3 superaba la compra de discos iniciando la década, sin embargo, para finales de ésta, el streaming dejaba atrás el hoy primitivo ejercicio de la descarga. El rock resistía mientras cedía espacio a la cumbia como fenómeno de masas, mientras el pop y la música urbana se alzaban como los estilos de mayor prestigio y atención en el segundo lustro de estos diez años. El monopolio de las bandas abrió paso a la hegemonía de los solistas, los estilos cruzaron sus fronteras estéticas de manera cada vez más desprejuiciada y democrática, y las mujeres tomaron el timón liderando gran parte de las listas de éxitos con excelente crítica a su haber.

Fue esta década loca la que nos inspiró a realizar este ranking, con el objetivo primordial de documentar la producción discográfica de estos diez años, pero sobre todo, celebrar a algunos de los artistas musicales más destacados de nuestro suelo nacional. Debemos ser honestos, también es un ejercicio que nos parece entretenido, por lo mismo la lista es variada, amplia y no quisimos concentrarnos solo en el rock o el pop –como suelen ser estas listas–, extendiendo la gama estética en el amplio sentido de nuestra música popular, con exponentes también de la cumbia, la balada y el rap. Hay grupos y solistas, algunos debutantes y otros consolidados, de sellos tradicionales a producciones independientes, artistas del mainstream y otros de la escena underground. También hay dolorosas ausencias, pero así es este juego.

La metodología fue mediante votación, asignando puntaje a una preselección de más de 100 discos que fueron revisados por nuestro equipo. Votaron y escribieron las reseñas Bárbara Alcántara, Gabriel Chacón, Bastián Fernández, Felipe Godoy, Cristofer Rodríguez y César Tudela. Prendamos fuego al cielo.

En el primer lustro de la década del 2010, el nombre indiscutido sobre el que la música nacional reposó fue Ana Tijoux, y Vengo es testimonio de ese, su mejor momento como compositora y letrista. Si los megarelatos del siglo XX oscilaban entre el capitalismo, el socialismo y un sinfín de terceras vías, los nuevos pilares civilizatorios sobre los que se comienza a escribir el siglo en que vivimos adscriben al feminismo, la moral sexual horizontal, el ecologismo, la migración y mestizaje cultural. El espíritu político de Vengo bebe de todas estas ideas, adelantándose al boom de la música urbana y dotándola de sustrato ético, conciente y poético, pero a la vez, llevándola al siguiente nivel gracias al componente análogo, con banda, bronces y DJ, juntos y revueltos. El resultado es una música quimérica, libertaria y confesionalmente proyectual, activadora de los conglomerados sociales llamados a hacer los cambios que necesitamos, levantando los himnos de aquellos movimientos con canciones poderosas e irresistibles, como ‘Antipatriarca’ o ‘Somos el sur’. El mejor de la década por goleada.

Instrumentación musculosa. Ese fue uno de los atributos que usó Billboard para posicionar a Norma como uno de los mejores discos latinos de la última década. Es que al detenerse en cada detalle del álbum grabado en cinta y a una toma en los emblemáticos Capitol Studios, y plagado de bronces y con Omar Rodríguez-López como productor, es inevitable no dejarse llevar por cada sonido, recordar películas antiguas de Carmen Miranda y asociar cada declaración de amor que Monserrat lanza, a lo que peyorativamente se le ha denominado “cebolla” y que ridículamente se le tacha como placer culpable. El mencionado sonido del que muchos se avergonzaron, tiene a la viñamarina como la mayor exponente del pop latino. Así nomás. ¿Cuáles son las razones por las que Norma es un disco tan defendible? Porque es arriesgado, femenino y trabajado. Laferte se inspiró en la cubana La Lupe y maridó dicho aprendizaje con pop, mambo y salsa. Si eso no es osado, entonces qué. A eso le sumó composiciones que hablan de sexo, del fin del amor, de pasiones clandestinas y, cómo no, de celos. Todo de manera honesta, feminista y audaz, dando vida a un producto de calidad, que destaca y se transforma en el disco definitivo de los ritmos latinos contemporáneos actuales.

