Escena

Teatro en tiempos de crisis 2: Matiné con un remake de Ibsen

Por: Rodrigo Hidalgo, escritor y periodista / Publicado: 22.11.2019
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En esta versión de Casa de muñecas la adaptación dramatúrgica del texto no es tan importante. Lo central o lo que llama la atención en este montaje del Colectivo Zoológico, es la propuesta de performance fílmica, el uso del recurso audiovisual, las cámaras. Eso es lo que hace a la obra una experiencia novedosa antes que estética. Sin duda, un lenguaje interesante que es fruto de la investigación y de la residencia que el grupo obtuvo por el Fondart en el Watermill Center de Nueva York.

El sábado 16 de noviembre fui a Matucana 100 en un horario poco habitual para ver una obra de teatro: una función de matiné a las 12 del día. La obra fue Casa de muñecas, el clásico de Ibsen, que se presenta adaptado por el Colectivo Zoológico a su lenguaje de cine en vivo.

Hace un mes exactamente, cuando estaba estallando todo en mil pedazos, fui a ver una versión de Ana Karenina. Y no puedo evitar recordarlo porque en la literatura universal hay una coincidencia entre los personajes femeninos de Ibsen y de Tolstoi. Y aún hay una tercera heroína que sería Emma Bovary, de Flaubert. Las tres padecen o denuncian la imposibilidad de ser felices dentro del matrimonio, el machismo, la postergación, el vacío de sus vidas, y optan por una liberación que las lleva a romper con sus familias, se entregan a la pasión, a la infidelidad, enfrentan valientemente a la sociedad y sobreviene el suicidio o la fuga, el exilio.

Pero en esta versión de Casa de muñecas la adaptación dramatúrgica del texto no es tan importante. Nora manipula –o intenta hacerlo– a los tres hombres que orbitan a su alrededor: su marido Torvald, su amigo íntimo Rank (que vive con ellos temporalmente porque se está separando), y Krogstad, un empleado de Torvald que extorsiona a Nora para no ser despedido. La dinámica de las relaciones de poder corrompe y pervierte a todos los personajes, todos quieren un poco lo mismo, el ascenso social, la consolidación de un estatus burgués reconocido y del cual ostentar. Personajes egoístas y dolorosamente solitarios. Todos tienen tejado de vidrio.

Lo central o lo que llama la atención en este montaje del Colectivo Zoológico, es la propuesta de performance fílmica, el uso del recurso audiovisual, las cámaras. Eso es lo que hace a la obra una experiencia novedosa antes que estética, porque lo que se entiende como una “experiencia estética” es algo que roza lo sublime, esas obras que ponen los pelos de punta o nos hacen llorar, y acá es el recurso o la herramienta lo que nos asombra logrando el reconocimiento y aplauso. Hay sin duda un lenguaje interesante que es fruto de la investigación y de la residencia que el grupo obtuvo por el Fondart en el Watermill Center de Nueva York.

Dado lo anterior, las actuaciones, es decir el trabajo de los intérpretes, cobra una relevancia fundamental, y ahí quizá un ojo crítico más atrevido podría indicar aspectos que dejan la sensación de algo que quizá falta resolver. Aunque es complejo, porque hablamos de un tipo de actuación que está a medio camino entre la impostación del teatro y el llamémosle naturalismo del cine. A ratos parecen demasiado gritones los personajes para estar en un filme, o acaso un desnudo en vivo parezca gratuito al inicio de la pieza. Quiero decir que el ojo del espectador debe acostumbrarse a ese doble frente y fondo que se nos propone, vemos a la actriz delante nuestro en escena pero vemos también sus gestos faciales amplificados por el lente, multiplicados por espejos además de las dos cámaras. 

Debe ser muy difícil actuar así, ante la cámara pero al mismo tiempo ante los espectadores. Un desdoblamiento al cuadrado. Mérito que se complementa aquí con el del “director de fotografía” o de quien compone y estructura los ángulos, diseña el flujo del lente, coloca los espejos, marca la posición de las luces. Todo eso está muy bien logrado. Hay una auténtica coreografía que desarrollan los actores en escena, pasándose la cámara entre ellos sin que deje de proyectarse, sin que se pierda el hilo, es una de las joyitas de la ingeniería que hay detrás. Un trabajo de relojería a la vista. 

También cobra relevancia, por el uso de la cámara, el recurso técnico conocido como utilería. Los objetos que adornan la casa de Nora son el aire, son esenciales para construir la atmósfera psicológica de esta “casa de muñecas” en que vive la protagonista. Es una información que entra como imagen poética, contrarrestando la arrebatadora e inestable gestualidad y el veleidoso comportamiento de Nora.

Mención aparte merece el trabajo de Matucana 100 en la coproducción del montaje, que lo inscribe en una modalidad de pago y acceso acorde a los tiempos de crisis. No solo por el horario en que se presenta, sino porque el valor de las entradas es voluntario, siendo posible retirar entradas gratuitas, o comprar tickets por $2, $4 o $6 mil pesos (pago online). Eso, junto a las declaraciones que hace la compañía al inicio y al final de la función (proyectando textos), funciona como puentes entre la realidad y la ficción, entre la situación que como país estamos viviendo y ese viaje mental o imaginativo que se nos propone a la casa de Nora.

En los créditos, huelga mencionar que esta Casa de muñecas fue adaptada por Juan Pablo Troncoso bajo la dirección de Laurène Lemaitre y Nicolás Espinoza. Quedan pocas funciones, apenas hasta este fin de semana, el sábado 23 y el domingo 24 de noviembre, a las 12:30 y a las 17:00 hrs. Vale la pena el acercamiento a un clásico de la literatura universal, vuelto una experiencia contemporánea. 

FICHA ARTÍSTICA
Dramaturgia: Henrik Ibsen
Adaptación: Juan Pablo Troncoso
Dirección: Laurène Lemaitre y Nicolás Espinoza

Elenco: Nicole Waak, Juan Pablo Troncoso, José Manuel Aguirre, German Pinilla
Diseño multimedia: Pablo Mois 
Diseño integral: Laurène Lemaitre
Realización escenográfica: Amorescénico

Sonido: Diego Betancourt

Foto afiche: Ültraestudio

Producción: Paula Pavez y Nidia Vargas
Prensa: Claudia Palominos

Compañía: Colectivo Zoológico

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