Gepe es definitivamente uno de los cinco artistas que moldearon la música popular chilena de la década de los 2010 y este fue el disco que lo posicionó en ese sitial. El cuarto álbum de Daniel Riveros despertó su inquietud abriendo las fronteras de su estética pop intimista hacia ritmos más festivos, con base en la electrónica, el reggae y lo andino. Esta mezcla logró penetrar en la esquiva parrilla radial y le dio una alta rotación a singles como ‘En la naturaleza (4-3-2-1-0)’, ‘Bomba chaya’, ‘Fruta y té’ y ‘Bacán tu casa’, consolidándolo como uno de los principales nombres del pop nacional y del sello Quemasucabeza. Fueron tres años de una exitosa promoción que incluyó hitos tan numerosos como importantes: Festival del Huaso de Olmué, Lollapalooza y Vive Latino México en 2013, Festival de Viña del Mar de 2014 y su primer concierto en solitario en el icónico Teatro Caupolicán en octubre del mismo año. GP fue la consolidación del pop de autor de la década y el cancionero de los éxitos más recordados de su creador.Desde la hora cero, cuando se estrenó el single ‘Simetría’ para libre descarga en la página del sello Quemasucabeza, nos enterábamos de estar frente a algo grande, una canción con la anchura de otros clásicos inmortales del pop rock chileno, con un aplastante número de descargas que hicieron colapsar el sitio a horas de habilitarse. Esa muestra era el espíritu del álbum que encuentra al mejor Briceño de la década: lúcido, declamatorio y original, como el alumno más aventajado de Jorge González en la segunda década del milenio y una banda destinada a cumplir los presagios que se anunciaron en su nombre. Si Juventud Americana fue un debut que se instaló con una fuerza tal que hizo olvidarnos de Fother Muckers, Conducción fue la típica prueba a sortear del segundo disco, que puede hundir el éxito cosechado o confirmarlo. En este caso, lo reafirmó multiplicando su hinchada y dotando de nuevos clásicos a los melómanos del continente: ‘Simetría’, ‘Mi ejército’ y ‘Búscate un lugar para ensayar’. Cualquier grupo hubiese triunfado con esas canciones, pero no cualquier grupo hubiese podido crearlas. Conducción es el disco que hizo de Ases Falsos la banda de pop rock chilena de la década. Pese a heredar los delicados sonidos del indie pop y rock, Panal parece encarnar una fuerza incontrolable de la naturaleza. “Me aislé para dejar de escuchar las voces de afuera que habían etiquetado mi trabajo de maneras muy aburridas”, declaraba su autora hace algunos años. Lo cierto es que, después de un difícil y sesudo proceso de composición, Camila Moreno encontró en su segundo disco el estilo propio que marcaría tanto sus futuras composiciones, como su arrasadora puesta en escena. Como si Radiohead, PJ Harvey y Björk se hubieran encontrado en América Latina durante sus etapas más inquietas, Panal alterna entre percusiones tribales y pulsos clásicos del rock alternativo, guitarras acústicas, teclados y charangos que se unen ocasionalmente con escurridizos y burlones riffs de guitarra eléctrica y voces distorsionadas. Un vendaval creativo que pocas veces hemos visto en el rock chileno.“La vida, ¿cuándo fue de veras nuestra?”, reza un verso de Octavio Paz en pleno single ‘Premio de consuelo’, rememorando desde el principio del disco la temprana rebeldía de los años 50. Congreso, incluso en el albor de la celebración de sus cinco décadas, arremete desde su ya reconocida trinchera compositiva con mensajes comprometidos, actuales y urgentes. La fórmula es la misma que los ha hecho insignes: rock con espíritu latinoamericanista. Sin embargo, La canción que te debía se empapa de la frescura de los músicos chilenos contemporáneos de esta década y de la sabiduría de un trabajo que les tomó tres años. El disco número 15 en la carrera de Congreso es alto en cortes como ‘Canción por la paz’, ‘El rey Midas’, la mencionada ‘Premio de consuelo’, ‘Tiro de esquina’ y, sobre todo, ‘Fin del show’. El tándem González-Sazo presenta un viaje que no sólo transita entre estilos musicales, sino que también entre épocas, países y temáticas. Ser uno de los mejores discos de la década no sólo responde a una inmejorable coherencia, sino que también a la virtuosa capacidad de cartografiar la historia de nuestro pueblo en una cruzada siempre vigente e imprescindible.Si ya en Panal (2012) Camila Moreno tomó distancia de la composición trovadoresca, encauzándose en un viaje sonoro más bucólico, esa transición culminó en Mala madre. Con este disco, la inquieta compositora explora libremente los extasiantes túneles de la experimentación sonora, como si fuesen mantras o conjuros místicos. Mala madre tiene pasajes que siempre se van tensionando, entre dulces tintes pop y descarnados aires fantasmales, con un halo radioheadiano envolvente y lleno de texturas, que permea las once canciones del disco. Pero si ya su musicalidad muestra a una artista con sus antenas en alerta, en su concepto, Moreno refleja a plenitud el espíritu de nuestro tiempo. Femenino y feminista, pone en el centro a la mujer haciendo justicia social, visibilizando los conceptos y cosmovisiones de las “malas madres”: mujeres que se atrevieron a hacer las cosas “prohibidas e indebidas” en una sociedad patriarcal y que, por esa razón, han sido borradas de la historia. La conjunción de música y concepto la convirtieron en la gran ganadora de los premios Pulsar 2016, imponiéndose en tres categorías: Mejor Artista Pop, Canción del Año y Álbum del Año.Renegar del rock, mirar al pop. La reconversión de Alex desde los 2000 a la década siguiente fue más que musical y alcanzó dimensiones estéticas, discursivas y políticas. Estas últimas no entendidas en el ideario de Thomas Mann de que “todo es política”, sino desde una perspectiva que superó los márgenes de la creación artística y lo convirtió en activista de la causa gay, de los Derechos Humanos y de la explotación laboral. El disco es crónica del Chile que aguantó el letargo transicional, más o menos disidente, más o menos enajenado, pero víctima de un sistema sin remedio que se convirtió en la enfermedad. Por eso Amiga suena como un ser vivo automatizado que resiste por mantener a flote sus emociones en el abismo postindustrial, a medio andar entre lo orgánico y lo sintético, lo humano y lo robótico, que lo emparenta con el pop de protesta de Jorge González en Pateando Piedras y Corazones. Un disco que ganó todos los premios que mereció ganar, consolidó a Alex como la figura más relevante del pop de autor en un país que, años atrás, se hiciera un nombre como el paraíso del pop (por cliché que aquello terminó sonando) y nos regaló las inmortales ‘Siempre es viernes en mi corazón’ y ‘Cordillera’.Hoy, Acuario nos parece un álbum que abordó rasgos estéticos asimilados por el medio local, e incluso de gusto masivo. Sin embargo, en su momento, fue el primero en representar una reconversión estética mayor dentro de la generación de cantautores surgidos en la segunda mitad de la década anterior, y en el mejor momento de la carrera del artista. Desde una perspectiva superficial, la decisión de García de independizar su obra del patrimonio que ejercían las guitarras acústicas para conceder el cetro a cajas rítmicas, sintetizadores y computadoras, fue sorprendente y arriesgada. Pero puesto en contexto, la determinación responde a inquietudes artísticas que el compositor venía mostrando desde sus inicios como solista, calibrando progresivamente su obra hacia la preponderancia del ritmo sobre la melodía, pero manteniendo la melodía en el centro. Un álbum electroacústico y de temática imaginativa –dedicada a Ray Bradbury–, que con Marcelo Aldunate como productor y los hermanos Durán de Los Bunkers como compositores y músicos invitados, obtuvo un equilibrio milimétrico entre el rock y el pop autoral. A ratos, recuerda al Cerati de Bocanada, como en las canciones ‘Caprica’, ‘Un rey y un diez’ y el hit homónimo, ‘Acuario’.Una cuidadosa producción, estribillos recordables, un complejo entramado sonoro, una poesía certera y conectada, o quizás la vieja y necesaria capacidad de construir buenas canciones. El vuelo del Pillán cuenta con múltiples factores para ser considerado, ampliamente, como el disco de rock chileno de la década. Si en Porvenir (2009) la herencia innegable de Los Jaivas estaba muy presente, en este segundo disco, Kuervos del Sur emprende vuelo hacia una estética de rock progresivo con un fuerte arraigo en el sonido de raíz folclórica y chilena, pero que se reconoce evidentemente singular desde su primera canción, ‘Los cometas’. También destacan canciones versátiles como ‘El árbol del desierto’ y ‘Enredadera’. Gracias a este disco, fueron reconocidos en los premios Pulsar como Mejor Artista de Rock y Mejor Arte para un Disco, otorgándoles la entrada a grandes festivales como Stgo. Rock City, la Cumbre del Rock Chileno y Lollapalooza, como también a la realización de su primer gran concierto en el Teatro Teletón.‘Rosa’ es un ejemplo de prudencia. No por su contenido o sonoridades, sino porque se trata de una preparación macerada. La compositora de 23 años podría haberlo publicado mucho antes, sin embargo, su creación bañada en pop dulce, bien elaborado y adolescente, fue masticada hasta que tuvo la convicción de que su producto estaba listo para salir del horno. Y, además de eso, listo para ser saboreado y digerido. Cami tiene la cualidad de entregar un disco endulzado, pero no por eso con poco carácter. Aquí hay una hembra de la que se puede esperar mucho en el futuro.

Un fenómeno masivo, radial y de ventas, con un trabajo de promoción que se extendió por tres años y colgó al menos siete singles en los primeros puestos de las listas (“Tú me haces falta” y “Miénteme una vez”, entre ellos). Todo, sin apoyo de sellos multinacionales, sin apariciones en los festivales televisivos y sin el mecenazgo de quienes mueven los hilos de la industria. La fórmula de Los Vásquez fue tocar y recorrer el Chile profundo, conectando con el sentir cebolla tan propio de la nación popular y enarbolado como emblema de chilenidad trasversal, con buenas canciones, bien grabadas, arregladas y producidas, y una que otra picardía y mensaje político en medio de guarachas, baladas y rancheras.

Vestida con tacones, chaqueta de cuero y mucha, pero mucha actitud, Fran Valenzuela salió a escena a principio de la década. Buen soldado es una declaración de principios en clave pop, que con el pasar de los años se ha vuelto una de las obras fundamentales de la música pop nacional por sus letras feministas y las ganas tenaces de comerse el mundo. Sin este álbum, todo el pop femenino hubiera sido muy distinto. De alguna forma, esta fue la llave que abrió un caudal con una corriente incesante de nuevos talentos y dejó en claro que esta década fue de las mujeres en la música.

La híbrida propuesta de La Brígida Orquesta, que mezcla lo pulcro y análogo de una big band con la calle y los valores marginales del rap, fue una luz resplandeciente en la cosecha de discos de 2018. Si bien lo que se escucha en Corte elegante puede linkearse con facilidad con los nuevos rumbos que el rap californiano ha desarrollado al hacerlo dialogar con el jazz (con Kendric Lamar, Flying Lotus o Anderson .Paak como referentes), lo de la banda del experimentado pianista Gabo Paillao –como director de orquesta– en complicidad con el emcí Matiah Chinaski adquiere una identidad novedosa al manipular las escalas jazzeras para convertirlas en una colección de beats hechos de sueños, calle, poesía, elegancia y locura, expandiendo los límites de lo que los entendidos llaman música fusión. Algo elegante pero piante.

Desde una habitación en Berlín a tus oídos. Libro es una obra lúcida e íntima, en la que el héroe Jorge González recurre a la guitarra acústica para expulsar sus penas. ‘Ámate’, ‘Es muy tarde’, ‘Nunca te haría daño’ y ‘Fran’ son canciones en las que se expone de manera explícita y muestra ese mundo interior que tanto ha protegido, casi como si fuera un negativo del ya clásico Corazones (1990). Un disco cuyas letras adquieren otros matices luego de su accidente cardiovascular.

El dotado sentido de la melodía y el ritmo que ostenta Pedropiedra alcanza su clímax en Emanuel, un álbum entendido como el epílogo de una trilogía compuesta por sus primeros discos. Construido colaborativamente con el apoyo de gente como Gepe y Álvaro Díaz (de 31 Minutos), este disco es una máquina de canciones atrapantes basadas en “la inagotable fórmula que es la canción de tres minutos”, donde casi cualquiera podría haber sido un single.

En su quinto LP, Pierattini y Da Venezia dibujaron un desesperanzador retrato del Chile de la transición que, a esas alturas, aún no despertaba. Bajo la excelente producción de Paco Ayala de Molotov, Mundo hostil propone un pulcro rock pesado que se entrelaza con momentos de triste calma y de aguerrida épica, imprimiendo la postal precisa para mostrar al resto de Latinoamérica cómo suena el hard rock hecho en Chile.

Tras el éxito de Música libre, la banda penquista tenía la difícil misión de superar su obra consagratoria. Y vaya de qué manera lo hizo. Los Bunkers, antes de su receso, respondió con un álbum de singles masivos como ‘Bailando solo’ y ‘Si estás pensando mal de mí’, las que sirvieron para mantenerlos sonando con fuerza en las radios y, en perspectiva, los acercó a una nueva generación de seguidores más jóvenes. Sin embargo, el disco esconde verdaderas joyas, como ‘Desperdíciame’ y ‘La velocidad de la luz’, canciones memorables que destacan por su trabajo compositivo fuera del canon efectista y pop. Un experimento correcto aún subvalorado por muchos.

Considerando el tipo de canción que venía proponiendo Electrodomésticos en sus últimos álbumes –más cercana al formato tradicional de la canción de rock– era difícil ver venir una obra tan inquieta y orgánica como Ex la humanidad. Los sintetizadores y las bases programadas vuelven a adquirir el protagonismo de antaño, dando forma a un cinematográfico relato que se vuelve adictivo entre tanto recoveco sonoro. Carlos Cabezas en estado creativo de gracia.

Si Como Asesinar a Felipes tuvieran base en Inglaterra, la prensa especializada de todo el mundo estaría rendida a sus pies tras la publicación de este disco, el más reciente en su carrera de ya más de una década. Acá, llevan al máximo su estilo experimental y callejero, pero cuidadosamente matemático y de paisajes cinematográficos, con una capa menos densa y hasta más pop. En media hora, la banda no solo sorprende por la fineza de sus composiciones, sino que demuestra sus inquietudes y el hambre voraz por la evolución de su sonido único, porque nadie suena como CAF. ‘Días oscuros’, con la colaboración de Camila Moreno y Raimundo Santander, debe ser de las mejores canciones hechas en Chile en el último tiempo.

La nueva formación de la banda a partir de 2012 trajo consigo el nuevo sonido que Matorral comenzó a mostrar a partir de Remoto control (2013). La experimentación que logró el cuarteto se manifestó en constantes desafíos sonoros, desde lo rítmico hasta lo melódico. Lo curioso es la capacidad de transformar lo anterior en canciones de apariencia sencilla y con un cargado espíritu pop vanguardista. En Remoto control nada es obvio y el sonido es tan exquisito como su constante provocación. Destacan canciones como ‘La palabra’, ‘Buitres’ y ‘Nada fácil’.

El tercer disco de Javiera Mena marca un quiebre con el intimismo pop de sus predecesores. Acá se escucha pura exuberancia discotequera: le sube el volumen y remarca los beats de ese electropop que ha hecho bailar a miles de jóvenes en toda la región hispanoparlante. Inspirado en temáticas tan improbables como Game of Thrones y la matemática, Otra era es sexual, atrevido y censurable, incómodo e incomprensible para los padres, pero un espacio de identificación para los jóvenes de esta década.

Los caminos que ha recorrido Fernando Milagros para encontrar su sonido son diversos. En la búsqueda por ganar confianza y seguridad en su discografía, ha visitado distintos estilos, convirtiéndolo en una especie de paria dentro de la escena nacional: demasiado eléctrico para el folk, demasiada instrumentalidad para el pop, demasiada quietud para el rock. Pero es en este disco donde, finalmente, encontró un lenguaje sonoro unificador y popular. “Todo lo que soy, lo he aprendido en el camino”, canta en ‘Todo lo que sé’, y es una sentencia precisa. Milagros es un disco que entra en comunión con la influencia de la música latinoamericana y sus propias inquietudes compositivas, confluyendo en un sonido único, destellante y cercano.

Este disco podría considerarse una de las semillas de todo el movimiento de cumbia a lo largo de la década, y el salto definitivo de Chico Trujillo en la música tropical chilena. Se sabe que la banda de Aldo Macha Asenjo sacó la cumbia de la marginalidad y la llevó al mainstream, sonando en cada rincón del país y haciendo bailar a todos mediante la re-versión de varios clásicos de la cumbia, pero en este álbum se arriesgan con varias canciones propias, llegando a anotar otro clásico de su autoría en el repertorio festivo de la nación: ‘Gran pecador’. Suman, además el bolero ‘Fuera de mi vida’, siguiendo el espíritu de la tradición guachaca, costumbre que luego el Macha tomará con fuerza en su proyecto paralelo El Bloque Depresivo, de gran recepción mediática.

2014 fue el año que Pierattini no sólo se reencontró con sus compañeros de Weichafe después de su separación de cinco años, sino que también lanzó Baila dios, un disco que revisa ágil y eficazmente gran parte del sonido del rock del nuevo siglo. En este quinto álbum solista, las influencias contemporáneas de Arctic Monkeys y The Strokes se mezclan con el emotivo y característico rock de tripa y corazón de Pierattini. Baila dios además cuenta con la notable participación de Alain Johannes en ‘Ella y yo’, un single inscrito como una de las canciones rock de la década.

En el papel y con resultado ya en mano, que Los Bunkers hayan hecho un álbum de versiones de Silvio Rodríguez suena bastante lógico. Pero lograr el excelente disco conseguido no debe ser pasado por alto. Desde el inicio lleno de psicodelia Beatle en ‘Sueño con serpientes’, hasta el pop rock épico de ‘La era está pariendo un corazón’, la elección y reestructura de cada tema son una señal inequívoca del peak performativo que vivían los penquistas en esos años.

Tuvieron que pasar diez años para que Monserrat Bustamante doblegara su destino y se consolidara como la reina del pop nacional. Diez años de arduo trabajo fuera de la patria, en México, donde cantó en las calles y bares, estuvo en una banda de metal y editó un disco de rock alternativo. Todas esas vicisitudes la forjaron y la prepararon para componer este disco que desde el track 1, el trasnochado y épico bolero ‘Tormento’, deja boquiabierto a quien lo escuche. Decenas de videos de youtubers de distintas nacionalidades analizando la performance de la viñamarina lo demuestran. Un disco trampolín hacia la popularidad y la libertad para trabajar su música, que no para de crecer y sorprender. El coro masivo de las canciones de este disco en su presentación en el festival de Viña del 2017 sigue siendo su mejor defensa y argumento.

A rey muerto, rey puesto. Así se podría resumir la transición de Fother Muckers a Ases Falsos. Juventud Americana, es en gran parte un relato de la visión de su incansable compositor, Cristóbal Briceño, sobre la sociedad de ese entonces, hablando de migración, de la policía, del amor y las clases sociales. Canciones como ‘Pacífico’, ‘Fuerza especial’, ‘Estudiar y trabajar’ y ‘La sinceridad del cosmos’ parecen ser una oda a la vida cotidiana, con las que Briceño logra de forma definitiva destacar como letrista. El sonido pop rock impuesto en esta obra termina siendo clave para que los medios comenzaran a tomar en cuenta la nueva camada de bandas nacionales de la época, que tenían a la guitarra como elemento central.

En un país que lleva más de 70 días movilizado exigiendo justicia social, la discografía de Tenemos Explosivos parece premonitoria y la banda sonora perfecta para canalizar el descontento de toda la sociedad chilena. Cuando apareció este, su segundo álbum, su filoso post hardcore cautivó ipso facto a los amantes de los sonidos más pesados del rock, pero fueron sus letras las que le dan la real potencia a sus canciones. El dramaturgo Eduardo Pavez, letrista y vocalista, construye textos con alma que son tan profundos como certeros, los que interpreta entre gritos y aullidos como un verdadero declamador político. ‘Regreso a casa’, ‘El ciervo de Santa margarita’, ‘Monte Estepar’, ‘Santos en Lisboa’, ‘Uroboros’ son canciones en las que no hay estribillos y la música avanza con una brutalidad sin parangón, pero que son las más fieles sucesoras del espíritu del movimiento musical nacional más imperecedero que hemos tenido: la Nueva Canción Chilena.

La cumbia casera de Santaferia encabezó el segundo oleaje de la Nueva Cumbia Chilena, iniciado en la década anterior por Chico Trujillo y Juanafé, entre otros. Hacia el 2017, el combo tropical capitalino ya sumaba dos exitosos discos y un masivo concierto en el Movistar Arena, caracterizado por un público cómplice que emula las barras de fútbol. En el ojo del huracán, marcó una pronta consolidación de Santaferia, con éxitos como ‘El gil de tu ex’, ‘Tirado en la playa’ y ‘Si te marchas’ (con la sorpresiva participación de Roberto Márquez de illapu), con un sonido caracterizado principalmente por una mayor presencia de sonidos electrónicos y la integración activa del folclore. Cierra este experimento la característica base de cumbia villera y el carisma indiscutido de su líder y cantante, Alonso Pollo González.

Inmersos en el comentado “paraíso del pop chileno”, Dënver logró su reconocimiento al despegar la década con un disco de pop artesanal, luminoso y bailable. Música, gramática y gimnasia es la segunda entrega del dúo, el cual despuntó rápidamente canciones como ‘Lo que quieras’, ‘Los adolescentes’ y ‘Diane Keaton’. Si bien contó con el apoyo de los medios tradicionales como la radio y la televisión, su principal difusión fue canalizar su trabajo en pleno destape de las redes sociales en el país. Este repentino éxito les permitió llegar a un público joven, lo cual se capitalizó ampliamente con su fichaje para la primera edición de Lollapalooza Chile en 2011.

Mucho más cercana a las posibilidades de la tecnología y la electrónica que al impulso punk de sus inicios en Miss Garrison, Fran Straube se reinventa bajo el seudónimo de Rubio y comienza una carrera solista donde la ambientación binaria y la experimentación en la producción se convirtieron en su método compositivo. Así se construyó Pez –su debut solista–, un disco de pop oscuro donde el acento rítmico entre las percusiones y el beat son el corazón de cada una de las canciones, trabajadas por capas sonoras llenas de colores y que no abandonan esa red orgánica que entrega cada instrumento (batería, teclados y violín). Las voces también son clave, con Straube explorando muchos registros vocales, humanizando esta música hecha entre botoneras y bytes. Un viaje onírico hacia el universo expansivo, místico y, sobre todo, auténtico.

El proyecto que marcó la segunda y definitiva reunión de la banda. Con un trabajo de producción repartido entre Nueva York y Santiago, Se caiga el cielo consolidó el sonido de Electrodomésticos del nuevo siglo. El pop oscuro, industrial y vanguardista de Cabezas se plasma en una experimentación constante en canciones como ‘Corazón’, ‘Fe de carbón’ o ‘Se caiga el cielo’, e incluso en un single tan inocente como ‘Detrás del alma’. El disco fue presentado en un icónico concierto en el Teatro Municipal de Santiago, reabriendo este espacio para la música popular que muy pronto fue ocupado por Jorge González y Américo.

La década que se acaba encontró a BBS Paranoicos cruzando la barrera del hardcore punk y abriéndose hacia un público más masivo. Y, justamente en este disco producido por Bill Stevenson -líder de Descendents-, y grabado en Estados Unidos, la banda consolida esta búsqueda con himnos de estadio como ‘Sanatorio’, ‘Insomnio’ y ‘No lo veo como tú’. El resultado es un apasionante relato de 35 minutos en el cual no hay puntos bajos. Con Delusional, BBS Paranoicos fueron escogidos como Mejor Artista Rock en los Premios Pulsar 2019.

“Yo siento que tenía un pie en el hip-hop y otro en los movimientos sociales”. Portavoz, una de las voces fundamentales del rap en Chile del nuevo milenio, lanza en 2012 Escribo rap con R de revolución, su debut solista y el corolario de su primera década de carrera caracterizada por presentaciones callejeras y por catalizar las necesidades de su población en Conchalí. No es casualidad que dos de las canciones de este disco (‘Escribo rap con R de revolución’ y ‘El otro Chile’) se hayan colado entre las 100 canciones más escuchadas en Spotify Chile tras el movimiento social de octubre de 2019.

En pocos años, CAF se las había arreglado para destacar en el circuito capitalino con su interesante propuesta donde fusionó el rap con el jazz. No obstante, una gira al sur escuchando rock progresivo en la camioneta, y el vínculo con el otrora bajista de Faith no More, Billy Gould –de ahí en más, mentor y promotor internacional del grupo–, dieron forma al disco bisagra de su carrera. Comenzará de nuevo fue el eslabón fundacional para convertirse en la banda esencial de la vanguardia chilena de la década.

La ausencia de un padre marca vidas, o al menos ese fue el caso de Fernando Milagros que, ya siendo adulto, comenzó a cuestionarse y revisar su pasado. Lo que pasó con él en ese ejercicio de memoria, nostalgia e identidad lo materializó en San Sebastián, un álbum íntimo, a veces oscuro, cantado con una voz rabiosa y mucha pena, como lo demuestra en ‘Nahual’ –que contó con la colaboración de la española Christina Rosenvinge– y ‘Abuelo’. Bajo la producción de Cristián Heyne, Milagros construye canciones con estética indie rock que llevan a un siguiente nivel lo realizado en sus discos anteriores, en algo que llamó “folk de ciencia ficción”.

Si hay un músico que creció exponencialmente durante esta década, ese es Alex Anwandter. Desde esta, su primera obra en solitario, dejó en claro que lo suyo es el pop bailable. Con canciones como ‘Tatuaje’, ‘Cómo puedes vivir contigo mismo’, ‘Tormenta’ y ‘Rebeldes’, el también productor se metió directo en las radios, playlists y, como consecuencia directa de aquello, en las cabezas de un público que crecía exponencialmente gracias a sus contagiosos estribillos. Pero, además de melodías pegadizas hechas para la pista de baile, entregó un mensaje claro: su música es abiertamente gay, hecho que le valió convertirse en uno de los referentes culturales del movimiento LGTBI+.

Como ha dicho en más de una entrevista, Denise Rosenthal fue víctima de prejuicios y debió esforzarse hasta el triple para validarse en el hostil medio nacional. Pero si luego de Cambio de piel aún persisten esas dudas sobre su calidad como autora y cantante, estas no pueden estar más alejadas de la realidad. Además de arreglos y ejecuciones impecables que caminan entre el pop, el soul y la música urbana, las canciones dan cuenta de una compositora efectiva, algunas muy profundas vinculadas al movimiento feminista y otras más íntimas como manifiesto de una artista que crece. Muestra de ellos son ‘Cambio de piel’ y ‘Lucha en equilibrio’, de los mejores singles de pop del milenio.

Cuando en 2008 Américo dio su golpe certero con los discos Así es y A morir, las puertas de la música tropical se le volvieron abrir de par en par. El ariqueño capitalizó lo conseguido por sus contagiosas canciones y por el fenómeno que se creo en torno a su figura tras la presentación en el Festival de Viña en febrero del 2010, donde consiguió dos gaviotas de Plata. Así, con la edición de este disco, consiguió doble platino y un nuevo hit imperecedero en su cancionero: ‘Adios amor’. Las 12 canciones de Yo soy continuaron en la senda de una cumbia perfectamente producida y un estilo pensado para conquistar los mercados internacionales, teniendo la influencia de las orquestaciones de Marc Anthony y Luis Miguel como principales referentes.

Defendiendo el tradicional rock de guitarras gruesas y baterías fuertes, Violenta fortuna destacó con holgura en el último trecho de la década. Para contribuir a su ensamblaje, Alectrofobia trajo de vuelta nada menos que a Mario Breuer –el legendario productor argentino–, a más de 20 años de su fructífera incursión en nuestro país junto a Lucybell y Los Tres. Un álbum generoso en buenos estribillos y certero en su canto de protesta ante el Chile de los postergados.

El hálito nostálgico y melancólico de Nonato Coo –bautizado como la emblemática calle de Puente Alto– puede parecer un lugar común a estas alturas. Pero la banda emblema del efímero sello Piloto logra que estas características fluyan con naturalidad y nos hagan enorgullecernos, una vez más, de la marca registrada del pop rock cultivado en Chile. “Este premio es el único que se va a ir en la 210 pa’ La Florida”, dijeron al recibir el premio Pulsar 2016 en la categoría Artista Revelación.

La motivación del músico nacional por crear álbumes de pop político despertó hace algunos años, cuando dio vida al fabuloso Amiga (2016). En esta ocasión, a nivel de contenido, se centró en lo que sucedía en Latinoamérica previo al estallido social, siendo nada menos que Jair Bolsonaro y la situación de Brasil una de sus inspiraciones para componer. La ideología del conservador presidente brasileño lo sacudió al punto de estimularlo a escribir las canciones ‘Malinche’ y ‘Latinoamericana’. Los sonidos del cuarto disco en solitario del ex Teleradio Donoso se mantuvieron ligados a los teclados y sintetizadores, pero además incorporó bronces que le dieron un toque tropical a un trabajo que, si bien no supera a su antecesor, ‘Amiga’, mantiene esa esencia bailable y contestataria que lo caracteriza.

Una bofetada porteña. Así se siente Paraíso, disco con el que Adelaida se adjudicó un premio Pulsar a Mejor Álbum Rock en 2018.  Su sonido crudo, que está fuertemente influenciado por el rock alternativo de los 90 (grunge, noise, rock, shoegaze), es fresco, descontrolado y deja percibir un viaje sonoro intenso y de atmósferas coloridas, como si fuese una agitada tarde de bohemia en Valparaíso. Las distorsionadas guitarras de Jurel Sónico, las hipnóticas líneas de bajo de Naty Lane y los potentes beats de Lele, hacen de este disco una experiencia sencillamente espectacular.

Tras la edición de sus eclécticos dos primeros álbumes –Gepinto (2005) y Hungría (2007)-, la propuesta de Gepe como compositor se volcó hacia una sonoridad más pop y menos experimental, aunque manteniendo su herencia folclórica (la de sus días en Taller Dejao). Con un aura de minimalismo mágico, la principal característica de Audiovisión es que deconstruye el prototipo de canción indie hacia un pop orgánico que coquetea desde la electrónica (‘Salón nacional de tecnologías’) al folclore nortino (‘Alfabeto’), espíritu que crecerá con una fuerza imparable en sus discos posteriores, pero que encuentran en este tercer trabajo solista del sanmiguelino, su origen como diseñador de canciones.

A inicios de la década, la rima de Tijoux se volvió eficaz, veloz y letal, como una bala. Con este disco -nominado al Grammy Latino-, la MC comienza a encontrar su estilo dentro del género urbano, más moderno y con unos beats que marcan un pulso insobornable, transformando al disco en una joya de principio a fin. Canciones de alta factura como ‘La bala’, ‘Shock’, ‘Sacar la voz’ y ‘Desclasificado’, están impregnadas de una fuerte crítica sociopolítica, en un año marcado por el movimiento estudiantil y que para la artista fue “una reflexión con el mundo”. Una obra que traza el camino al gran salto que dio con Vengo, el material de estudio más aplaudido que ha firmado hasta la fecha.

El primer álbum tras su consolidación como una de las figuras clave de la región. Toda la ansiedad que había demostrado a través de su carrera es canalizada en estas 11 canciones, equilibrando el fuego inquieto de su obra con una identidad definitiva de cantante bohemia, pasional, feminista y latinoamericana. Es lo que llamamos el álbum de la madurez. Líneas melódicas que se sostienen en silbidos sencillos, con arreglos musicales impecables, invitados como Juanes, Manuel García y Enrique Bunbury, letras honestas y estructuras que levantan la importancia de la canción como formato imperecedero. ‘Amárrame’ y ‘Mi buen amor’ son un buen ejemplo de aquello.

Tras los escándalos que remecieron a la denominada generación del “pop de guitarras” y el fin del sello Piloto, Niños del Cerro publicó su obra maestra. Lance es la mezcla perfecta entre Los Jaivas y el Animal Collective más salvaje; entre el reconocimiento de sus raíces musicales y los sonidos de su tiempo. Un álbum sonoramente versátil, lleno de guitarras atmosféricas, entretenidas baterías y la desgarradora pero dulce voz de Simón Campusano. Niños del Cerro, de alguna forma, sigue musicalizando el paisaje urbano periférico del suroriente de la capital con este trabajo, confirmando que el éxito de su primer disco, Nonato Coo (2015), no fue mera casualidad y que su futuro perfectamente puede ser el estar dentro de las bandas de culto más relevantes de su generación.

De todos los grupos de la primera generación de la Nueva Cumbia Chilena, JuanaFé fue quien mejor encarnó la sonoridad rockera del estilo, resonancia plasmada sobre todo en La makinita. Un álbum de identidad mestiza, por donde pasaron una cantidad enorme de invitados (Mauricio Redolés y GuerrillerOkulto, entre ellos), que hacen imposible no percibirlo como una experiencia comunitaria y una gozadera de ritmos como la cumbia, el punk, el rap, el reggae y el folk. Un disco de esencia crítica y libertaria, con canciones como la tierna ‘Chiquitita’ y la arenga combativa ‘La bala’.

Luego de años presentándose semanalmente en La Jaula Dorada –el cumbiódromo del desaparecido Pueblito del Parque O’Higgins–, Noche de Brujas comenzaría a ver el éxito masivo en esta década gracias a Me gusta todo de ti. Siempre con la cumbia romántica como eje central de su propuesta y un cantante carismático como Héctor Kanela Muñoz, de ahí en más vendrían solo éxitos, incluyendo su segunda participación este 2020 como una de las cartas fuertes del Festival de Viña del Mar.

A continuación, la playlist con los 50 seleccionados por el equipo de Babel.

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